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Los movimientos migratorios en Benalup-Casas Viejas. Válvula de escape y soplo de aire fresco.El siglo XIX. 4

Foto Diario de Cádiz

A principio del siglo XIX vivían en esta zona poco más de un centenar de personas en poblamiento diseminado. A finales de siglo aquellas casas dispersas, "viejas", se han convertido es una población estable con más de mil doscientas personas. Es decir, que durante el siglo XIX asistimos a la consolidación de Casas Viejas como población estable, pasando de un hábitat diseminado y disperso a otro concentrado. Pasamos también  la denominación oficial de pago a la de aldea, consolidándose también la denominación de Casas Viejas. 




La formación del pueblo está ligada a la desamortización y la aparición de los latifundios clásicos que necesitan una abundante mano de obra. Ellos atraen a pobladores que se establecen en chozas de forma provisional y de diversas maneras perpetúan su presencia en el pueblo. Pese a las reticencias de la administración municipal asidonense a estos “forasteros” y a los que por todos los medios trata de impedir la proliferación de las chozas el crecimiento del pueblo se hace imparable. Al principio en pésimas condiciones, a partir de los setenta del siglo pasado la modernización también llegó a esta zona. 



También son estos latifundios los que atraen a segadores para la campaña estival, echando muchos de ellos sus raíces en estas tierras. Se trata de gente de la sierra de Málaga, Cádiz, Granada, Almería…, donde abunda la pequeña propiedad, que necesitan monetarizar algunas de sus actividades económicas y se someten a estas emigraciones temporales. En resumen, por un lado son asidonenses que se establecen en estas tierras para trabajar en esas explotaciones agrarias y por otro son segadores, sopacas se les llama en el argot local, que vienen a la siega del cereal en el verano y que algunos se establecen aquí definitivamente completando su economía con el carbón en el invierno y prácticas de economía depredadora.

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