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Jerome Mintz, un andaluz en Indiana. La vida cotidiana. Y 11



Esta sección está compuesta por una serie de fotografías que registran la vida diaria. Mintz retrata a los niños en la escuela, en la miga (escuela infantil no oficial propia de algunas zonas rurales) o jugando a las afueras del pueblo, y a los mayores charlando, que pueden parecer tópicos de los pueblos españoles de la época. También recoge instantáneas de hombres llenando el tiempo de nada en la esquina de un bar cualquiera. Las mujeres aparecen barriendo, lavando o cosiendo a la sombra de la parra, también en la choza mientras escuchan la radionovela. El viejo rol de la mujer tradicional, que ya ha desaparecido en el mundo del que proviene Mintz, está en trance de hacerlo en la sociedad que él retrata. Ese proceso radical de cambio y transición genera dualismos extremos, como en la fotografía donde una mujer vestida a la manera tradicional examina detalladamente a otra ataviada con ropas más modernas. 






Juana Sánchez barre la puerta de su casa en la calle San Elías. La casa de teja forma parte del patrimonio de Pepito Fernández, en ella vivió mucho tiempo la familia Reyes Sánchez. Esta era otra tarea típicamente femenina. Además, al barrendero municipal ni se le esperaba. Llama la atención el estado de la calle, sin asfaltar, en el
mismo centro del pueblo, junto a la Iglesia y la Alameda y con vecinos de alcurnia. Las tareas domésticas que tiene que realizar la mujer son una lista inacabable de pequeñas tareas no especializadas, pero que suplen infinidad de trabajos externos como el de limpiadora, enfermera, cocinera, planchadora, pedagoga, etc. 




La estancia de Mintz en Benalup de Sidonia coincidió con la época en la que la sociedad tradicional empezaba a desaparecer. Durante mucho tiempo coexistieron elementos de la vieja y la nueva sociedad. Esa ruptura del bloque monolítico tradicional, esa convivencia de elementos muy nuevos, con otros muy viejos es lo que refleja esta fotografía de Mintz donde una mujer ataviada del luto tradicional, incluido el pañuelo a la cabeza observa a otra con vestimenta más moderna. Lo importante no son las caras, ni los gestos, ni el pose, sino el dualismo existente entre una sociedad que desaparece y otra que está llegando.




Desde la carretera Mintz observa como unas mujeres lavan en un riachuelo. La mayor con una tabla de madera se acompaña de un barreño de cinc. La niña lo hace con uno de plático. El niño las acompaña y juega distraidamente con el agua. La foto está realizada a principio de los setenta, en la sierra gaditana, cerca de Grazalema. La escena denota que el agua potable y los electrodomésticos todavía no están generalizados en estos hogares.




Foto de principios de los setenta en Vejer de la Frontera. La iglesia del fondo es la parroquia Divino Salvador. Al fondo a la izquierda la casa grande que se ve es la del marqués de Tamarón. La fotografía está realizada desde la calle Pita y se observa la calle Santísimo que baja hacia la calle de la Hoya donde a la izquierda está la cilla vieja o graneros.




Un grupo de hombres pasa el tiempo en la puerta de la plaza de abastos, mientras que las mujeres compran en su interior. La cotidianidad de la escena es uno de los valores de esta fotografía. Otro es que como esta plaza de abastos se destruyó en el año 1975 quedaban muy pocos testimonios de ella, siendo esta fotografía uno de los mejores, por tanto constituye todo un documento histórico. 




La fotografía está realizada a la salida o entrada del pueblo por la carretera del Castaño. El edificio de la izquierda con ventanas verdes es el antiguo Silo, edificio de la familia Vela que en la actualidad se encuentra cerrado y contiguo al bar Floren. Como se puede observar claramente, el asfalto brilla por su ausencia y la carretera es de tierra. Es de suponer un intenso tráfico, al menos de
bestias. No hemos conseguido localizar los niños que aparecen en esta fotografía, al igual que las personas que lo hacen en la foto de la plaza de abastos, así que si alguien lo sabe se agradece la colaboración.




En la fotografía María Teresa Durán y su madre Alfonsa Bello, en una choza en la calle Paternilla. Debido a que las condiciones climatológicas lo permiten la mayor parte del año, la vida en la puerta de la choza tiene mucha importancia. El emparrado posibilita una temperatura fresca y agradable para realizar allí almuerzos durante el día y reuniones familiares y de amigos. Las flores es otro elemento fundamental en estos ranchos. Las mujeres las cuida con especial esmero e interés, pues reflejan limpieza, vida y dan colorido a las chozas. Las siembran directamente al pie del cercado en su parte interior, en latas, macetas, cubos, o cualquier tiesto susceptible de ser reciclado.




En esta fotografía ya de principios de los setenta observamos como la gañanía clásica ha dejado paso a otro tipo de estancias. En este caso se ha habilitado en una nave agrícola espacio para que los trabajadores puedan dormir allí.



Y con esta serie terminamos el análisis de las 65 fotografías de la exposición Jerome Mintz, un andaluz en Indiana que tuvo lugar en el museo de usos y costumbres de Sevilla y que ahora se encuentran permanentemente expuestas en el Centro Cultural Jerome Mintz. Si alguna vez se considerará oportuno acompañar a estas fotografías de su correspondiente explicación me sentiría muy satisfecho.




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