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La caza. Actividad depredadora del pueblo llano. 2

La familia Mateos Montiano, pelando pajaritos. Foto Mintz
Si en el primer artículo de la serie nos dedicamos a plantear el asunto, en esta nos vamos a centrar en la cacería a la que se dedicaba el pueblo llano. Lo primero que hay que resaltar son los problemas que surgen entre jornaleros y propietarios. Al igual que ha habido en la historia de Benalup-Casas Viejas una gran conflictividad laboral motivada por la estructura latifundista clásica y tradicional de la propiedad de la tierra, ha existido una gran conflictividad en torno a la caza.


Lazos muy utlizados en el furtiveo de los conejos. Foto Mintz


Para entender el origen del furtivismo y la lucha en torno al derecho a caza recurriremos a lo que decía Luis Berenguer en boca de Juan Lobón “La ley nueva la pusieron contra nosotros, los cazadores. Por eso tenemos que cazar sin ley, porque la ley es mala”. Efectivamente, en esta zona predominaban las tierras comunales en las que uno de los principales aprovechamientos para las gentes que las habitaba era la caza. Esta se convierte en ilegal o furtivismo cuando en el siglo XIX la propiedad se hace privada con la desamortización. Por eso los conflictos en torno al furtivismo hay que contextualizarlo en una zona donde arrasaba el latifundismo clásico. 
Los hermanos Moreno Reina poniendo trampas



En el noticiario gaditano el 8-6-1923 se dice “La Guardia civil detuvo en terrenos llamado “El Carrascoso”, próximo a la aldea de Casas Viejas, a un individuo llamado José López Estudillo, que estaba cazando sin tener licencia para ello. Al citado cazador le fue intervenida una escopeta de dos cañones”. La noticia es de 1923. En la República continuaron los problemas. Ya publiqué el caso del sumario al que fueron sometidos tres cazadores casaviejeños por cazar de forma no legal conejos en la Yeguada. Cuando llegan jueces, periodistas y abogados a Casas Viejas por el tema de los sucesos todos se hacen eco de la importancia de la caza para los jornaleros. Dice Eduardo de Guzmán  en La Tierra. 4-2-33: “ Una aldea donde los labriegos tenían que vivir, en gran parte, de la caza; donde la escopeta era casi un instrumento de trabajo". En sus calificaciones definitivas López Galvez, el abogado de la acusación  particular, representando a  tres familias de las víctimas de Casas Viejas en el consejo de guerra que le hacen a los campesinos en junio de 1934, dice: “Dada la mísera situación de los campesinos de Casas Viejas, éstos tienen que vivir de la caza furtiva y todos poseen una escopeta, como tienen un azadón o un instrumento de labranza. La escopeta, en Casas Viejas, es un instrumento de trabajo y se transmite de padres a hijos. Ni por casualidad se encuentra un arma moderna y de buena marca. Todas son de pistón”. El Capitán Julio Ramos Hermoso, instructor de la causa contra los campesinos que asaltaron el cuartel escribe en su informe:  “La ocupación de los habitantes de esta Aldea es labrar la tierra y guardar el ganado de los colonos del exduque de Lerma y de algunos particulares, coger espárragos trigueros silvestres y cazar en la Laguna de la Janda y en las dehesas. Hay excelentes cazadores abundando las escopetas antiguas de pistón, algunas parecidas a espingardas". Por su parte Valentín Gutiérrez el 14 de enero de 1933 en la Luz escribe: “ Acerca de sus medios de vida, nos dijeron que vivían bastante mal. No tenían, según ellos, más ingresos que los que les proporcionaba la caza y la busca de espárragos. Por la caza cobraban dos pesetas por los conejos y tres reales por las perdices ". Jerome Mintz en Coplas de Carnaval dice: "En las temporadas difíciles, los campesinos siempre habían recurrido a la cosecha natural del campo para sobrevivir. La caza de pájaros y conejos añadía carne a la mesa y podía traer el equivalente del salario de un día, pero la cacería era muy arriesgada. Podía terminar en una multa exorbitante y también en la pérdida de las trampas. El mismo trabajador se veía atrapado”
En la fotografía aparece Diego González Ruiz (delante) y Antonio "Pachocha" (detrás) cazando aves, durante una jornada de siega de castañuela en la laguna de la Janda, para la cena.



En el Franquismo el furtivismo se mantiene con la misma fuerza de siempre, pero se le combate de forma más decidida. Así por ejemplo, el 6 de mayo de 1942  son condenados a una pena de dos meses y un día de cárcel por caza furtiva “autores de un delito de infracción de la ley de caza”, Antonio y Sebastián Pavón Pérez  y Juan Casas Romero. Los furtivos del primer franquismo para la administración se convierten en sinónimos de ladrones, perversos moralmente y rojos políticamente. En escrito de 13-1-1941, en un informe de alcalde de Medina se dice que “Manifestándole que Fernando Pérez Excero, Damián y Manuel Pérez Excero son de pésima conducta moral pública y privada, cazadores furtivos y rateros habituales sabiéndose en cuanto a sus antecedentes políticos sociales que eran de afiliación izquierdista”.
Cuadrilla de segadores en la laguna de la Janda. Se solía comer gazpacho o sopa fresca a medio día, la comida la hacía por la mañana Antonio Vera "El Rana", por la noche se comía garbanzos con tocino, a veces con arroz y otras con patatas, más la caza de aves que ellos conseguían por la tarde. Más que una práctica deportiva, la caza era actividad depredadora,necesaria.



Pero la mayoría de la población masculina se fue adaptando a las condiciones legales y fueron compatibilizando el carácter depredador tradicional, con el incipiente deportivo. Eso es lo que se ven en las fotos de caza de la laguna de la Janda. Donde la caza constituía su alimentación en sus largas jornadas de siega de castañuela


Juan Moreno Vidal y Feliciano y Andrés Rodriguez Mateos se disponen a pasar una jornada de caza. Llevan dos escopetas, un perro (que se llamaba Cubala) y dos pájaros perdices.En la puerta del bar de Manolo Flor, en la calle San Juan, el punto de partida.

Cuando las condiciones económicas mejoraron y la autarquía paso a mejor vida, una parte de los hombres de la incipiente clase media benalupense, compuesta por albañiles, zapateros, funcionarios, comerciantes, industriales y miembros de otros oficios empiezan a practicar la caza como una práctica deportiva, dejando, en parte, progresivamente a un lado el carácter depredador. Es lo que podemos observar en las dos fotos donde aparece Juan Moreno Vidal como cazador. Este era un empedernido cazador, pero no podía tener escopeta propia, pues no poseía ni DNI, debido a sus antecedentes republicanos. Juan, que estaba acostumbrado a hacer de la defecto la virtud, siempre se apañaba para que los amigos le prestaran la escopeta y lo invitarán a cazar. En la primera aparece con Feliciano Rodríguez y Andrés Rodríguez y en la segunda con los hermanos Cózar. Las prescripciones legales nunca habían sido demasiado importantes en un pueblo donde se conocían todos y estaba tan lejos, como era tradicional, de la oficialidad. 
Jornada de caza. Aparece Juan Moreno, los hermanos Cózar y un guardia civil que tenía destino en Benalup de Sidonia, de la época.

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