Las tradiciones se rebelan. El carbón. 7

La entrada anterior de esta serie también trataba sobre el carbón. Hoy nos vamos a centrar en la instalación del horno y en la comercialización del carbón. Podemos leer en el libro de Rogelio Ruiz Valverde y Luis Gómez Trujillo sobre Tarifa que nos está sirviendo de referencia lo siguiente:


"ARMAR UN HORNO DE CARBÓN
Lo primero era elegir el sitio adecuado. Cuando el terreno era llano no había mucha dificultad; pero en terrenos con pendientes, era necesario erigir un bancal y sobre éste, se preparaba el boliche o alfarje, lugar donde se coloca la madera en círculos superpuestos hasta conseguir la forma de un cono. Después viene el enchascado, que es cubrirlo de ramaje para acto seguido aterrarlo. Con una espuerta terrera, también llamada moruna, se cubre de tierra, diez centímetros de grosor aproximadamente, para evitar que el oxígeno penetre durante la cocción y la madera se convierta en ceniza. A la par, con tres piedras, se construye sobre el suelo una boguilla, también llamada entresijo, por donde se le prende fuego al horno, y a los lados, otras dos boquillas más pequeñas llamadas espoletas. En la parte trasera se hacía un agujero llamado bullón. Tras un rato ardiendo, el frente del horno se hunde ligeramente produciendo unligero corrimiento de tierra, autotaponándose la boca. Finalmente se le hacen ocho o diez agujeros repartidos por toda la bóveda, de ellos depende la calidad del carbón. Tras un seguimiento de varios días según el tamó del horno, habremos conseguido a través del fuego transmutar la leña en carbón vegetal”.

En el trabajo de Cristina Melero y Sandra Pérez podemos leer que dice Manuel Sánchez: “Con veinte años empecé a trabajar en el carboneo, sobre todo arrancando cepas… Por una arroba de carbón nos daban 6 reales” y José Guillén “Me levantaba a las seis de la mañana, es decir cuando amanecía y no terminaba de trabajar hasta que oscurecía.Los días en que el carbón estaba hecho tenía que levantarme a las tres de la mañana para darle de comer a las “bestias”, arreglarlas y cargarlas para así transportar el carbón y venderlo, a veces hacíamos trueque y cambiábamos el carbón por garbanzos.Allá por al año 1945, un día fui a Barbate a vender carbón con cinco “bestias” pero no lo pude vender y me lo tuve que traer de vuelta. Entonces al cogerme la noche me tuve que quedar a dormir debajo de un pino me mantenía a base de vino porque no encontré nada de comer” y Martina González “Cuando el carbón estaba hecho lo depositábamos en espuertas y ya estaba listo para venderlo. Lo vendíamos a cambio de muy poco dinero, con ese dinero veníamos al pueblo a comprar pan, garbanzos, lentejas…”



En esa época, en Benalup, era común la imagen de los mulos con las seras a rebosar de carbón, golpeando con sus cascos las calles empedradas. Los traían los arrieros en regüas hasta el pueblo, y desde aquí a la ciudad en los camiones de Pepín Flor o Polvarea. Familias como los Engomaos, los Polvareas, Peneque… se convirtieron en grandes remitentes del carbón, haciendo de intermediarios entre la producción y el consumo. Sería una excepción, que confirma la regla, la familia actual que no ha tenido ningún miembro hace sesenta años dedicada a esas tareas.



El recientemente desaparecido José Luis Montes de Oca Bancalero escribía sobre este periodo: “Marchaban con sus familias, construían "chozos" de brezos, lentisco, o escobones en el que pasaban todo el invierno realizando tales menesteres hasta el final de la temporada. Fueron también construcciones en las sierras. ¿Cuántas familias benalupenses no pasaron inviernos enteros en estos chozos, ubicados en una garganta o canuto, lo más resguardados de las intemperies, en donde se les había asignado un área para limpiar, a cambio del carbón o pincón que producirían?  Fueron,  sin que ello pueda sonar a sarcasmo, -nada más lejos de mi intención, y expresado con el máximo respeto y con la única finalidad de ilustrar el comentario-, nuestras primeras segundas viviendas.



Diego Ruíz “el Engomao” vivía en la calle Tarifa donde tenia un rancho grande con su vivienda y diversas cuadras, donde metía a sus animales. En noviembre de 1961 unas grandes inundaciones provocaron la destrucción de su casa, desde entonces la zona se denomina Agadir en comparación al terremoto reciente en la ciudad marroquí. Diego se trasladó al Tajo donde hizo un nuevo rancho, en el cual hoy en día aún viven parte de su familia. “El Engomao” se dedicaba a la compra y venta de carbón. Lo compraba en la sierra y con el ganado lo trasladaba a su rancho o bien hasta donde pudiera recogerlo algún camión para su posterior traslado a un punto de venta (Barbate, Cadiz,…). Para su transporte utilizaba los camiones que en aquella época existían en el pueblo como eran los de Polvarea o Pepin Flor. 




Como otros remitentes del carbón diversificó sus actividades económìcas e inversiones de tal forma que su empresa familiar soportó la crisis que le sobrevino al carbón en la década de los sesenta relacionada con la apertura de la economía española y la sustitución de este por el gas y el petróleo.
En la fotografía miembros de la familia de" Los Engomaos". En la foto aparecen de izquierda a derecha "El Chirino"(amigo de la familia procedente de Barbate), Jose y Manolo Ruiz"dos de los nueve Hermanos Engomaos. La localización ha sido posible gracias a la colaboración de Miguel Ángel.

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