El pregón de Eugenio Espinosa. La década de los cuarenta y cincuenta. 2

Le dedica Eugenio Espinosa una primera parte de su pregón a su infancia, a los años cuarenta y cincuenta. Recuerda los juegos, las comidas, las calles, los partidos de fútbol, las atracciones de fiestas o la ausencia de luz a partir de la una. Trae de paso a escena un montón de personajes de aquella época como el Capataz, Juan Luna, Seña-Trechica, Baltasar el Municipal, Miguel Quetecapo, Vega, Forné, Manolito el de la Calera, Añe, Patarra, Miguelín, Feliciano, El Pancho, Eugenio Piquín, Cepero el de la Yeguada, Rafael el de los caballitos y Antonio el de las cunitas, o D. José Vela.



En fin, toda una fuente antropológica sobre los años cuarenta y cincuenta que gracias a este pregón podemos conocer, valorar y defender en la actualidad. 



Dice así: “Este pregón va dirigido a todos pero en especial los que no han tenido la suerte de conocer nuestro pueblo de hace cuatro o cinco décadas: y lo primero que voy a hacer es justificar esta designación, porque yo, como cualquiera de los chiquillos de aquellos tiempos:

- He jugado a pito y al contra por los callejones del Capataz, y del Meaero, del molino de Juan Luna y las cuestas de la Fábrica y de San Elías; a las bolas, a piola y al corta-terreno en los casarones.

- He comido los palmitos, los piñones, las algarrobas molías y los moniatos asados que vendía la Señá Tre-Chica en la esquina de la Alameda.
En la fotografía del facebook Historia de Benalup-Casas Viejas en imágenes Felix Rodríguez y Pepito Fernández entre otros. La foto es de finales de los cuarenta o principios de los cincuenta. La marquesina de la Alameda todavía no se había construido.

- He saltado en limpio sus canapés perseguido por Baltasar con su varita o el Municipal de turno por las travesuras y diabluras que hacíamos los zagales.

- He disputado en el mismo escenario un sinfín de partido de fútbol con el chupón de un palmito y con público incluido que los presenciaba en el sombrajo de Ricardo, que luego fue sustituido por la marquesina que hoy contemplamos.

- He chapoteado en las tajeas y corrientes que atravesaban las principales calles del pueblo y que el popular Miguel Quetecapo cuidaba y desatascaba con sus cañas cuando se salían de sus cauces.

- He formado parte del equipo de fútbol del Benalup en aquellos tiempos en los que llevamos las porterías a hombros hasta el Cuartel primero y a la Plaza de Toros después; y pintábamos el campo, quitábamos los gamones y nos comprábamos las camisetas. Luego los Vega, Forné, Manolito el de la Calera, Añe, Patarra, Miguelín, Feliciano, El Pancho, Eugenio Piquín, Cepero el de la Yeguada y otros tantos defendíamos el pabellón de nuestro pueblo en aquellos memorables partidos de feria frente a los potentes equipos vecinos de Medina y de Alcalá.

- He subido y empujado los caballitos de Rafael y he disfrutado en las cunitas de Antonio, que eran las únicas atracciones que se instalaban en aquellas entrañables ferias de los años sesenta.

- Teníamos nuestras tertulias nocturnas con Don José Vela el padre de Juanito y el Pin hasta altas horas de la madrugada y que se terminaban a la una cuando el motor daba el aviso, pues a los pocos minutos se iba la luz (sólo teníamos luz eléctrica desde el anochece hasta la una de la madrugada)"


Este paseo antropológico e histórico por los años cuarenta y cincuenta que hace Eugenio Espinosa por Benalup de Sidonia lo realiza sin nostalgia y sin considerar que cualquier tiempo pasado fue peor. Huye del sentimentalismo de lo que se ha perdido, de considerar que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero también de considerar el tiempo anterior como lleno de miserias y penalidades. Se sitúa en un posicionamiento equilibrado, aquel que considera el tiempo pasado como anterior, y para ello se agarra a sus recuerdos infantiles, a su mundo personal, que como el mismo dice es el de todos los benalupenses que ahora tienen o podrían tener ochenta y noventa años. Pero, como también dice en el pregón, no lo hace para regalar el oído a sus coetáneos, que la mayoría ya no viven, sino para que las generaciones actuales conozcamos un mundo que se ha perdido, que no sabemos nada de él y que es muy interesante que sepamos de él. Es como la fotografía, que rescata un instante para una eternidad, pero en este caso en forma de texto.

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