Jerome Mintz, un andaluz en Indiana. El mundo del trabajo. 8

Mintz presta especial atención y dirige su objetivo a la economía rural de los años sesenta y setenta del pasado siglo, todavía muy tradicional pero sometida a grandes cambios dentro del proceso de crisis de la agricultura tradicional. Especial significación tienen los trabajos del campo relacionados con la agricultura, la ganadería o las actividades forestales (carbón, corcha …) donde la familia es el agente económico fundamental,  mujeres y niños incluidos, pero con el protagonismo del hombre. La presencia de los niños es relevante porque, abandonados muy pronto los estudios, forman parte de la unidad familiar de producción. Destacan también la presencia de actividades económicas ligadas con el mundo artesanal, como «el afilaor», el basurero o los zapateros. 



En la fotografía parece Francisco Aragón Brenes, El Noventa repartiendo picón, ayudado por unos niños, los cuales ayudaban a los mayores en las tareas necesarias desde temprana edad, bajo la mirada atenta de su mujer. Otro elemento típico de la época y que aparece en la fotografía es el asno. Estos no  sólo tenían un importante papel agrícola y ganadero, también cumplían una función imprescindible en el acarreo y reparto de mercancías entre núcleos  de población o en el interior de éstas. Hasta que se generalizó el uso de camiones y furgonetas, los asnos fueron el medio de transporte de los materiales de construcción, de vinos y refrescos, del pan, o del carbón y el picón, elementos indispensables para cocinar y calentar las viviendas en los crudos días invernales.El carbón, hasta los años sesenta, fue un monocultivo productivo de la zona, sobre todo en invierno. Era la única fuente de energía disponible.





La calle no sólo era el lugar de socialización de los niños, sino también el lugar donde algunos artesanos establecían su taller, como muestra esta fotografía de Emiio el Latero. En la fotografía vemos como Emilio arregla un barreño de cinc, bajo la atenta mirada de la muchachada. Entre los niños que observan al artesano trabajar –¿por curiosidad, por dar la lata...?– se pueden distinguir, entre otros, a Alfonso Vela El Tato, Patricio Herrera y a Antonio El Molinero.




La participación de la mujer en las faenas agrícolas estaba bastante extendida, sobre todo en la recogida del algodón en la que participaban familias enteras incluidos los niños. En la fotografía, cuadrilla de mujeres escardando remolacha en las vegas de Las Lomas. Nótese como incluso a la hora de confeccionar las cuadrillas, la separación de sexos era estricta. Como escribió Mintz en Los anarquistas de Casas Viejas: «en esta región, las mujeres no trabajaron en el campo hasta los cincuenta, cuando se popularizó el cultivo del algodón. Algunas madres de familia trabajan de costureras en su propia casa. Otras criaban gallinas y vendían huevos. Las hijas, que trabajaban de sirvientas, incrementaban con sus ganancias el salario familiar o ahorraban para comprar su ajar por sí mismas para su futuro matrimonio». 




La fotografía recoge un momento de la tarde cuando los hombres, incluidos niños, regresan al pueblo provenientes de la vegas cercanas. La instantanea recoge el momento en que estos hombres se acercan al Tajo. Mientras unos suben la cuesta, otros la bajan en bicicleta, el medio de transporte dominante en el trabajo en el campo en esa época. Estos niños y hombres vestidos con ropas propias del trabajo y con sus herramientas correspondientes constituye una estampa muy típica de una época donde la mayoría de la población era jornalera. Etapa que estaba llegando a su fin.




La fotografía capta el final de una jornada de trabajo recogiendo algodón. Tres hombres y un niño depositan el último saco en el remolque que a continuación llevará el algodón al cortijo. Un amplio grupo de los que han participado, en su mayoría niños, esperan el momento de volver a casa. Hemos reconocido a alguno de estos, son los hermanos Rojas, Villarrubia, Francisco González Vidal, Andrés Montiano, Joselito Vargas, Becerra... La mayoría de los niños charlan entre ellos o miran como cargan el saco en el remolque, pero hay cuatro que se han percatado de la presencia de Mintz y miran directamente a la cámara.




En la fotografía,  Ricardo Marín, Ricardito el de la huerta, está alimentando a los cerdos. Ricardo tiene una vara larga en la mano que la utiliza para derribar bellotas del alcornoque que son uno de los principales alimentos de estos cerdos. «Del marrano, de la cabeza al rabo» dice un refrán popular. Y nada más cierto pues rara es la parte de su cuerpo que no es utilizada por los humanos. Del cerdos hasta los andares, dice otro refrán. En la fotografía aparecen cuatro cerdos ibéricos. Este tipo de cerdos eran muy típicos en la cena, posteriormente la peste porcina los hizo desaparecer prácticamente.




Era muy común que las familias tuvieran pequeñas explotaciones ganaderas, sobre todo de cabras, como la que vemos en esta fotografía de Mintz. Juan Castro y su hijo José María están ordeñando las cabras ante la mirada de la mujer del segundo, Dolores León. Detrás, un baldo de carrasca. Este baldo era utilizado como separador de patios, también como protector de vientos y animales en huertos. La familia Castro era la propietaria de este rancho serrano en el que se combinaban formas de explotación productiva (ganadería y agricultura) con otras depredadoras (recolección de frutos y cacería).





Aunque la mayoría de las fotografías de la exposición pertenecen a Benalup-Casas Viejas no faltan las de otros pueblos gaditanos. En este caso aparece una fábrica de Ubrique donde se forran botellas y porrones de cuero. Dos niños se afanan en la labor mientras que son vigilados y observados por la atenta mirada de un adulto. El trabajo infantil muy frecuente en la provincia en esta época llamaba mucho la atención a Mintz. 

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