Las dos Isabeles Montiano. Y 3

Isabel Montiano Cabeza, del facebook Historia de Benalup-Casas Viejas en imágenes
La otra Isabel Montiano, la suegra de esta y también familiar, fue la mujer de Gaspar Zumaquero Vera. La segunda Isabel Montiano de esta serie, aunque en este caso de segundo fuera Cabezas y hubiera nacido en Casas Viejas el 29-7-1880.
De ella Mintz cuenta en los anarquistas de Casas Viejas: “Gaspar Zumaquero, un albañil de cuarenta años de edad… Era un  artesano diestro y un hombre sensible de buena vountad que tenía una vivaz personalidad. Zumaquero era bajo y grueso; era un hombre feliz al que gustaba conversar e intercambiar chistes. Su elegante mujer, Isabel Montiano, un poco más alta que su marido, también destacaba por su simpatía”. 



En la sociedad tradicional lo mismo que los ricos se casaban con los ricos y muchas veces lo hacían dentro de la misma familia, como ocurrió en el caso de los Vela y Espina, los pobres también lo hacían con los pobres y dentro de su propia familia, por eso abundan en esta los apellidos Zumaquero Montiano y los nombres Gaspar, Balbino, Andrés …



Isabel Montiano Cabeza se quedó viuda en 1915, con cuatro hijos Francisco (el suegro de Isabel Montiano Cozar), José (Tres cuartillas), Balbino (muerto en el 33) y María. Además crió a una sobrina pequeña que murió muy pronto. También se va a ser cargo de Gaspar y Andrés, sus nietos, hijos de Francisco e Isabel. Una vida dedicada a sacar hacia adelante a su familia limpiando casas y amasando pan. Sufrió como madre y también como abuela y tiró hacia delante de una familia de base ancha, como era tradicional en aquella época. Se me viene a la memoria la frase de mi abuela que decía “lo que hace falta es que Dios no nos mande lo que somos capaces de aguantar”. Todo ello en el más absoluto de los mutismos. En la familia se optó por el silencio, como una manera de sobrevivir a una realidad que no se podía transformar. 



A Isabel Montiano Cózar la enterraron en el cementerio de los Barrios en 1943 y su caso solo se comentaba en la intimidad familiar. Su hijo Gaspar, al final del franquismo, en 1974 mueve cielo y tierra para traerse los restos al cementerio de Benalup. En 1992 continua con las gestiones sobre los restos de su madre y la minuta del abogado le cuesta 181.260 pesetas. 



La versión que se extendió de la muerte de Isabel Montiano Cózar fue la del accidente. En la familia se impuso el tabú, el intento fallido de olvido y el no hablar sobre todos estos hechos, los del 15, los del 33 y los de la postguerra. Recuerdo que en el libro de La Tierra (2005) tuvimos problemas con  una foto que afectaba a esta familia pues se refería al contrabando. Me cuenta un miembro de ella que cuando en el noventa participó en la obra de teatro de los sucesos tuvo que decirle la mentira piadosa a su abuelo de que ella solo era la maquilladora. Por eso me parece tan justo y necesario que historias como las de Gaspar, Balbino o las dos Isabeles salgan a la luz, aunque muchos años después. Es una forma de restitución, de recuperar la dignidad robada. Entiendo que después de tan abultada derrota algunos familiares prefieran no airear. Pero el aire es necesario para cicatrizar las heridas. Dice una frase hecha que “es indigno eludir las batallas necesarias”.



La historia siempre se ha dicho que la escriben los vencedores. Por eso siempre aparecen hombres y privilegiados como protagonistas. Pero las mujeres y los no privilegiados forman parte también de la historia, aunque se lleven la peor parte. No son naturales ni lógicas las circunstancias por las que tuvieron que pasar estas dos mujeres. Pertenecientes a la misma familia, al mismo contexto y a las mismas injusticias. Por eso son los humildes los que más necesitan la historia para comprender que la situación por las que atraviesan no tiene nada de natural ni de lógica y que el olvido y el silencio forma parte de la estrategia vencedora.  
Isabel Montiano Cózar


Este post es el fruto de una foto que colgó Antonia Montiano Grimaldi en el Facebook La historia de Benalup-Casas Viejas en imágenes. La verdad es que he aprendido mucho y he disfrutado más. Quiero agradecerle su valentía y todas las facilidades que me ha dado para poder publicar este post. Solo me ha faltado conseguir una fotografía de Isabel Montiano Cabeza. La esperanza es lo último que se pierde.

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