Jerome Mintz, un andaluz en Indiana. Fiestas y sociabilidad. 7



En este apartado sobre fiestas y sociabilidad se han seleccionado un conjunto de fotos sobre temática diversa: conversaciones y partidas de cartas en los bares -hombres-, transporte del agua desde las fuentes públicas a la casa -mujeres, cuando participa el hombre lo hace a lomos del burro o del mulo-, comidas de  corcheros por el tradicional sistema de «cuchará y paso atrás», juegos de los niños en la calle, etc., todas ellas con un fuerte papel socializador. También tienen cabida las procesiones y romerías religiosas, los usos y costumbres relacionados con la ganadería, con el transporte, con la venta ambulante o con el duelo (velatorio). Especial interés tuvo para Mintz la cultura popular desarrollada en torno al carnaval. Sobre éste afirmaba que es «una fiesta que celebra la vida y los sentimientos de los andaluces por medio de coplas».








La barriada El Tajo está construida sobre una vía pecuaria: el padrón de los arrieros. Como tal, se mantuvo hasta los años ochenta del pasado siglo, en que el Ayuntamiento la incorpora al casco urbano y empieza a dotarla de servicios. Allí, desde la década de los treinta iban colocando sus chozas los jornaleros que llegaban al pueblo en busca de trabajo en los latifundios cercanos. Su condición de vía pecuaria justifica la imagen de las vacas conducidas por vaqueros. Las que vemos en la foto, son muy rústicas, no están seleccionadas. Cabezas grandes, encornaduras muy desarrolladas, huesos fuertes, patas muy largas, culata poco pronunciada, lomo estrecho... son las características de animales criados sin un criterio de selección encaminado a una mejora productiva.





Los velatorios tradicionales en las casas del difunto era propia de la sociedad tradicional. En este caso Mintz fotografía el de la familia Cortabarra en la calle Nueva. En la puerta había familiares del muerto y luego aparecen tres mujeres; Antonia Salcedo Fernández, “La Manijera”, que sostiene un niño en brazos,  Agustina Cabeza Olmedo  y su hija María Serrano Cabeza.



La parada en el Chorro Grande era obligatoria, porque tanto para entrar como para salir del pueblo, aprovechaban la fuente para dar de beber a los animales de carga, por eso, el bar que había junto a ello, el bar del "Cojo Gómez" era un lugar de encuentro importante. Tenía al lado un “lavaero” y después también hubo una herrería. La panadería de Adela cercana también atría a muchas personas a esta zona. Es decir, en una sociedad donde no había agua potable en las casas, la fuente más importante del pueblo era un centro de socialización, tanto para hombre como mujeres, de primera magnitud. En la fotografía una vecina recoge agua del Chorro grande mientras que los hombres que están en la puerta del bar la observan. La escena resulta de un tipismo y una cotidianidad asombrosa.


En la fotografía, el "pescadero" pesa y vende pescado a una mujer en la calle Medina. Pedro Cózar Garcia Periquillo el del pescao iba a Algeciras por el pescado en bicicleta luego en moto, vehículo que aparece en esta foto. La venta ambulante no se limitaba a un día a la semana, sino que era una práctica habitual en la sociedad tradicional.




En los herraderos de los toros bravos coincidían trabajadores, guardias civiles y el veterinario. En este de la familia Espina aparece Manuel Moreno, Demetrio, Melón, el torero Rafael Ortega, el guardia Lozano y el veterinario José Romero Bohollo. Aprovechan el Land Rover de este para dar cuenta de las viandas. De nuevo la cotidianidad y la normalidad se convierten en el objeto fundamental de la cámara del Americano.






En la fotografía aparece la puerta del bar de Luis Cepero, actualmente El Pajarito, los parroquianos son Arsenio Gutiérrez, Zoquete, Manolo Mañez y Antonio Calvente. Están sentados tranquilamente pasando  el rato. Solo hay dos vasos de café en una de las mesas. Las terrazas de los bares, en un lugar con un clima tan benigno como este, siempre han sido lugares de socialización. En este caso se trata de personas mayores y de hombres.
       


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