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El pregón de Don Eugenio Espinosa. Las fiestas tradicionales. 5

Después vuelve Eugenio Espinosa a la antropología, a la historia, a las tradiciones y se centra en las fiestas. Su testimonio se convierte en una fuente histórica al ser un repaso detallado y concreto de los distintos festejos a través de las diferentes estaciones del año. Así en el invierno Navidad y los carnavales, en primavera Semana Santa y Yeguada y en verano San Juan, fiestas patronales sin patrón y la fiesta de la caridad. En una época de tremendo carácter religioso como la que narra, además de estas las hay de espíritu más pagano como las del carnaval, Yeguada, San Juan o las veladas de julio. Como ocurrió en el relato de su infancia, el paseo por las fiestas le sirve para dejar constancia de una serie de personajes emblemáticos en la vida del pueblo, como Luis Torrijas, Joselito el de Larita, Andrés el Pito, Joselito el Vejeriego, Angelín, Paco Monería, Antonio Gallardo, Juan Fogarín, Polvarea, Alfonsito el de Pérez o el  Padre Muriel.




Dice así: Tampoco podemos olvidar tus fiestas: las fiestas han sido en todos los tiempos el exponente del sentir de los pueblos que determinan su historia y son fiel reflejo de su idiosincrasia y personalidad.


Aquellas Navidades señeras con su Misa del Gallo en las que no cabía en la Iglesia ni un alfiler y con Nacimiento que instalaban en la Escuela Arriba Luis Torrijas y Joselito el de Larita.


Los carnavales con las comparsas del Pito, Joselito el Vejeriego, de Angelín, de Paco Monerías, de Antonio Gallardo, de Juanillo Fograrín y otros tantos.


La procesión del Nazareno que el Jueves Santo salía a las calles engalanada alfombradas de juncias, tomillo y romero y con los altares instalados para recibir la presencia del Dios Vivo en una Hostia de pan.


Y la Fiesta de la Yeguada donde nos dábamos cita todos los benalupenses bajo los frondosos pinos y que nos desplazábamos en el camión de Polvarea para celebrar la festividad de San Isidro Labrador Patrón del Instituto Nacional de Colonización.
El día de San Juan cuando los segadores terminaban la recolección del trigo.


¡Y que deciros de las ferias! Aquellas tradicionales veladas de Santiago Apostol y Santa Anda donde todo el pueblo vivía inmerso porque se celebraban en la Alameda y calles adyacentes; las alegres dianas y los conciertos de la Banda de Música de Educación y Descanso que hacían las delicias de todos; las novilladas en el toril de la aldea como indicaban los programas que se editaban al efecto; los bailes en el patio de Alfonsito que tanto enfadaban al bueno del Padre Muriel al que Benalup agradecido tiene ya donde quería, a los pies del Sagrario como expresión de gratitud imperecedera de un pueblo a su Padre y Pastor; todos lucíamos nuestras mejores galas y hasta se tomaba alguna que otra cerveza que traía el camión de Ortega con el vino de Chiclana, verdadero artífice de la alegría general; y el inolvidable Lopito, el Conserje de la Cruz Roja con su impecable uniforme luciendo las dos medallas recibidas por su entrega a la Obra y realizando la cuestación de la Fiesta de la Banderita, hecho un brazo de mar y con su maletín lleno de cruces rojas por todos los lados. Y en las que no faltaba el primer feriante: el Levante. 


El verano terminaba con la Fiesta de la Caridad, como broche final de los festejos y ya hasta el año venidero".

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