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Restitución del monolito de los sucesos a la Alameda. Por Salustiano Gutiérrez y 6

Izquierda Unida de Benalup Casas Viejas ha presentado una moción para el próximo pleno solicitando la restitución en lugar y forma del monolito que en 1983 la CNT Andalucía colocó en la Alameda. Personalmente estoy totalmente de acuerdo con esa moción por muchas razones pero las voy a centrar en tres.



Los avatares de este monolito en Benalup-Casas Viejas representan lo que se ha hecho con la historia general de este pueblo en los últimos 33 años en general y con los sucesos en particular. Siendo alcalde Antonio Orellana en enero de 1983 la CNT Andalucía hoy CGT colocó dicha escultura obra del escultor portugués Carlos Fraga en la Alameda como elemento central de los actos conmemorativos, con motivo del 50 aniversario de los sucesos de Casas Viejas. Aquello significó a nivel nacional uno de los primeros movimientos en pro de la recuperación de la dignidad de la historia social y el inicio de lo que luego sería la recuperación de la memoria histórica que se centraría posteriormente en las víctimas del franquismo. 


A nivel local siempre tuvo problemas. Aquella noche del 10 de enero de 1983 un guardia municipal tuvo que vigilar el monolito pues le había llegado la nueva de que había un grupo que pretendía derribarlo. Menos de diez años después, aprovechando la remodelación de la Alameda se mandó dicha escultura a donde habita el olvido. Y de allí la resucitó el concejal de IU del primer lustro de los noventa, aunque fuera a costa de que se  desterrara al monolito a la periferia del pueblo con el emotivo y precioso nombre de plaza de los jornaleros, como si estos no tuvieran derecho a ocupar un centro histórico copado por calles con nombres más nobles como Rafael Bernal, Manuel Sánchez, San Francisco o San Elías. Posteriormente han sido bastantes las voces que han solicitado su vuelta a la Alameda, pero siempre han caído en saco roto. Ahora, de nuevo IU, con un clima político distinto y más favorable vuelve a solicitar la restitución, ojalá, como dice Manolo Moguel, Fran y Manolo Montiano se llegue a un consenso, se evite la polémica y todos los grupos políticos se pongan de acuerdo en su nueva ubicación. Ello constituiría una prueba fehaciente de que hemos ganado en cultura, madurez y conocimiento.


La segunda razón por la que me gusta la moción de Izquierda Unida es porque su ubicación en la Alameda llenaría un hueco que era necesario llegar. Cualquier visitante de fuera que lógicamente busca el centro histórico, como en todas las ciudades del mundo y pregunta por estos mediáticos y famosos sucesos no se encuentra nada de ellos. Ni una calle, ni una escultura, ni una placa, ni una indicación, sólo el recuerdo y la queja de un monolito que estuvo e incomprensiblemente ya no está. El centro histórico es una parte importante del pueblo que tiene que adaptarse a los nuevos tiempos y funcionalidades. Como todas las partes de la ciudad, está va cambiando cual ente vivo. Ya no tiene función residencial, ni es el centro de las élites políticas y económicas del pueblo. Pero tiene para el presente y el futuro su pasado. El uso turístico y de servicios está ligado a esa centralidad histórica. Ha sido la parte más importante del pueblo y fue uno de los lugares fundamentales en los sucesos. Y por eso allí el albañil Juan Conde Orellana, según la decisión de la CNT Andalucía, colocó este monolito. Esconderlo de aquí, borrarlo de este lugar, exiliarlo a otro sitio es borrar, esconder y exiliar una parte de nuestra historia. Y eso no es digno, ni justo, ni necesario. Es nuestro pasado, tenemos que asumirlo, porque no podemos renunciar a él, entre otras cosas porque no tenemos otro. Y la Alameda es el símbolo de la historia del pueblo, se quiera o no se quiera, guste o no guste. Es lo que hay. Como dice Sabina, no hay más cera que la que arde, muñeca.



La tercera razón es personal y me vais a perdonar que también la esgrima en este artículo. Tengo un viejo sueño de pedirle a Ricardo tres vinos para celebrar la vuelta a casa del monolito. El primero será para Cecilio Gordillo, que aunque no solo no le gusta el vino, ese día tendrá que hacer una excepción. Fue una de las almas de aquella colocación en 1983 y se va a llevar una alegría ese supuesto día de la restitución. De verdad, conozco bien a Cecilio, se lo merece. El segundo vino es para José Luis Gutiérrez Molina, promotor del escrito del 2006 solicitando esta restitución y el que puso la gota que derramó el vaso pidiendo la restitución en el acto del 24 de agosto del homenaje a la Libertaria. Además es eterno luchador por las causas perdidas y justas. Y el tercer vino será para mi amigo Pepe González, aquel concejal de IU que se ganó muchos sinsabores por luchar por causas pérdidas y justas. Él fue quien denunció y exigió que apareciera el monolito, él fue quien lo rescató del olvido, aunque lo exiliaran en la plaza de los jornaleros. Los tres se merecen un vino... y más. 


Pero sólo brindaré si el monolito se restituye adecuadamente. El término restitución no sólo significa volver a la situación de antes, sino también recuperar la dignidad, devolver lo injustamente quitado. Eso es lo que piden los artículos aquí publicados de Frank Mintz y José Luis Gutiérrez. Pero también debe de hacerse con el consenso general, con el acuerdo de todos los implicados. Si no fuera así volvemos a las polémicas estériles de siempre que tanto daño han hecho. Me parece tiempo de empatía, apertura y generosidad. Han sido muchas las veces que se ha demostrado altura de miras como cuando se llevaron los restos al nuevo cementerio, se hizo la obra de teatro, se colocó la lápida, se le añadió Casas Viejas al topónimo de Benalup o se inauguró el ECCV. Ojalá se vuelvan a repetir las buenas nuevas. Ojalá podamos brindar. Si no aguantar, ya llegará.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Enhorabuena por rescatar este interesante asunto y por su entrada