El rosal de Seisdedos. Por Antonio Ramos Espejo




Con motivo del homenaje que le hicimos a María y Catalina Silva Cruz este agosto pasado Antonio Ramos Espejo me mando dos artículos. Los publico en mi blog: 
En la campaña electoral de las elecciones del 20N, El País enfrenta dos realidades: la de Benalup, “capital del paro”, de 7.200 habitantes, con una cuota de desempleo de casi el 40%, la más alta de la provincia de Cádiz; y la de Oñati (Guipúzcoa), el municipio vasco, con más de diez mil habitantes, que solo tiene 315 parados gracias a las cooperativas y a la educación.

Al ver esta situación en la que viven los habitantes de Benalup, se me han encendido las luces de la memoria. Más conocido como Casas Viejas, la llamada “aldea del crimen” por Ramón J. Sénder, es el pueblo que sufrió la más grave represión de la República (1933), al ser incendiada la choza donde mueren Curro Cruz, y su familia, con la excepción de dos de sus nietos que logran escapar: María Silva, la Libertaria, y Manuel García Franca.



Blas Infante visitó Benalup unos días después. Pudo comprobar la huella del crimen. Del corralito de Seisdedos, Infante recogió el tocón de un rosal, que pudo rescatar y plantar en el jardín de su casa de Villa Alegría, en Coria del Río (Sevilla). El Dr. Pedro Vallina, médico y revolucionario anarquista, le dedicó a su amigo Infante ‘El rosal de Seisdedos’: “… En una esplendorosa mañana de primavera, en la que la naturaleza renacía en un ambiente de luz y pájaros, al toque del alba dado por las campanas de la torre morisca, cambió el rosal sus capullos por unas hermosas flores, no rojas, como se esperaba, sino blancas como el color de la nieve y el armiño”.



Aquel rosal de rosas blancas se perdió con el tiempo. Juan Pérez Silva (bisnieto de Curro Cruz, e hijo de María Silva y Miguel Pérez Cordón, ambos muertos durante la guerra civil), hacía años que me había expresado su deseo de reponer aquel rosal de su bisabuelo en el jardín de Blas Infante. Juan, aficionado a la jardinería, salió un día de su casa en San José del Valle (Cádiz). Traía un rosal de rosas blancas. Este hombre, que ha dedicado su vida a buscar el paradero de su madre, fusilada, al parecer cerca de la laguna de la Janda, se encontró en Villa Alegría con María de los Ángeles Infante.
Y allí, con Carmen Mejías (directora del Centro de Estudios Andaluces) de testigo, quedó sellado el encuentro entre María y Juan, representantes de estas dos históricas familias.
(Este  texto corresponde al epílogo de Andalucía de vuelta y media, de Antonio Ramos Espejo, Centro Andaluz del Libro, 2011).


Esta anécdota del rosal es muy conocida, hasta la han utilizado para resucitar un sorprendente independentismo andaluz, quizás menos conocido es que con quien contacto fue con el maestro Pini, Salvador Barberán Romero, el hijo de Antonio Barberán Castellet que había sido asesinado. Y que poco después en un mitín que dio en Sevilla Blas Infante se quejó de que los propietarios hicieran una iglesia tan faraónica como la que estaban haciendo en Casas Viejas, mientras los jornaleros se morían de hambre. Sobre eso queda pendiente un post.

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