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El Monasterio del Cuervo. Desamortización y exclaustracción. 3

Prosigue Luis de Mora-Figueroa: 
Tras el fracaso de los intentos doceañistas, las Cortes liberales de 1820 y 1823 ensayaron disposiciones desamortizaodras que no tendrían plena vigencia, y con marcadas diferencias, hasta la Regencia de doña María Cristina de Borbón, con Juan Álvarez Mendizábal como principal artífice. Tras el acceso a la presidencia del Consejo de Ministros, elabora los Reales Decretos de 19 de febrero y 8 de Marzo de 1836 sobre extinción de las órdenes religiosas e incautación de sus bienes.

Pocos meses después, según consta en Acta de Cabildo de Medina Sidonia en 29 de octubre de 1835, el Cuervo está ya abandonado por la comunidad, y sus tierras han vuelto al Común de la ciudad en función de la cláusula retroactiva en la Cesión de 24 de septiembre de 1715, ya mencionada, y que había dado las 610 fanegas de monte en la que se instituyó el Desierto ciento veinte años atrás. El conato de abandono de 1821 queda consumado definitivamente. 



No obstante, un presbítero parroquial de Medina mantiene el culto en la iglesia aconventual durante unos treinta años más, para la atención de los pacientes que todavía van a tomar las aguas, o de los carboneros de esos espesos montes, pues “cuando el tiempo se cierra en agua quedan sin comunicación”.



Paulatinamente, los últimos vestigios de culto canónico van desapareciendo, y así el 28 de marzo de 1859 se redacta y firma en el propio exyermo un patético “Ynventario de los efectos que fueron conducidos a la capilla de Casas Viejas procedentes del Conbento del Cuerbo”, firmado por trece de los presentes, “todos los que savemos firmar”. El inventario contiene la relación de un escaso y maltrecho conjunto de bienes muebles; algunas imágenes de bulto en muy mal estado, un púltpito, un arcón de cedro, residuos de un altar, y tablones y clavazón para componer con ellos las puertas del cementerio construido en la por entonces naciente Casas Viejas. El contenido del inventario contrasta vivamente con el del mandado elaborar por el obispo de Cádiz, casi cuarenta años atrás (21-V-1821), en el que, a través de cinco apretados folios, se desgrana una minuciosa relación de ornamentos sagrados, mobilario y enseres varios para el culto; entre ambos inventarios, las diferencias quedaban legitimadas por el Concordato de 1851”. 




Como dice Rosario Fresnadillo: “Apenas dos semanas después de promulgarse, el cabildo de Medina Sidonia se apresura a solicitar que se practiquen las diligencias oportunas para recuperar los terrenos en los que se ubicaba el suprimido monasterio. La cláusula de reversión, introducida en el acuerdo de cesión de 1715, será la baza principal para legitimar esta reivindicación… El largo enfrentamiento con la comisión de amortización se resolvió finalmente a favor de la Ciudad, … En 1840 el asunto quedó aparentemente zanjado, porque las autoridades competentes fallaron a favor del municipio, que entró en posesión de sus tan peleados terrenos, reincorporándolos en calidad de bienes de propios”. 



Pero la jugada le salió mal al Ayuntamiento de Medina. Ya dijimos que en 1715 estos terrenos eran del común, pero en 1836 el Ayuntamiento los solicitó y consiguió como propios, ya que al poder arrendarlos obtendría de ellos más beneficio. Pero ese fue su gran error, ya que en 1855 con la desamortización de Madoz los bienes propios pasaron a ser del estado y de ahí a la venta del mejor postor. Así en 1861 la Dehesa del Cuervo de 497 fanegas de frutales y otros es adquirida en subasta pública por Antonio Abenoja para el propietario José Abarzuza. Era el 6 de noviembre de 1861. 





Seguimos con Fresnadillo: “La inscripción de la finca como bien del Estado, efectuada en 1863, disocia definitivamente el desierto de El Cuervo de todo contacto regular con Dios y con los hombres. Así ha sido, al menos, hasta nuestros días, pese a que las ruinas han estado ocasionalmente tentadas de resucitar su antigua categoría como alojamiento de élite”. Esa querencia a convertirse en alojamiento de élite no la podemos descartar del todo, pues el penúltimo propietario de él, Bernard Devor presentó un proyecto para  convertirlo en hotel de lujo que no fue aprobado y fue por lo cual lo vendió para realizar el proyecto fallido del campo de golf. El  actual propietario del monasterio, Ricardo Arraz,  se dedica a esos menesteres, como vimos en otra entrada.

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