headerphoto

Insurrecciones

Ayer muy de temprano me escribió por Facebook mi amigo Cecilio Gordillo comunicándome que el Diario.es había publicado un artículo donde había una referencia a Casas Viejas. Es un relato sobre las 24 horas en que estuvo proclamado el comunismo libertario en Villanueva de la Serena en 1933.
Durante el bienio progresita de la Segunda República la coalición gubernamental republicano-socialista se tuvo que enfrentar a una serie de insurrecciones promovidas por los anarquistas. La de Casas Viejas fue la más importante, represiva y mediática. La que aparece en el Diario.es pertenece a la tercera oleada, la de diciembre del 33, una vez que la derecha había ganado las elecciones y que tuvo como epicentro Zaragoza.



Me dice Cecilio que “para que el personal sea consciente que existieron otros lugares similares a Casas Viejas, aunque nunca con la represión que ahí se dio”Yo creo que lo mismo se equivocan los que pretenden estudiar los sucesos de Casas Viejas como algo que no tiene contexto espacial y temporal propio, como los que no conocen el contexto nacional y mundial en el que ocurrieron.



El 14 de abril de 1931 se proclamó la segunda república en medio de un clima de euforia y entusiasmo pocas veces conocido en la historia de España. Mucha gente consideraba que la Segunda República iba a ser la panacea que solucionara todos los problemas de España y la condujera a su definitiva modernización. En eso estaban de acuerdo la gran mayoría de los españoles, en lo que no coincidirían sería en los ritmos y profundización de las reformas. Se instaló en el gobierno una coalición de republicanos y socialistas que van a llevar acabo un esfuerzo modernizador y de reformas como no se había conocido en la historia de España. La oposición por la derecha fue clara y evidente desde el primer momento. Prueba fehaciente fue  el intento frustrado de golpe de estado de Sanjurjo en mayo de 1932. 



La CNT no lo tuvo claro desde el principio. El fervor y entusiasmo inicial por la Segunda República se materializó en la existencia de un sector de dirigente de la CNT –militantes veteranos, como Ángel Pestaña, del Comité Nacional; Joan Peiró, del Regional de Catalunya y Sebastià Clara, director de Solidaridad Obrera, entre otros–, que pensaron en que había que aprovechar la República y establecer cómo objetivo prioritario el fortalecimiento sindical para consolidar a la CNT como principal organización del proletariado dentro de aquel contexto de libertades, aunque se dejará al margen la finalidad revolucionaria de la Confederación. A Ángel Pestaña se le considera el máximo representante del sector reformista de la CNT. Pero rápidamente apareció otro sector de la militancia –representado por Juan García Oliver, Francisco Ascaso y Buenaventura Durruti,– que eran partidarios de aprovechar la República para hacer la revolución e impedir que  se consolidase el régimen democrático burgués. La estrategia estaba clara, había que impulsar el hecho revolucionario a través de la declaración de huelgas generales y del insurreccionalismo. En el debate entre los moderados de Pestaña y los más radicales faístas, se impusieron estos segundos, aunque los primero intentaron contrarrestarlos con el famoso manifiesto de los treinta. 



Así comenzaría un ciclo insurreccional, con tres picos, que empezaría en diciembre del 31, coincidiendo con la proclamación de la Constitución del 31 y terminaría en diciembre del 33 tras la derrota electoral de la izquierdas, con la abstención mayoritaria de los anarquistas, pasado por enero del 33, donde Casas Viejas se iba a convertir en la tragedia de la Segunda República. 



El 21 de diciembre de 1931, en la localidad pacense de Castilblanco, los campesinos mataron a cuatro guardias civiles. La aldea entera había intervenido en los hechos y no hubo manera de discriminar responsabilidades personales. Pero unos días después, el 5 de enero, la  guardia civil reprimiría una manifestación con el resultado de 15 muertos y un centenar de heridos. Se hizo por entonces famosa una frase del director general de la guardia civil, general Sanjurjo: “La guardia civil es el alma de España”.  Dos semanas después se produce el levantamiento armado de la cuenca del Alto Llobregat, en Cataluña. El 18 de enero mineros y obreros textiles se hicieron con el control de sus centros de trabajo y se adueñaron de Figols, Berga, Cardona y otras poblaciones, donde proclamaron el comunismo libertario. El Gobierno  reprimió duramente el movimiento mandando al general Batet. 



El segundo brote comenzó en diciembre del 32. La Federación Nacional de Industria Ferroviaria de la CNT (FNIF) acuerda convocar una huelga general ferroviaria que iniciaría una insurrección. El 8 de enero ante el retraso del inicio de la huelga ferroviaria y la presión policial en Barcelona se acuerda comenzar la insurrección. Hubo revueltas en Cataluña (Barcelona, Tarrasa y Lérida), pero también en el campo levantino, aragonés y andaluz. Dentro de Andalucía en Casas Viejas también los dos sectores del anarquismo polemizaron sobre la idoneidad de participar en la huelga general. El grupo de los moderados, militantes veteranos como Monroy, Sopas, Curroestaca, Juan Estudillo… era partidario de no participar. Pero se impusieron las tesis de los faistas, de Gallinito, de Pepe Pilar, de Quijada, de Pepe Pareja…Precisamente sería en Casas Viejas donde la represión se hizo más feroz y mediática. Pero no se trató solo de una represión física (concretada en las 28 víctimas mortales y más de presos), sino que se inicio un proceso de ninguneo a las víctimas y manipulación que ha llegado hasta la actualidad. No es casualidad que las fotos que haya sobre Casas Viejas no corresponden al momento de la revolución, sino de la represión. 



El tercer pico de este ciclo insurreccional corresponde al artículo del periódico con el que empecé la entrada de hoy. Fue una huelga general revolucionaria que tuvo su lugar central en Zaragoza, pero que se extendería por todo Aragon, la Rioja, Andalucía, Cataluña y Extremadura. Precisamente sobre Villanueva de la Serena es el artículo que me sirve de pretexto para este post. Comenzó en Zaragoza el 8 de diciembre de 1933,  coincidiendo con la apertura de las Cortes republicanas tras la victoria electoral del centro-derecha del Partido Republicano Radical encabezado por Alejandro Lerroux y de la derecha católica de la CEDA. Una semana después, el 15 de diciembre había sido completamente dominado y reprimido. 



Precisamente por esa fecha se encontraba en Zaragoza el casaviejeño Juan Sopas. Junto con Curroestaca, el único que había escapado de la prisión posterior a que fueron sometidos todos los campesinos participantes en Casas Viejas y cuyo atrevimiento y osadía le iba a costar bien caro. Ya que cargaría con el sambenito de la conspiración y la traición para el resto de su vida. Otro ejemplo mas de lo injusticia y la maldad con la  que ha tratado la historia a los protagonistas de los sucesos. Precisamente Juan Sopas le cuenta a Mintz: “En Zaragoza, sugerí que no salieran, que sería otro Casas Viejas, pero marcharon de todos modos. En Zaragoza, declaré entre varios compañeros: No hay ninguna región ni población en España preparada para hacer una revolución, y yo conozco todos los pueblos, porque los he visto. Lo único que puede pasar suceder es una masacre, como en Casas Viejas. Cuando dije eso, se callaron como si una tonelada de nieve les hubiera caído encima. Ellos sabían que yo era de Casas Viejas y que tenía razón. Me llevaron a la estación de ferrocarril y me metieron en un tren. "Sigue tu camino. No hables aquí de estas cosas" Tenían miedo porque sabía que esto sentaría mal a otros. La República era una oportunidad de hacer algo bueno, pero había perdido”. Según la Wikipedia el balance de esta insurrección de diciembre del 33 fue: “ 75 muertos y 101 heridos, entre los insurrectos, y 11 guardias civiles y 3 guardias de asalto muertos y 45 y 18 heridos, respectivamente, entre las fuerzas de orden público.”



Después vino la revolución de octubre (en Asturias) y la Guerra Civil donde republicanos, anarquistas y socialistas tuvieron que combatir y perder juntos frente a los rebeldes. Habría mucho que discutir si esa derrota se empezó a fraguar en el bienio progresista, cual fue el papel en ella de los brotes revolucionarios comentados y las responsabilidades en el fracaso de ambos bandos, uno más moderado y otro más radical. Lo cierto es que yo siempre que me acerco a esta polémica me acuerdo del proverbio africano que dice: "Cuando dos elefantes se pelean quien más sufre es la hierba que pisan". Y a lo que pasó y está pasando me remito. No puedo terminar este post sin darle las gracias a Cecilio Gordillo por acordarse de mí, dándome pie a que escriba este post y emplazarlo a un vino que tenemos pendiente. La esperanza es lo último que se pierde.

0 comentarios: