Hasta que no encuentre el jato, los huevos te ato, Pilato.

Me parece una cursilería, más que un marrano con dientes de oro, dedicar una cosa tan humilde como un post mío, pero este va a ser una excepción y se lo voy a dedicar a Luisa Sánchez Pérez-Blanco. Por dos cosas, porque ella disfruta como yo aprendiendo, conociendo cosas nuevas y porque los dos luchamos contra la insoportable levedad del ser con la resistencia y la cultura por bandera. La historia de este post es más prosaica.
Yo pido ayuda al Facebook de las fotos antiguas  para que me cuenten cosas de B-CV relacionadas con una serie de tradiciones, entre ellas los huevos de Pilato. Y Luisa escribe diciendo:  "Y los huevos de Pilatos? Esto no lo había oído nunca". Le responde Eva Casas Delgado:”Luisa Sánchez Pérez-Blanco, igual no es, pero yo desde siempre he oído y lo he hecho, que si perdías algo, coges un pañuelo, le amarras dos nudos y dices Pilatos los huevos te ato y hasta que no aparezca mi....,no te los desato y la verdad o casualidad es que me daba resultados Y me olvidé que se tiraba a un rincón y allí se quedaba hasta que daba resultados". Que en el pueblo se conoce lo de los huevos de Pilatos lo confirma Mari Pepa García Estudillo: " Si mi madre siempre lo hacía cuando perdía algo".


Recurro  al libro de las tradiciones se rebelan y allí cuentan Luis Gómez y Rogelio Ruiz :” Otra de las costumbres con arraigo entre la población rural era la de amarrarle “los huevos” a Pilatos cuando se producían pérdidas de objetos personales entre los miembros de la familia. Mientras se hacían los nudos en un pañuelo se recitaba el oráculo siguiente: “Te amarro los huevos Pilatos hasta que no te encuentre (la prenda) no te desato”. Acto seguido se depositaba el pañuelo en algún cajón a la espera del feliz acontecimiento”. 



Bichea uno por esta nueva realidad virtual que es internet y te vas enterando de cosas. El dicho se dice en toda la cultura occidental. Parece ser que había una versión anterior, la de San Cucufato: "San Cucufato, los "güevos" te ato, y hasta que no aparezca no te los desato". Otra versión indica que se meten dos piedras dentro de un pañuelo, y se esconde en un rincón de la casa hasta que aparezca. En otros sitios es San Donato o el mismo Diablo, pero el ritual siempre es el mismo; a alguien que se supone que tiene mucho poder se le atan (los huevos o los cojones, sus órganos más importantes) con la advertencia de que no se librarán hasta que no se encuentre el objeto perdido. 



Es una práctica ingenua, ilusa, utópica, irónica y sobre todo irreverente. Bien sea al santo San Cucufato como al procurador de Judea, Poncio Pilato, que extendió su mala fama por occidente, cuando los cristianos perseguidos identificaron esa persecución con la de Pilato a Jesús. El fondo está claro, la religiosidad popular menos ortodoxa, menos formal e institucional, más próxima al paganismo mágico que pese al sincretismo, represión y propaganda católica nunca lograron extirpar del todo.  



Me topo una canción de mi admirado Javier Krhae que no me resisto a traerla aquí, porque resuma  la misma ironía, guasa, sorna y sarcasmo que los dichos que estamos comentando.

[...] Mi albornoz,
¿dónde está mi albornoz, dónde está mi recato?
Mi extraviado pudor dame, San Cucufato.
San Cucufato, te enciendo esta vela.
Devuélveme el pudor, hace un frío que pela.
San Cucufato, los cojones te ato.
Si no me lo devuelves, no te los desato.
He perdido el amor, contraje matrimonio
y la paz conyugal me ha matado el insomnio genital.
[...] ¿Dónde está la avidez, dónde está el arrebato?
Mi dormida pasión dame, San Cucufato.
San Cucufato, te enciendo este cirio.
Devuélveme el amor, aquel viejo delirio.
He perdido el humor, me deshago en suspiros,
viendo qué fácil es, pero nunca es ni a tiros.
¡Qué país!
[...] Cucufato: mi humor o caeré en la locura.
San Cucufato, te enciendo esta bujía.
Devuélveme el humor, permite que me ría.
San Cucufato, los cojones te ato.
Si no me lo devuelves, no te los desato.



Y le toca el turno a la valoración. Juana María Gómez Benitez"A VECES RESULTA Y A VECES NO. POR EXPERIENCIA". Rogelio Ruiz y Luis Gómez lo tienen claro y rematan la entrada por su línea tradicional (valga la redundancia): “Aunque parezca mentira el resultado era eficiente en un porcentaje elevada de veces…. Esta costumbre desaparece cuando las personas pierden toda fe en aquello que no se puede tocar con las propias manos. Esto es muy pragmático, sin embargo también debemos aclarar que actualmente lo que parece ser o lo que nos cuenta que es, no es obligatoriamente la pura realidad”



Particularmente no creo en las supersticiones y soy más partidario de la paciencia, para lo cual tenemos otro dicho popular, porque en cuestión de dichos es como en la botica, hay de todo. Así se dice que “lo que no se llevan los ladrones, aparece por los rincones”.  O “por saber noticias no os matéis, ya se harán viejas y os enteraréis” (ja, ja, ja la úlcera). Pero más que eso, atarle los huevos a Pilatos o San Cucufato me lleva a dos reflexiones. Primero la evidencia de que no es una práctica local sino propia de la cultura humana, se da en Uruguay, Italia o España. Aunque en cada sitio se manifiesta de una forma singular el marco es común, se trata de la lucha eterna entre las pérdidas y las esperanzas de recuperar lo perdido. Tengo un amigo que pierde compulsivamente las gafas, las llaves o los bolígrafos y normalmente los lleva con él. Yo he perdido también muchas cosas; familiares queridos, amores semiolvidados, la ilusión de cambiar el mundo (ahora estoy en la lucha de que al menos el mundo no me cambie a mí demasiado) y, lo que están pensando muchos, también he perdido el pelo y muchas más cosas. Pero y esta es la segunda, me resisto y me peleo con aquella frase de mi amigo Pepe de que la vida es pérdida. No me da la gana, ni me sale de los cojones y si hace falta se le atan los huevos a San Cucufato, a Pilato o al mandamás de turno. Luisa, tú y yo, investigamos, escribimos, probamos experimentos y respiramos para eso, para recuperar pérdidas y olvidos. Y cualquier descubrimiento, y  cualquier escrito, cualquier alegría por lo nuevo aprendido contiene esas pérdidas y nos devuelven, a su modo, los objetos y la inocencia perdida. Así que Pilato, los huevos te ato, y no te los desato, hasta que no encuentre mi jato (azul)

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