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Mujeres las grandes olvidadas. Buscando trabajo e independencia. 19

Cuadrilla de mujeres escardando remolacha en las vegas de Las Lomas. Nótese como incluso a la hora de confeccionar las cuadrillas, la separación de sexos era estricta. El hombre en aquellos tiempos era el encargado de proveer lo necesario para su familia. La mujer no estaba bien visto socialmente que trabajara fuera de casa; podía ser una tentación para otro hombre y para ella misma. A la mujer le estaba encomendada la defensa de los valores del hogar. Deberes que no podían cumplirse si éstas se ausentaban de la casa. Más que un recurso económico, lo era ideológico.




Como escribió Mintz en Los anarquistas de Casas Viejas: «en esta región, las mujeres no trabajaron en el campo hasta los cincuenta, cuando se popularizó el cultivo del algodón. Algunas madres de familia trabajan de costureras en su propia casa. Otras criaban gallinas y vendían huevos. Las hijas, que trabajaban de sirvientas, incrementaban con sus ganancias el salario familiar o ahorraban para comprar su ajar por sí mismas para su futuro matrimonio». La participación de la mujer en las faenas agrícolas a partir de los cincuenta se extendió bastante, sobre todo en la recogida del algodón en la que participaban familias enteras incluidos los niños. En Benalup-Casas Viejas, apodos como «la manijera» prueban el paso de la mujer por los trabajos del campo. A finales de los setenta y principio de los ochenta aparecen tres yacimientos de trabajo femenino; la planta hortícola de las Lomas, los invernaderos de la Yeguada y la cooperativa textil dirigida por Jesús Barberán, posibilitaron la consolidación del mercado laboral femenino y un paso de gigante en la liberalización de la mujer. En la actualidad, el mercado laboral femenino pasa por grandes dificultades. Benalup Casas Viejas tiene una de las tasas más baja de actividad femenina de la región y un 46,33% de paro femenino en 2008, según datos de la revista Economía Andaluza.

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