Elogio de la derrota

Todos los años escribo algo referido al maratón y este año no va a ser menos. Ayer fue 14 de julio, fiesta nacional francesa, se celebra la toma de la Bastilla, la llegada de la revolución francesa, el derrocamiento del Antiguo Régimen y la llegada a Occidente (Inglaterra siempre ha sido un verso suelto) de la democracia. En Benalup-Casas Viejas era el segundo día del marathón. Un evento que cada día tiene más participación, más adeptos y más admiración de extraños y de gente del pueblo.
Me impresiona que este año se haya hecho una aplicación para el movil De nubes, que permite el seguimiento al minuto de los resultados del maratón o que se haya impuesto que la mayoría de los equipos no solo estrenen equipación, sino también una segunda equipación con polos para las previas y los post partidos. 



Porque ocurre todos los años, si no sería increíble la participación y la implicación del pueblo en una fiesta que es algo más que un evento, algo más que una competición deportiva, algo más que una concentración de todo un pueblo en torno a un balón.... algo más incluso que una de la señas de identidad de este pueblo. Es inevitable la comparación con otras fiestas de carácter más nocivo y casi no hay críticos (ya tiene mérito) a la celebración de un evento como este.



Ayer, también pasaron muchas microhistorias que no van a quedar recogidas en ningún sitio. El equipo de mi hijo, el Boomerang favorito para alzarse con el torneo en la categoría de infantil masculino perdió en la tanda de penalties ante el Casas Viejas Estudillo. Por cuestiones de herencia tiene sangre en las venas de pepito grillo por un lado y de volcan por otro. No quería tirar el penalty. Lo hizo forzado por la autoridad paterna. El portero del Estudillo Casas Viejas se lo paró, pasando este equipo a la ronda siguiente. Provocó la euforia en ellos y la tristeza y la pena en el Boomerang, especialmente en mi hijo. Son las dos caras de la competición; la derrota y la victoria. Yo sé que lo importante es participar, que como decía Boskov fútbol es fútbol, que a veces se gana y otras se aprende, que no hay que vender la piel del oso antes de cazarlo o que la Alameda es la Alameda y da muchas sorpresas. Pero también sé que la derrota es amarga, que ay de los vencidos y que unos ganan y otros tienen que dar tabaco. Espero que no lea esto mi hijo, pero reflexionando le encuentro a esa derrota muchos aspectos positivos. Es verdad que ha provocado un cataclismo en casa y que la derrota es dura y amarga. Pero, por otra parte, en el otro equipo tenemos grandes amigos que han disfrutado muchísimo, y, sobre todo, nos ha enseñado que la derrota forma parte de la vida. Desgraciadamente se aprende cuando se pierde, no cuando se gana. Y el equilibrio necesario para que el mundo siga viene porque unas veces se gana y otras se pierde. Es más, cuando David vence a Goliat es una demostración de que el destino no está escrito y que merece la pena luchar por las causas perdidas. Ayer perdió el equipo de futbito de mi hijo, una intrancendencia más, aunque para él y nuestra familia se convirtiera en la tragedia del día. Dentro de unos días será una anécdota más que muy pocos recordaran. A mí me gustaría que más que buscar culpables(para mi hijo yo e injustamente el árbitro) la derrota sirviera para madurar, crecer y aprender. Por eso y porque en el equipo rival tengo grandes amigos me gusta que la derrota venga a demostrar que es parte del necesario equilibrio de la vida. No me gusta culpar a los árbitros de nada, más al contrario reconocer su labor, no me gusta convertir la nostalgia en la metadona del presente, no me gusta ni el fatalismo, ni el nihilismo. Me entusiasma por contra la generosidad del perdedor que no deja de ser una muestra de grandeza, tan rara como seductora. Por eso esa foto con mi amiga Juani. No es la primera vez que los invencibles han sido derrotados, el sindicato anarquista del 33 de Casas Viejas tenía ese nombre y seguro que no será la última que los que tienen todas las papeletas para ganar pierdan. La derrota es la cara b de la vida, pero tan necesaria y útil como la victoria. No tiene ninguna importancia que de los más de los 130 equipos que juegan este maratón uno pierda en la tanda de penalti, de hecho lo harán más de 120. No tiene más importancia que en un pueblo de siete mil habitantes de una población mundial que superan los 7.500 millones de persona un muchacho de catorce años falle un penalti. No es relevante que el día que se celebra la llegada de la democracia a occidente un equipo de futbito no pase a la siguiente ronda. Lo que importa es que las derrotas dan equilibrio a la vida y que son imprescindibles para madurar y aprender. Estamos en Casas Viejas un pueblo curtido y hecho a base de derrotas. ¡Que grande es el maratón de Benalup-Casas Viejas! Felicidades Juani.

Comentarios

Entradas más vistas

Tal como eramos en 1992

Los outtakes de Mintz. Buenas noticias de Washington

Cuando el teatro se convirtió en una corsertería