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Jerome Mintz, un andaluz de Indiana. Retratos 4

Pero ¿por qué tomó Mintz cientos de retratos? Estas imágenes son el máximo exponente de la relación que «El americano» entabló con los andaluces. No se hicieron por encargo, ni para regalarlos a los retratados, ni para ilustrar sus publicaciones, salvo alguna excepción. Solo fueron conocidos cuarenta años después, una vez desaparecido Jerome. Formaban parte de su vida más que de su trabajo de campo y fueron una especie de homenaje a la supervivencia en circunstancias hostiles. El permiso concedido para la realización de la fotografía constituía un pacto entre ambas partes. Y Mintz, que vino a «cazar», a investigar los sucesos de Casas Viejas, fue «cazado», quedándose atrapado y encantado con esta gente.





La mayoría de estos retratos no pueden ser catalogados exclusivamente como tales, pues son una mezcla de primeros planos, pero donde además del rostro es importante la actividad que están realizando y el contexto en el que aparece. En la primera fotografía "Cuchi" Macías está en la plaza Rafael Bernal intersección con calle Medina. Su ropa, sus lecheras, su postura, su actitud... es tan cotidiana que resulta maravillosa. En la segunda fotografía  Ricardo Sánchez Cabañas se dispone a realizar la venta de las teleras de pan que se han realizado en la panadería Adela, su madre. En un primer plano las teleras de pan, el zerón, Ricardo y el mulo. Al fondo en el Chorro grande unas mujeres se aprovisionan de agua.




La importancia que le otorga Mintz a los retratos, a las personas, y a las acciones de la vida cotidiana hacen que estos retratos formen parte de algo más amplio. En esta ocasion Antonia Jiménez Carrasco, que aparece con un pañuelo en la cabeza y rodeada de cuatro de sus hijos: María, su hija mayor, su tercera hija Juana María y dos de sus hijos varones, Fernando y Juan Lagos Jiménez posan para la cámara de Mintz.  A la izquierda de la fotografía aparece una señora sentada, se trata de una mujer conocida  por el apodo de “Juana la Bigotona”. Al fondo de la fotografía se ve como  un mozo acarrea con un cántaro y un cubo de agua y parece ser Manuel Barberán Quijada. La Familia Lagos Jiménez  poseían dentro del cercado varias chozas. La fotografía está realizada a principios de los setenta en el tesorillo y a la vista de ella concluiremos que ni es más importante el contexto, ni las personas que aparecen, sino la mezcla que producen ambos.




Todavía a principios de los setenta mucha gente vivía en el campo, como la familia Moreno Reina que lo hacía en una casa cercana a la venta Pareja. Aunque se practicaba una economía muy cercana a la autosubsistencia y el recovero pasaba todas las semanas por la casa a veces había que ir al pueblo para adquirir provisiones. Es el momento que recoge la instantánea, donde María Reina Jiménez y Manolo Moreno Reina se disponen a dirigirse a Benalup. Aunque ninguno mira directamente a la cámara los dos saben que están siendo retratados. 





La familia Cortijo González se encuentra en la puerta de su casa en la calle Benalup. El americano, que posiblemente viniera de visitar a su amigo Pepe Pareja, pide permiso y realiza la foto. Aparece Paqui, Pepe, la madre, Mari Carmen Morales y Maribel Cortijo González. 




Precioso retrato de Francisca Macías "La Periquina". La cara llena de profundas arrugas, las manos huesudas, la cabeza con canas cubierta con un pañuelo negro como negra era toda su vestimenta y existencia. El paso del tiempo ha ido dejando su huella, aunque a buen seguro tendría menos años que los que aparenta; una vida dura y llena de estrecheces también dejaba su marca. Esta mujer vivió en la calle San Blas en una humilde choza. Tiene muchos ingredientes de vieja postal de tiempos duros. Fran eligió esta foto para el cartel de la exposición las mujeres las grandes olvidadas. Cuando se hizo dos años después la exposición Mintz un andaluz de Indiana, en Sevilla, los técnicos del museo de usos y costumbres populares eligieron esta foto también para el cartel de esa exposición. De esta forma la Periquina tomó un protagonismo que nadie, menos ella misma sospechó que podía alcanzar. En el fondo era un homenaje secreto y silencioso a todas estas mujeres sin cuyo esfuerzo y sufrimiento no se entiende la sociedad actual.





En la fotografía  Francisco Díaz, más conocido como “Piquín” posa en la puerta de la iglesia haciendo empleita.  Había nacido Piquín en  el siglo XIX y murió en el año 1977. Su profesión fue la de jornalero del campo y sus ratos libres se dedicaba a hacer toniza, como la mayoría de las personas mayores de la época. Estamos en una etapa donde la ociosidad estaba mal considerada, así cuando no se podía estar trabajando por cualquier razón (por edad, por tiempo...) se hacían otras cosas. Piquín se convirtió en el típico personaje de principios de los setenta que hacia toniza en cualquier lugar donde estuviese, ya fuera en la puerta del bar la Peña, o en la zapatería de Juan Moreno, o la fachada de la Iglesia, los lugares más habituales...

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