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Lavando a mano. Y 2

Jerome R. Mintz
La primera fotografía no la tengo localizada parece ser por los Caños de Meca. Tres mujeres lavan las sábanas en un manantial público. La foto es de 1971, hay cubos de cinz, barreños de plástico y la omnipresente tabla de madera. 



Antonio Castellet escribió: "Esta fotografía no recuerdo el año exacto que la realicé, calculo que debió ser sobre 1968. En ella están, de izquierda a derechaEn ella están, de izquierda a derecha: Mi abuela María de la Paz Grimaldi, Martina Sanchez, Barbarita Flor, Maria Rico, María Barberan y mi madre entre ellas. Mi hermana Maria de la Paz que tiene en brazos a Diego Mateos, hijo de Barbarita y por último Pedro Jimenez, marido de María Barberan. Detras se ve la pared de la iglesia que daba a nuestro patio. Como se ve, las lavadoras aún no habían llegado al pueblo".

La segunda fotografía es una reunión de familia y amigos en un patio. Aparecen dos hombres, pero no lavando, sino que están en esa reunión. No abundan mucho las fotografías de este tipo a no ser que sean las de antropólogos como Mintz o aficionados a la fotografía como Antonio Castellet.

Jerome R. Mintz


La tercera fotografía tampoco la tengo localizada. Pero me parece muy expresiva. A la izquierda una mujer vestida de negro lava de espalda su ropa. En el centro una niña sorprende a Mintz fotografiando y le dedica una mueca de sonrisa, mientras hace la colada en su tabla de madera, apoyada por un barreño de plástico y una esponja para no hacerse daño en las rodillas. A su derecha un niño de la misma edad juega con una caña. Que la niña lave y que el niño juegue a pescar no me parece ninguna casualidad, sino un retrato de la época. De una cotidianidad tan real y tan aplastante que hace tan hermosa a esta fotografía.
Mari Carmen Sánchez Fuentes, en la Yeguada



Si comparamos esta época, década de los sesenta y setenta, con las actualidad los dos grandes aspectos comentado han cambiado mucho. Los avances tecnológicos producidos en relación al lavado de ropa han hecho que aparezcan las nuevas lavadoras que permiten ahorrar trabajo y tiempo al ama de casa. También que la participación del hombre en esas tareas sea más fácil y accequible. No obstante, en el 2009 la periodista italiana  Giulia Galeotti, en el artículo ‘La máquina de lavar y la emancipación de la mujer’, defendía la siguiente tesis. “La lavadora, el invento divino que más hizo por la liberalización de la mujer en el siglo XX”. En el cuerpo del artículo se podía leer: “Gracias a la lavadora, las mujeres se convirtieron en supermujeres del hogar: sonrientes, maquilladas y radiantes entre los electrodomésticos de su casa”. Para ayudar a entender este razonamiento habría que decir que el citado artículo se publicó en el periódico L’Osservatore Romano.



 La revolución que ha supuesto la lavadora ha hecho que cualquier avance tecnológico sea incorporado a este electrodoméstico.  En la actualidad las hay con funciones de secado, de control del consumo de agua, con paneles electrónicos propios de máquinas de videojuegos, con sistema de ahorro de detergente, con más o menos revoluciones…. Hasta el mundo de internet se ha incorporado a la lavadora. La última tendencia es la lavadora secadora inteligente conectada al Internet que es capaz de pedir más detergente al servicio de reposición Dash de Amazon cuando detecta que se están acabando las existencias en el hogar. Es decir, todo un sinfín de posibilidades que la han convertido en elemento imprescindible.



Aunque hay excepciones, en la mayoría de las casas de Benalup-Casas Viejas la colada la sigue haciendo la mujer. Comento con frecuencia que dentro de los cambios que ha sufrido la sociedad española en los últimos cincuenta años el más significativo me parece que es la incorporación de la mujer al mercado laboral. Por sus consecuencias demográficas, económicas, sociales, culturales…. que ello ha tenido. No se entiende la bajada de la natalidad, la consolidación de la sociedad consumista o el acceso a cotas de libertad e igualdad sin este acceso al mundo laboral de la muejer. Una vez mi compañera Gloria Sánchez, que trabaja y es madre, me dijo que era cierto pero a costa de un esfuerzo y un estress que ha recaído casi exclusivamente en la mujer. Que ha pagado muy cara, su supuesta liberalización, porque ahora lo que ocurre es que no tiene solo un trabajo, el de casa, ahora tiene dos, porque también trabaja fuera de casa. A mí me parece que cualquier tiempo pasado fue anterior.

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