Jerome Mintz, un andaluz en Indiana. Fiestas y sociabilidad. 6

Jerome Mintz utiliza la fotografía como herramienta y como fuente de sus estudios antropológicos, pero no por ello muchas de estas imágenes dejan de tener un alto valor artístico. Enfoca su cámara hacia un sinfín de situaciones de la realidad social que le pasa por delante o que él busca con el interés propio del antropólogo. Ello posibilita que cuarenta años después, al carácter científico con el que fueron realizadas, haya que añadirle su potencialidad histórica y documental.




Como el resto de las fotografías de esta exposición, la mayoría de ellas son de la provincia de Cádiz (Benalup de Sidonia la inmensa mayoría, Alcalá de los Gazules, Trebujena, Medina Sidonia, Vejer de la Frontera…) pero su significación y vocación es andaluza. Como sentenció Borges: «Si el espacio es infinito estamos en cualquier punto del espacio. Si el tiempo es infinito estamos en cualquier punto del tiempo».




Dice Mintz en coplas de carnaval: "El pueblo de Trebujena está situado en el rincón noroeste de la provincia, en la comarca vinicultora de Jerez  Según las narraciones orales, el carnaval se ha celebrado en Trebujena desde,  por lo menos,  principios de siglo.   Los autores del carnaval del pueblo quedaron en silencio tras la prohibición franquista de 1937, pero cuando el carnaval se renovó en la capital,  en los años 50,  como Fiestas Típicas, los aficionados de Trebujena encontraron rápidamente su voz". En la fotografía de principios de los setenta la agrupación Los hortelanos. Liderados por Nicolás Caballero, El Porrero, una de las grandes figuras históricas del carnaval de Trebujena.





Las procesiones religiosas como instrumento religioso, festivo y fomentador de la sociabilidad llamaron mucho la atención al antropólogo americano. En la fotografía un desfile procesional a su paso por la calle más importante del pueblo; la calle San Juan. Precedidos por un grupo de muchachos en el que se reconoce a un jovencísimo Leonardo, el cura bajo palio va acompañado de las autoridades civiles y militares del pueblo. Después el resto del pueblo separados por sexos. Al final la banda de tambores y cornetas de Don Eufrasio.






En la fotografía una partida de mus en el bar de Juan Gómez, aparece Pedro Montes de Oca, los hermanos Grimaldi, Manuel Dávila Rossi “Balilla”, Andrés “ el de Adela” y Antonio Mañez “el Bombona”. Los amigos están jugando una partida de cartas, concretamente al mus, como se observa por las anotaciones que se hace con la tiza en la mesa de madera. Salvo Andrés "el de Adela", todos los jugadores están dentro de la partida de cartas, ajenos a la cámara de Mintz.





La instantánea es una fotografía de un desfile de gigantes y cabezudos en las fiestas de Vejer de la Frontera a principio de los setenta. Estos gigantes y cabezudos desfilaban animando y bailando, al mismo tiempo que perseguían a la muchachada. Como se ve en la fotografía, los gigantes son figuras de varios metros de altura portados por una persona. El que lleva el gigante hace girar y bailar el gigante al son de una banda popular de música.  Mientras que en los "cabezudos", de menor altura, se destaca la proporción de la cabeza, dando un efecto más cómico. Normalmente, desfilan en parejas de gigante y giganta, como también se ve en la fotografía. Las figuras están realizadas en cartón-piedra.





Los hombres comían directamente en el dornillo, según la fórmula de "cuchará" y paso atrás. El fotógrafo Mintz contaba en Los anarquistas de Casas Viejas, que unos señoritos comiendo en un cortijo se planteaban como los jornaleros podían comer a base de “cuchará y paso atrás” en los dornillos, cual cochinos en el monte o en la zahúrda, todos a la vez. Llegado esto a oído de los jornaleros, revotaban la pregunta pero con la coletilla de que los señoritos no podían comer en los dornillos, porque sus cuernos se lo impedían y así tenían que hacerlo en un plato individualmente. En la fotografía aparece un grupo de corcheros en el momento de la comida. Es un acto colectivo, en un dornillo común; existía la  costumbre de establecer descansos en el ritmo del ir y venir al dornillo para llenar la cuchara, era el “bolo”, estas paradas se aprovechaban para repartir el vino, si lo había.





Esta foto está realizada alrededor de la primavera de 1970. En ella se puede ver a Miriam Mazo y a los niños de la escuela del la capilla del Tajo, la escuela unitaria mixta. Miriam perteneció a la comunidad franciscana misionera de Maria Auxiliadora de Suiza, aunque ella conoció  la orden en su Colombia natal. Vino con otras cuatro monjas, dedicadas a la enseñanza y a labores sanitarias, además de colaborar en la iglesia con el párroco de aquel momento, Jesús Barberán. En esta escuela del Tajo, apartada del pueblo, era el único lugar donde los niños y las niñas estaban juntos en una misma aula. La mayoría de los niños al terminar los tres cursos de primaria, iban a trabajar al campo y eran pocos los que seguían sus estudios en el colegio Padre Muriel 




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