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Los años de la Ballena, El misterio del pozo masconato. 2

Pero es a partir de la página 210 cuando aparece la historia de Jacobo Rodríguez, que si el nombre es inventado, es real, según puedo comprobar todo lo que cuenta.
“ Me llamo Jacobo Rodríguez Morales, nací en Casas Viejas, ahora Benalup de Sidonia, el día 18 de octubre de 1919, hijo de una familia pobre pero muy honrada. Nunca tuve ocasión de ir a la escuela porque éramos muchos hermanos. A los siete años tuve que irme a guardar ganado, y desde entonces siempre en el campo, trabajando en todo tipo de faenas. En el  año treinta y tres fueron los sucesos de enero. A mi padre y a mi hermano el mayor los metieron en la cárcel (busco y confirmo ambos casos en mis datos) y mi madre cayó enferma, muy enferma. Con tres años tuve que hacerme cargo de la casa y de cinco hermanos más pequeños cogiendo espárragos, tagarninas y lo que encontraba para poder traerles el pan. De esta forma transcurrieron cuatro meses hasta que salió mi padre en libertad. Por lo menos ya estábamos los dos y empezamos a luchar juntos. A poco a poco fue mi pobre madre recuperándose aunque nunca quedó bien… 



A los dos años salió mi hermano de la cárcel y a los tres meses se lo llevaron al ejército y cuando estaba a punto de cumplir el servicio militar saltó la guerra civil en julio de 1936. A él le cogió en la parte republicana y a mi me cogió en Benalup. Yo sólo tenía dieciséis años y como no estaba mi hermano quisieron vengarse de mí los falangistas. Me amenazaron de muerte si no se presentaba, así que tuve que coger y marcharme a la sierra antes de que me mataran. En la sierra pasé de todo: hambre, frío, miedo y toda clase de calamidades, hasta que pude llegar a Jimena de la Frontera donde estaban las fuerzas republicanas a las que me uní nada más llegar. Allí estuvimos unos diez días, pero nos ordenaron continuar para adelante y llegamos a Casares donde permanecimos dos días más. Al que hizo tres nos dijeron que teníamos que continuar hasta Estepona donde permanecimos aproximadamente quince días. Entonces el comité de Estepona nos ordenó llevar un parte a otro compañero y a mí hasta Jimena. Fuimos y lo entregamos y entando en Jimena decidimos volver a Casas Viejas para ver como se encontraban nuestras familias. Vinimos pasando muchas peripecias pero conseguimos llegar teniendo que atravesar las dos líneas de fuego por la sierra. Pasamos lo que no está en los escritos. 



Total, llegamos y nuestras familias estaban regular, les habían molestado mucho más de lo que nadie pueda imaginarse, pero en fin, estaban vivos. Lo que se formó en mi casa al verme aparecer, pero en fin, todo se soportó. 



Allí estuve dos días escondido, y ahora viene lo bueno, a los dos días tengo que decirle a mi pobre madre: mamá no puedo estar aquí más tiempo porque de lo contrario me cogerán y me matarán. Pues ya os podéis figurar la escena que en mi casa se formó, viendo que me iba y sin saber si me volverían a ver. Todos esos traslados teníamos que hacerlos andando de noche y por medio de la sierra, total, a los dos día,  al amanecer, nosotros dando vista a Jimena y de pronto oímos los primeros disparos. Las tropas de Franco habían salido del pueblecito de Castellar hacia Jimena también… Estuvimos en la sierra, de día escondidos y de noche navegábamos y comíamos bellotas verdes de alcornoque, así durante un mes, hasta que ya nos era imposible soporta esa vida y decidimos volver a nuestras casas. De noche navegábamos y de día agazapados como los conejos, metidos en el boquete que encontrábamos hasta que por fin llegamos de nuevo a nuestras casas, y al llegar ya podéis figurarse, la escena no se sabía si era de alegría o de tristeza pero en fin, todo se pudo soportar. 

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