El Monasterio del Cuervo. El hermano Antonio y el tío Coronil. Y 6

Termina Luis de Mora-Figueroa su artículo con la alusión a estos dos personajes: "Sin embargo, dos personajes de esta mitología popular sí son absolutamente reales; el "Hermano Antonio", individuo que, cuando a comienzos de los cincuenta los maquis o "huidos" de la sierra habían dejado la Garganta, se estableció en las ruinas del convento, vistindo ocasionalemnte un hábito vagamente carmelitano, y que vivía de adoctrinar el catecismo a los niños de las cortijadas y de las limosnas obtenidas de las beatas de algún pueblo próximo (Benalup).
Al parecer, su propósito era localizar un tesoro supuestamente enterrado en las ruinas, y de cuya afanosa búsqueda, que duró años, fue ocasional testigo el segundo de estos personajes reales, "el tío Coronil", muerto muy poco atrás en un asilo de Medina Sidonia, donde estaba recluido contra su voluntad. Esta curiosa y entrañable figura, que alcanzamos a conocer, residió durante más de treintas años, solo y autosuficiente, en las breñas de la Garganta del Cuervo, viviendo unas veces en el eremitorio de Santa Teresa en el de los Santos Mártires o en el propio monasterio, con una cada vez mayor punta de cabras, de las que nunca vendía ni los chotos. Naturalmente, todavía no habían hecho acto de presencia en la zona los indeseables visitantes que en estos últimos años tanto la han degrados. Coronil aún llegó a a conocer los topónimos de la época carmelitana (de los eremitorios, canutos, fuentes, etc), tal como aparecen en la documentación del siglo XVIII, nombres hoy perdido y sólo recuperables arqueológicamente. Fue el último eremita, laico y mágico, del Desierto de la Garganta del Cuervo".



Tanto del hermano Antonio, como del tío Coronil tenemos abundantes testimonios. En el libro de La Tierra apareció un artículo sobre el hermano Antonio: “De él no se conoce su verdadero nombre. Se sabe que vivió entre el Monasterio del Cuervo, Escudete y la Orativa al amparo y la protección de la familia Vela. Parece ser que durante la Guerra Civil luchó en la zona republicana, que después estuvo en la Rusia comunista de la que tuvo que huir repentinamente al tener problemas  comerciales con los bolcheviques y que llegó a esta zona a finales de los cuarenta". 



En Internet Ángel Rivero escribe: “o el hermano Antonio, teóricamente un “rojo” que vestido de fraile vivía de las donaciones que recibía de las familias por dar clases a sus hijos, aunque también las malas lenguas decían que permanecía allí intentando localizar un tesoro escondido”


En el libro El padre Jandilla de Luis González Metola podemos leer: “Porque en una de sus correrías, junto al Tajo Figuras encontró a Antonio Prieto, madrileño y antiguo legionario. Apartado del mundo, quizás por una promesa, vivía de la caridad en las ruinas del antiguo convento del Cuervo que los Carmelitas abandonaron en el siglo pasado. Cada día salía a las cortijadas próximas a la sierra a enseñar las letras y la doctrina. De vez en cuando bajaba con su capacha a Casas Viejas a confesarse y oír misa; allí le socorría la gente que le vio con simpatía y dio en llamarle el “Hermano Antonio”. 



Este último testimonio escrito en 1971 nos muestra su nombre, Antonio Prieto, y nos confirma su participación en la División Azul. La gente que lo conoció comenta que enseñó a mucha gente a leer e incluso que se atrevía con actividades más propias de los sacerdotes. Antonio Morillo dice sobre él“El hermano Antonio con sus barbas grandes vivió allí mucho tiempo. vestido de fraile bautizaba y daba el catecismo. Luego iba todos los días a Benalup"

Manuel Coronil. Foto Mintz


El último ermitaño laico del Monasterio de Cuervo responde al nombre de Manuel Coronil; el tío Coronil. En sus tiempos el Monasterio, que había sido desamortizado en 1835, era propiedad de Vicente Ruíz, el Molinero, con el cual tenía un acuerdo para que sus cabras pudieran pactar libremente por esos terrenos a cambio de una determinada cantidad de dinero. La escasez de ropa y de higiene le delataba muchas veces. 



Ni el mundo entendía al Tío Coronil, ni el entendía el mundo que a sus contemporáneos le había tocado vivir. Muchas son las anécdotas que cuentan del Tío Coronil, sobre todo relacionadas con su especial forma de vivir. Posiblemente había renunciado al mundanal ruido, para vivir con la misma libertad que los animales en el monte. Los altercados con la Guardia Civil fueron numerosos, nunca llegó a entender muy bien eso de que la propiedad privada era sagrada y que "ahí" no podían entrar sus cabras. lo mismo que en una última etapa con el dueño del Monasterio. Tanto él como Lobón encontraron en la benemérita la oposición institucional para llevar a la práctica su concepción de la vida. Se estaba acabando la ley vieja y se imponía la nueva. Especial atención me merece el fin de su historia. Al final de su vida las monjas, los servicios sociales de la época, se lo llevaron a un convento a Medina. Aunque intentaban que se acostara en la cama, él insistía en dormir en el suelo, como toda su vida. Poco después murió. “Aunque en la memoria de muchos sigue viviendo, en su campo, con sus cabras y su olor a jara y monte” dice Sandra Estudillo. Hay quien dice que se acuerda más de su olor que de su cara; olía a jara y a monte. Escribe Sandra: "Juana Mateos Estudillo era quien le arreglaba al tío Coronil las lonas, cuando este iba le pedía por favor que les hiciera unas nuevas, porque las suyas las tenía completamente rotas. Al final de su vida las monjas se lo llevaron a un convento a Medina. Aunque intentaban que se acostara en la cama, él insistía en dormir en el suelo, como toda su vida"



De él escribe Antonio Morillo: " El viejo Coronil que siempre vivió en el Cuervo sólo con sus cabras. Allí tenía en una galería su cama hecha con hojas de brezos. Jamás quiso salir  de la montaña y vivía feliz. Se alimentaba de sus cabras de las que bebía leche directamente y de lo que daba el monte. Ya era muy viejo y se lo querían llevar y él no quería. Hasta que un día se lo llevaron a la fuerza y vereda abajo iba llorando y gritando lastimeramente “mis cabras, mis cabras…”


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