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Jerome Mintz, un andaluz en Indiana. Retratos. 5

Entre estos retratos, los de los viejos anarquistas -como la pareja de ancianos sentados delante de la choza- fueron la fuente oral fundamental y sin cuya participación no hubiera existido el libro Los anarquistas de Casas Viejas. Retratos de mujeres y hombres mayores que llevan marcado en el rostro no solo el paso del tiempo, sino la difícil vida que habían tenido. Y niños-hombres que trabajan y a los que la vida les ha otorgado madurez prematuramente. Jornaleros, artesanos…en definitiva, una galería de personajes que Mintz estudió, conoció y trató.

En la concurrida imagen se encuentran Juan “Fogarín”, un jovencísimo “Fernandín”, “El Pirri”, Enrique Pavón, Juan Castellet, “Zoquete”, por delante de otros muchos. Estamos ante otra de las fotografías que Mintz elige para ponerla en el libro de Los Anarquistas de Casas Viejas. En el pie de página, aparece un sencillo Campesinos (1966). Luego fue utilizada como icono de los jornaleros andaluces, y el periódico Público, la utilizó para ilustrar un reportaje sobre ellos y una mención de los jornaleros andaluces hecha por Azorín en 1905. Lo que más llama la atención de esta fotografía es su cotidianidad, su normalidad. No estamos ante una ocasión especial, ni un día festivo o algo parecido. No es un bautizo, ni una comunión o boda que era cuando está gente salía en una foto. Se trata de una escena cotidiana, de la que se repetían todos los días y a casi todas horas en este bar de Alfonsito el de Pérez, que no era Pérez. Que era el centro neurálgico de los campesinos y los jornaleros de aquella época. Donde se reunían para ser contratados al día siguiente, jugar a las cartas o comentar lo divino y lo humano que se encartará. En una época donde los encartes eran básico en su vida. Lo mismo que esa foto. El americano pidió, se encartó y se hizo. Y precisamente esa normalidad y cotidianidad que transmite la foto por todos los costados es la que la dota de una fuerza y una expresividad extraordinaria.



A Ana González Gutiérrez, más conocida como "la Gangosa", la fotografíó Mintz en la corraleta de su casa, situada en un callejón de la calle Benalup. Con medio luto, con el pelo blanco, la cara y la dentadura desgastada por el tiempo este magnífico retrato capta la alegría y la forma de afrontar la vida de una mujer que no anduvo por ella como si fuera un camino de rosas. Ana González había nacido en Casas Viejas en 1911, había vivido la Restauración, La República, la Guerra y el franquismo, madre de los Chinos (Estudillo González) admite ser fotografiada por ese americano que tanto frecuentaba su calle en sus continuas visitas a sus vecinos Pepe Pareja y Antonia Márquez.





Precioso primer plano de Antonio Guerrero, El Meinato, un niño jornalero que va a trabajar a las Lomas. "La binaera", el sombrero, y la capacha nos delatan que se trata de un niño hombre que va a trabajar a las Lomas, posiblemente a escardar. En esta clase de retratos queda de manifiesto la empatía del retratista y el retratado. Y más cuando no era habitual en esa época que a los niños que trabajaban en el campo los fotografiaran para llevarse la instantánea a EE.UU. Es más que obvia la simpatía que despertaban en Mintz este tipo de niños y sus circunstancias familiares y laborales, así como el hecho de que se hubieran perdido en el olvido este tipo de estampas si no hubiera sido por su cámara.




En la  fotografía aparece José Rodríguez Quirós y Antonia Márquez en la puerta de su casarón en la calle Benalup. Aparecen sonrientes y solícitos a la fotografía que le va a echar su buen amigo el americano. No sólo la fotografía denota empatía, en este caso también complicidad. No olvidemos que esta pareja son los verdaderos Cicerone de Mintz en Casas Viejas. A ellos dos les dedicó Mintz el libro de los anarquistas de Casas Viejas. Carla Mintz recuerda que Pepe Pareja fue como un padre para Jerome. Con Pepe Pareja empieza y con él termina el libro, pues una cita suya sirve para cerrar el estudio de Mintz sobre Los anarquistas de Casas Viejas. 




En este retrato aparece la madre Ana Flor Toro y la hija Ana García Flor. Pero la fotografía es más que un retrato es todo un bodegón. En un plano que precede a las dos figuras femeninas, el búcaro o botijo, y el jarrillo de lata, aquel instrumento que es tan versátil que ha quedado como refrán, contextualizan la fotografía. Una fotografía que además tiene un tercer plano compuesto, por el hermano pequeño, que aparece agazapado y la cocina del cortijo de los Ahijones donde vivían esta familia. A Ana la hija le interesa la cámara del americano, mientras que la madre se desvive y mima con su mirada a su hija. La ropa, el plato de duralex, los utensilios de la cocina... nos describen un mundo donde no había llegado la modernidad.




En la calle Rafael Bernal, junto al bar de Alfonsito el de Pérez, se encontraba la barbería de los hermanos Laritas; Bernardo y José  Lara Ortiz. Estamos ante uno de los puntos neurálgico del devenir diario del Benalup premoderno. Allí no sólo se cortaba el pelo la gente o se sacaba una muela o se vendía verdura, sino que también se cocían la mayoría de los dimes y diretes, incluidos los motes, que circulaban por el pueblo. En la fotografía Bernardo, en una pose muy característica teatraliza su indiferencia hacia la cámara del americano. Guarda Bernardo, con su camisa manchada y sus chanclas con calcetines, el umbral de una barbería, donde el espejo roto y viejos almanaques contextualizan el escaso mobiliario de la estancia.



La fotografía es de 1969, en la puerta de la casa de la familia Castellet Cantero, en la calle Benalup. Mintz era amigo de la familia, sobre todo, del abuelo paterno «Pinganillo». En el primer plano Mari Paz o Bernardo, no se pone la familia de acuerdo, sujetada y resguardada por Francisco Castellet Cantero, el hermano mayor. A la derecha, escoltándolos su hermana Isabel Mary y su hermano Antonio. Los cuatro miran fijamente a la cámara del americano y esbozan una leve sonrisa, salvo Isabel Mari que no sale de su asombro ante eso que llaman cámara y sirve para hacer retratos. Detrás Juan Manuel no posa para la foto, porque seguramente está llamando a otro de sus numerosos hermanos a fin de que salga en la fotografía.Los hermanos Castellet están en primer plano y los hermanos Francisco y Antonio González Pérez (nietos de otro amigo de El americano y participante en los sucesos de Casas Viejas, José González «Pepe Pilar»), están al fondo. Estamos ante otra típica escena de los retratos de Mintz, donde abunda los niños que juegan y se socializan en la calle. Niños que pertenecen a familias con una alta tasa de natalidad y que como decía el refrán "venían con un pan debajo del brazo", por lo que constituía una unidad de producción. 

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