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Y el tiempo pasa y los bares siguen siendo benditos

Foto Mintz
La primera fotografía está realizada el 13 de marzo de 2017 y la segunda por Mintz en 1971, hay por tanto una diferencia de cuarenta y seis años.  Está realizada en el mismo sitio, en la puerta del bar que antes era el de Alfonsito el de Pérez y ahora es de su hijo Alfonso, más conocido como Tato. Por las ropas parece que está hecha por la misma época, a finales de invierno, cuando las terrazas se convierten en un sitio muy agradable para pasar el rato.
Las personas sentadas en las sillas y apoyándose en las mesas charlan amenamente, se divierten, se distraen… en definitiva se socializan que es lo que se ha hecho siempre en los bares y en la calle. Pero en estas fotos reflejan también grandes diferencias, básicamente dos, en la actual, el monopolio de los hombres mayores de edad en la de Mintz ha sido sustituido por una conjunción de hombres y mujeres de distintas edades. También contrasta que en la actual las mesas están llenas de consumiciones y en la del 71 las mesas estén vacías. 



Efectivamente el bar del Tato ha cambiado de clientela al mismo ritmo que ha cambiado la vida en estos cuarenta y seis años. Los protagonistas de la calle y del ámbito público ya no son los hombres entrados en edad, sino que han sido sustituidos por jóvenes de ambos sexos y personas adultos. El cambio más llamativo me parece que es la presencia de la mujer en igualdad de condiciones que el hombre. Es más en la primera fotografía hay más mujeres que hombres. Pero no nos podemos dejar engañar. En la sociedad, y en los bares, todavía es más fuerte la presencia del varón que de la hembra. Las cosas han cambiado mucho, a mejor, pero todavía hay indicios de la sociedad patriarcal. Ya sea la violencia de género, la brecha salarial, las diferencias en el acceso a puestos públicos o el hecho de que el acceso al ámbito público se ha hecho a base de sacrificios y de sumárselo al del ámbito privado, cuyo protagonismo aún no ha abandonado...



La segunda diferencia es el consumismo. Ahora se gasta, se consume mucho más que antes. No sólo se observa por la ausencia de consumiciones en la foto de Mintz, también en la variedad de las vestimentas en la foto actual y en la uniformidad en la antigua. No creo que seamos más felices porque ahora gastemos y tengamos más acceso a bienes de consumo. No creo que vivamos mejor porque tengamos más necesidades que cubrir, ya que muchas son necesidades creadas. 



Es inevitable la comparación entre ambas fotos y ante tal surge la valoración. A mí me parece que ni cualquier tiempo pasado fue peor, pero que tampoco fue mejor, simplemente anterior, distinto. 



Lo que si me parece relevante son las coincidencias entre ambas fotos,  la gente charlando y socializándose en la terraza del bar. En el lugar central del pueblo. Ese que fundó a finales del siglo XIX Francisco Moreno Barberán. Este emigró a Méjico y con el tiempo pasaría a engrosar ser un miembro del equipo directivo de la Coca Cola. Paco Moreno era hijo Manuel Moreno Girón, natural de Medina Sidonia se trasladó a Benalup donde arrendó las tierras que se situaban en los alrededores de la Torre de la Morita. Era conocido en el pueblo como “El feo de la torre” debido a haber sufrido la varicela y posteriormente la viruela y como consecuencia de esto se le desfiguró la cara. En 1908 tanto la pensión como la tienda de bebida consta ser titularidad de  Rafael Mateos que se las vendió a los hermanos Manuel y Julián Pérez Barrios, los cuales se los arrendaron a su sobrina Paz Luna que estaba casada con Manuel Montiano que eran quien regentaba el bar en 1933, en la época de los sucesos. Manuel Montiano traspasó su negocio al actual bar Polvarea y los hermanos Barrios traspasaron el negocio a su sobrino político, Alfonso Vela, que popularmente fue conocido como Alfonsito el de Pérez. Más tarde este pasó a su hijo Alfonso, que es que lo regenta en la actualidad y es más conocido por el apodo cariñoso del Tato. 



Ayer y hoy, antes de ayer y mañana a la gente nos gusta encontrarnos en los bares. Y lo que no han podido ni las autoridades dictatoriales o los vecinos más quisquillosos no van a poder hacerlo las redes sociales o las nuevas tendencias botellónicas. Hace unos años Coca Cola hizo una hermosa campaña publicitaria sobre estos, el anuncio se llamaba Benditos bares. El spot se componía de un conjunto de planos en los que una persuasiva voz en off lee unos versos sobre una acertadísima banda sonora (la cual corre a cargo de The Lumineers)
“Cada vez que se cierra un bar,

se pierden para siempre 100 canciones.

Se desvanecen mil “te quieros”

y los goles por la escuadra salen lamiendo el palo.

Porque en un bar nos declaramos
escribimos guiones de cine
y hasta redactamos la Constitución.
Aquí o eres de barra o eres de mesa,
pero todos somos de bares.
Venimos así de fábrica.
Los satélites detectan un bar cada 18 segundos.
Si no encuentras a alguien está en el bar.
La red social más grande se llama bar.
Porque nos gusta vernos, tocarnos, estar juntos.
Y juntos vamos a echar una mano a nuestros bares.
El lugar donde siempre somos felices.
¡Benditos bares!”



Tanto cuando era pensión, como cuando en sus cuadras albergaba caballos, cuando alternaba su uso con las tiendas de bebida o cuando luego paso a bar sólo o pub en la actualidad, tanto como cuando era un bar de jornaleros o de personas mayores o cuando se mezclaron mayores o jóvenes o como que el segmento de clientes sea de personas de ambos sexos adultos como ahora, este bar del de Pérez siempre ha sido un bar central en el pueblo. Lleva más de 120 años siéndolo. Yo de eso me enteré hace ya mucho tiempo. En septiembre del 2017 va a hacer 26 años.

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