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Las tradiciones se rebelan. El buchito con sabor. 4

Foto Mintz
El café es socializador, pues la mayoría de las veces no se toma sólo, también es un reflejo de la hospitalidad con la que se recibe a alguien. A esta sección de las tradiciones se rebelan viene hoy el buchito con sabor.
Dice en el libro del mismo nombre Rogelio Ruiz y Luís Gómez sobre él: “En tiempos pasados, particularmente en las zonas rurales a modo de buena convivencia se ofrecía al recién llegado una tacita de café llamada muy acertadamente : el buchito de café. No olvidemos que el único sistema económico era la subsistencia y por lo  tanto  no se tenían muchos medios. Obsequiar con un vaso del preciado líquido era reconfortante para todo aquel que llegara hasta el lugar, bien fuera vecino, amigo, familiar y hasta transeúnte… Esta placentera costumbre nos viene de nuestros antepasado árabes que aún sigue con esta antigua tradición ya que obsequian, pero con té, a todo aquél que los visita. Evidentemente en nuestros entornos elegimos el café al ser producto novedoso importado de las Américas”



El café que se hacía en las casas era el de pucherete. Su nombre viene por el utensilio en el que se realiza. La olla de barro o puchero se arrimaba a la lumbre y se le echaban tantas cucharaditas como personas lo iban a tomar. El café se había molido en aquellos molinillos de mano de madera. Entonces progresiva y paulatinamente, con una cuchara de madera, se daban vueltas a aquella agua negra hasta que tomara la espesura y el color deseado. Cuando había hervido lo suficiente se pasaba a la cafetera de porcelana con caño de serpiente, para servirlo en tacitas de china o pocillos y en los vasitos de cristal o vidrio, previo paso por el colador oportuno. 
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El café siempre ha sido un importante instrumento de socialización. Se bebía y se bebe con amigos, familiares o compañeros de trabajo. Un café es una excusa para intercambiar opiniones, noticias, solucionar problemas o pedir consejos. Por eso los cafés también se toma en los bares. En los bares se hacía otro tipo de café, el sabor y el mecanismo era distinto, pues se utilizaba la máquina de hacer café. 
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En la autarquía, en la inmediata postguerra el café se convirtió en un producto de lujo, racionado y controlado, por lo que era uno de los productos estrella sometido al estraperlo y al contrabando. Para el café aparecen sustitutos como la raíz de achicoria o semillas de cereales mezcladas con azúcar quemada se convirtieron en sucedáneos del café en muchas casas. También aparecen modalidades de café que han llegado hasta nuestros días, como el café torrefacto. Para utilizar menos café se tuestan los granos de café con azúcar, esta se carameliza y forma una típica película quemada. En los bares es de los pocos lugares donde se puede tomar café con azúcar de cierta calidad. Para ello el estado establece los mecanismos adecuados para que llegue la materia prima a estas. La Comisaría General de Abastecimientos y Transportes controlaba y distribuía la comida, de acuerdo con una estricta reglamentación. Obviamente esa venta está controlada y racionada. Este racionamiento, el control o la aparición del café torrefacto nos aparecen en  el escrito al alcalde pedáneo de Benalup de 5-3-1940 se le comunica lo siguiente: “Cumpliendo órdenes recibidas de la Delegación Provincial de Abastos, tengo el gusto de adjuntarle relación de Sres. Industriales de esa población que puedan retirar café torrefacto de los almacenes de D. José Suñol de Cádiz, previo abono de su importe y en la proporción de 5 kilos por industria, rogándole lo haga saber así a los interesados, dándoles una orden como justificante personal”. Los propietarios de bares relacionados son Ricardo Rodríguez Pérez-Blanco (Benalup), Antonio Fernández García (Benalup), José Guillén Delgado (Benalup), Francisco Suárez Torres (Nuestra Señora del Socorro), Cristóbal Torres Pacheco (José Antonio Primo de Rivera), Manuel Flor Roldán (General Franco), Antonio Barberán Romero (Cervantes). Este escrito nos sirve para ver los bares que servían café en Benalup de Sidonia en 1940

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