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El Bachiller radiofónico. Y 2

María de los Ángeles Murcia Peralta se quedó encargada del bachiller radiofónico cuando en 1968 Angelín y Eugenio marcharon a Cádiz.
Para completar la información sobre el bachiller radiofónico, me voy a valer del discurso que dio José Romero Bohollo en el homenaje a Pedro Valdecantos:
“Creo recordar que fue allá por el 1965 cuando tuvo su primer contacto con nuestro pueblo, cuando, siendo Comisario de Extensión Cultural, creó en él dos aulas de Bachillerato Radiofónico, que fueron regentadas por los entonces Maestros Nacionales Don Eugenio Espinosa y Don Ángel Guillén. Estas aulas vinieron a llenar sin lugar a dudas, un importante hueco en el antiguo sistema educativo, al poner el entonces Bachillerato Elemental prácticamente al alcance de todas las posibilidades. Fueron mucho los que de esta forma accedieron a este nivel de Enseñanza y hoy tienen sus carreras terminadas o desempeñan cargos que de otra forma no les hubiera sido posible, pero con ser esto importante, a mi juicio lo más destaco de aquellas aulas, fue el haber despertado en los jóvenes de entonces un deseo de cultura y perfeccionamiento, que ha cuajado en un aumento extraordinario de los estudiantes y profesionales en el Benalup de hoy”. 



Queda claro que la extensión de la cultura y el conocimiento comenzó en los años sesenta en Benalup y fue a través del Bachillerato Radiofónico como se iniciará. Aunque habrá que esperar hasta 1987 para que comenzara en la localidad un Instituto de Enseñanza Secundaria. 



Seguimos con el discurso de Romero Bohollo. “En aquella época tuve el honor de conocerte ¿lo recuerdas? Fue allá en tu despacho de Director del Instituto Santa María del Rosario. Hacía falta la constitución de un Patronato rector de aquellas aulas, y al no haber alcalde en Benalup, Don Ángel Guillén te sugirió que podría ser nombrado Presidente del mismo el que a la sazón lo era de la recién creada Asociación de Cabezas de familia, para el yo había sido elegido”. Aparece otro personaje clave en la extensión de la educación de aquellos años, Ángel Guillén Benítez, que también establecería lazos de gran amistad personal con Pedro Valdecantos. 



Volvemos al discurso de Romero Bohollo: “Desde entonces mantuvimos contactos frecuentes, ya por tus visitas a Benalup para examinar a los muchachos, ya por nuestros desplazamientos a Cádiz, surgiendo una amistad de la que me siento orgulloso y que, no lo dudo, ha servido también para estrechar tus lazos de simpatía con Benalup. 
Quiero pensar que aquella época ha marcado también una profunda huella en tu vida. Recorriste la provincia hasta sus más apartados rincones, te identificaste con todos sus pueblos, conociste e hiciste tuyos sus problemas educativos y culturales, trataste a sus gentes y contagiaste de tu entusiasmo a una pléyade de buenos maestros que estaban deseando que alguien los embarcara en una empresa grande y entre todo conseguisteis un resurgir cultural en la provincia que no había tenido precedente y que difícilmente será superado”.  

   

Ese clima de trabajo, entusiasmo e implicación del profesorado lo refleja muy bien Eugenio Espinosa en el siguiente texto: “Ángel y yo nos dedicábamos a la enseñanza durante catorce horas al día porque, además de las horas lectivas normales en las correspondiente escuelas, teníamos alumnos de Bachillerato Elemental (4 cursos), que después se transformaría en el Bachillerato Radiofónico, alumnos que estudiaban Magisterio por libre, las Permanencias, y, por último, las clases de Adultos a partir de las ocho de la noche; en una palabra: una jornada que comenzaba a las 8 de la mañana y terminaba a las 10 de la noche con el tiempo para comer; algo que solo con nuestra juventud y entusiasmo podíamos llevar a cabo. El se dedicaba a la parte de Letras y yo a la de Ciencias, siendo total nuestra compenetración y ayuda mutuas”. 

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