Lo que el viento se llevó. Escuela en los Arenalejos. 14

Hasta la llegada de la modernidad la educación no fue considerada como una necesidad básica. Hasta los sesenta sólo las capas sociales privilegiadas tenían acceso a ella. Las dificultades eran máximas. A la inexistencia de un apoyo institucional hay que añadirle las del contexto de la época.




En primer lugar materiales. Las aulas eran improvisadas, hasta que a finales de los sesenta no aparezca el actual edificio del Padre Muriel no hubo en Benalup unas instalaciones escolares estables. Los materiales educativos inexistentes, una cartilla o una enciclopedia, algún pizarrín eran los materiales más comunes. Pero los mayores obstáculos se encontraban en el contexto de la época. Las necesidades económicas de la familia, el ambiente cultural existente, las expectativas reinantes... no eran las más propicias para un clima educativo adecuado,  por ello, la mayoría de las veces el proceso educativo del alumno terminaba demasiado pronto.



En el campo, donde vivía una buena parte de la población no había posibilidades de que los niños accedieran a la educación reglada. Los padres de los ranchos cercanos se organizaban para contratar a un maestro ambulante que impartiera los conocimientos básicos a sus hijos. Estos maestros ambulantes carecían la mayoría de las veces del título oficial de magisterio, aunque tenían una formación más que suficiente para impartir las enseñanzas que demandaban los niños de estos campos; las cuatro reglas matemáticas, conceptos básicos de ortografía y gramática y algunas nociones elementales de historia y geografía. 



En la fotografía de finales de los sesenta los hijos de la familia Mateos y varios vecinos más asisten en los Arenalejos a clase impartida por el maestro José María Jiménez Duarte. Sobre el mismo tema va el vídeo, mientras que en el audio Manuel Sánchez Caro habla sobre estos maestros ambulantes y la educación en los campos en aquella época.

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