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El olvido de los olvidados. 1

En la fotografía reunión campestre de los anarquista alcalaínos en peña Jarpa, en la segunda república. Archivo familia Perales

Por muy mediáticos que fueran los sucesos de Casas Viejas de 1933, por mucho que se quisieran utilizar para expulsar del poder a los socialistas y azañistas, por tantas conspiraciones que se inventen sobre ellos cada día está más claro que estos forman parte de un proceso que comienza con la llegada del Nuevo Régimen y la formación de Casas Viejas como pueblo y que se extiende hasta la actualidad, teniendo cuatro momentos culminantes.
Los primeros sucesos de Casas Viejas en 1915, los de 1933, la Guerra Civil y el franquimo, donde se consolida y se confirma la derrota que empezó a vislumbrarse en los otros tres momentos. 



No se pueden entender estos sin relacionarlos con la desamortización, la aparición de la propiedad privada, la pérdida de los bienes comunales y la proletarización y conversión en jornaleros de los antiguos campesinos autónomos y libres que tenían en estos bienes perdidos tras los repartos y las desamortizaciones del siglo XIX una de sus bases económicas. En este contexto es en el que se entiende la extensión del anarquismo en la comarca.




Según el censo  de 1917 de los 790 personas  declaradas con oficio 655 lo eran jornaleros en Casas Viejas, lo que representa el 83%, en 1905 la cifra de trabajadores del campo sin tierras, sin seguro, sin trabajo fijo era del 78%. Entre estos jornaleros se extendió como un reguero de pólvora la ideología anarquista. Las causas de ello son múltiples. Brey y Maurice lo relacionan con el hecho de que como los políticos liberales del siglo XIX no supieron resolver el problema de la tierra esto provoco “el fortalecimiento de la hostilidad de una gran parte de las masas hacia cualquier político”. Marcos Ramos lo entronca con las reivindicaciones de los campesinos de tierras a través de los repartos y marca su origen en el republicanismo del sexenio, concretamente en el la proclamación del cantonalismo anarquista de Medina liderado por Luis del Valle Marimón: “Que la idea de Gobierno autónomo, como hiciera Marimón en Medina en 1873, no había desaparecido lo prueban entre nosotros los sucesos de Casas Viejas…”. 
Por su parte García Rúa lo contextualiza dentro del descontento general de estos jornaleros ante las situaciones vitales a las que se enfrentaban: “… con una mano de obra jornalera sometida a paro endémico, a salario insufribles y a jornadas de trabajo interminables…”



Parece claro entonces que la extensión del anarquismo por la zona hay que relacionarla con la pérdida de los bienes comunales y el problema agrario subsiguiente. Así pasó en Medina, desde donde José Olmo introdujo el anarquimo en Casas Viejas en 1914 cuando fue expulsado por las huestes del marques de Negrón, el Tigre. Así también se extendió por Alcala, como lo demuestra la fotografía que acompaña a esta entrada,  donde anarquistas alcalaínos se reúnen en una excursión campestre en la Peña la Jarpia, durante la segunda República. 



Agustín Coca en un reciente artículo publicado en la revista de septiembre de el Topo, denominado El anarquismo y Andalucía lo establece claramente: “Las reivindicaciones jornaleras del siglo XX comienzan en el siglo XIX a consecuencia de la usurpación o el robo de una ingente cantidad de terrenos comunales… Fue en el XVIII y bajo la influencia de los pensadores ilustrados cuando se pone en marcha la justificación ideológica de lo que será el proceso desamortizador que se desarrolla en el XIX y XX. Cuando se mercantiliza la tierra y se vende a la nobleza o a la burguesía industrial y vitivinícola emergente. Cuando, en definitiva, se convierte a los propietarios colectivos en jornaleros. Cuando a las andaluzas y andaluces se les excluye del acceso a unos bienes en los que sus padres, madres y abuelas encontraron el sustento. Cuando el régimen de subastas imponga el pago de un canon sobre aquellos recursos agrarios que nunca fueron de nadie porque fueron de todos…"



Y es en ese contexto de subastas y repartos, de pérdida de los bienes propios y del común, que recordemos eran los absolutamente dominantes en Casas Viejas, es en donde surge el anarquismo. Sigue Agustín Coca en el citado artículo “El siglo XIX será testigo de un encarnizado enfrentamiento entre las poblaciones expropiadas y los beneficiarios del nuevo régimen latifundista. El «socialismo indígena» y la rebelión contra las privatizaciones se alentó con la difusión de las ideas anarquistas y, en muy en menor medida, socialistas, dando lugar a uno de los movimientos agrarios más combativos de la historia contemporánea europea. La aspiración a la tierra, la idea de autogestión de los recursos forestales y ganaderos, la pretensión de «no servir a nadie» no era un planteamiento futurista, no era una idea a la que aspirar, era una realidad coetánea que les había sido negada. Era el contexto en el que se enculturaron con sus paisanos y en el que situaron sus maneras de estar en el mundo. La expropiación de sus recursos se vivió como un robo”. 

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