El olvido de los olvidados. Y 3


No sabemos el número exacto de los alcalinos que mataron en el cruce de la carretera de Alcalá con la del Castaño en agosto del 36,  pues las fuentes orales hablan de 4, 6 y hasta 22. Según las investigaciones de Juan Carlos Perales los nombres de  cinco alcalaínos de los muchos  asesinados en Casas Viejas fueron: Andrés Corbacho Benítez, Fernando Salcedo González, Domingo Ortega de la Corte, Francisco Pizarro Torres y Miguel Arias Gómez.




Según Pepe Pareja y Antonio en los anarquistas de Casas Viejas  a Antonio Gallego Visglerio, el alcalde, también fue asesinado en la el kilómetro cero, en el cruce de la carretera del Castaño con la de Alcalá, aunque Carlos Perales sitúa la muerte de este en la carretera entre Paterna y San José del Valle. Lo cierto es que a los que asesinaron en ese cruce  los enterraron en el cementerio de Casas Viejas. Un familiar de Fernando Salcedo González, así lo confirma. 



En los anarquistas de Casas Viejas (página 278) dice Manolo: “El alcalde bajó a llamar a mi padre. El alcalde era Baltasar (Alcantara). Pidió a mi padre que subiera. Mi padre creyó que lo iban a fusilar. El alcalde llevo a él y a otros a la encrucijada. Allí yacían los cuerpos de los que habían fusilado. Habían desfigurado sus rostros para que no pudieran reconocerlos. Los habían machacado con la culata de un rifle. Ordenó: “Cárguenlos en el camión. Tuvieron que meter los cadáveres en el camión. Mi padre no pudo comer durante ocho o diez. Solo podía sorber un poco de café”. 



Además en la página de las fosas de la provincia de Cádiz se puede leer: “La primera fosa estaba ubicada en el antiguo cementerio del pueblo, en la misma fosa que yacían los restos de los fusilados en 1933 durante los sucesos de Casas Viejas; actualmente ocupa un nicho en el nuevo cementerio con una lápida cuya inscripción sólo hace referencia a los muertos de Casas Viejas en 1933”. 



Recordemos que el cementerio de Casas Viejas estaba en lo que hoy el parque público del Cañuelo y que aunque en la República había un proyecto para trasladarlo a donde hoy está en la actualidad, este no fue realidad hasta 1978, en plena transición. Cuando en el año 78 se trasladaron los restos,  del viejo al nuevo cementerio las incipientes ejecutivas locales de UCD y del PSOE libraron fondos propios para pagar un nicho en el nuevo cementerio. El cementerio pasó a ser parque público. Fue regalado, mediante escrito de 30 de Noviembre de 1978, por D. Antonio Dorado Soto, Obispo de Cádiz y Ceuta, a la población de Benalup de Sidionia.



En un nicho, en el anonimato siguieron los restos de la fosa común, hasta que en el 93,  ya con Ayuntamiento propio, se inaugura una lápida para las víctimas de los sucesos, tras la consiguiente polémica política tan frecuente en todo lo relacionado con ellos. Se hace referencia a los muertos del 33, pero no se ponen los nombres de las víctimas de los sucesos y se olvida aludir a los restos de los alcalaínos asesinados en el 36 y enterrados en esta misma fosa común profana. O el caso de Andrés Lobato Delgado, Garnacha, cuyos restos también parece ser que se encuentran en este nicho. 



Según reza en el libro de enterramientos de la iglesia parroquial Nuestra Señora del Socorro murió un 23 de noviembre de 1949 "a consecuencia de disparos de armas. Fue sepultado en el Cementerio Católico de esta Aldea. No recibió Sacramento". Andrés Lobato era natural de Los Barrios (Cádiz), miembro de la Agrupación Guerrillera “Fermín Galán”, constituida en febrero de 1949 en la Sierra de Las Cabras, término de Jerez de la Frontera (Cádiz), al mando de Bernabé López “Comandante Abril”, el cual fue matado por la guardia civil de Medina Sidonia y Benalup el 23 de noviembre de 1949. Un mes y unos días más tarde murieron en el Cerro de la Atalaya,en Medina, "El Comandante Abril" Bernabé López Calle  y "el Capitán" Juan Ruiz Huercano. 




Su compañero Francisco Fernández Cornejo "Largo Mayo" los delató. Primero murió el   “Capitán” e hirieron a Bernabé quien cubrió la retirada de los supervivientes, incluido su hijo, y aguantó hasta que acabaron con su vida. Cargaron en un mulo los cuerpos de los dos guerrilleros muertos y a la vista de todo el pueblo, los arrojaron en una zona del cementerio de Medina Sidonia. Allí han estado enterrados hasta la actualidad. Tras varios conflictos en torno a los trabajos para la localización de los restos de estos dos guerrilleros entre el Ayuntamiento de Medina y el grupo  de Trabajo RMHSA de CGT.A y otros grupos memoralistas, el alcalde de Medina ha manifestado al Diario Público que a finales de enero comenzarán  las tareas de localización de la sepultura en la que se encuentran los restos de Bernabé López Calle y Juan Ruiz Huércano. Para el día 14 dichos grupos tienen convocado un acto de homenaje a los guerrilleros en el cementerio asidonense.



Aunque las coincidencias no se quedan ahí. Les une una característica común a todos los derrotados, la condena al olvido de los olvidados. “Ay de los vencidos”, ha quedado como la frase ideal para reflejar la impotencia del vencido ante el vencedor. La anécdota es conocida. Al final del imperio romano el jefe galo Breno sitió y derrotó la ciudad de Roma. En la negociación pactaron un rescate que consistiría en un botín de mil libras romanas en oro. Pero los romanos se dieron cuenta de que los galos hacían trampas con la balanza y les exigían más oro. Al protestar por ello Breno les lanzó su espada para añadirla al peso de la balanza y dijo aquello de: “¡Vae Victis!” 



Al igual que los derrotados en los sucesos, la represión, el castigo y el escarmiento de todo el movimiento campesino comarcal no solo se expresaron en forma de muerte, cárcel o juicios, sino que también mutaron en otras maneras persistentes en el tiempo. Las peripecias de los restos mortales de aquellos campesinos que intentaron solucionar el problema agrario y que solo sesenta años después de los hechos consiguieron que se les pusiera una lápida, el hecho de que no sólo estén en esos restos los del 33, sino también los que murieron de Alcalá en el 36, o algún maquis en el franquismo, la evidencia de que no aparezca ninguna mención a ellos, los de Alcalá, ni los nombres de los muertos en el 33 demuestra que los sucesos del 33, la guerra civil del 36 y el franquismo forman parte de una misma secuencia que condujo a los derrotados al olvido. ¡Ay de los vencidos!

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