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La ruta por los dólmenes del Celemín. V, VI y VII. 4

A unos cien metros del dolmen ocho y nueve, siguiendo los cables de alta tensión llegamos a un pequeño camino que divide dos zonas de túmulos, junto a una torreta. A la derecha nos encontramos tres dólmenes sobre sendos túmulos.

III.4.- El número V. Visibilidad e invisibilidad
Fotografía de Merguelina 1924. En primer plano el dolmen número 5, en el segundo el 4 o Tajo de la Listona y al fondo a la izquierda el Tajo de las Figuras. Se observa claramente como en un principio los dólmenes eran construidos para ser vistos desde lejos, para monumentalizar el paisaje.

Dibujo de Brevil
del dolmen número 5
Pese a que en la actualidad son difícilmente visibles y ha sido necesario grandes esfuerzos para localizarlos su función original era toda la contraria pues estaban realizados para ser vistos. El hecho de su invisibilidad actual arranca de los años sesenta, cuando se produjo el éxodo rural en esta zona y los hombres abandonaron este bosque humanizado, privándolo de las cabras que mantenían alejada a la zona de la actual matorralización. Si comparamos la fotografía de Merguelina en 1924 con la actual vemos esta dicotomía de la visibilidad para la que fueron construídos con la invisibilidad actual. De este número 5 destaca que se observa claramente una de las piedras horizontales, la cobija, así como diversos ortostatos, y, sobre todo, la cámara funeraria.



Del número 5 dice Brevil: “ La “cabecera” orientada al nordeste, emerge 33 cm; mide 18 cm de espesor y 1 m 61 de longitud. La losa que recubre la cámara se ha inclinado hacia el interior de ésta y se entierra allí parcialmente. Se la ve de 1 m de largo y su anchura es de 1 m 22. Cuatro bloques en semicírculo y un trozo de losa de 56 cm por 79 cm son todo lo que queda del monumento, en el que la longitud actual es de 2m 50”.
Dolmen número 5



III.5.- El número VI. La monumentalización del paisaje
Dolmen número VI
Estamos ante una serie de estructura funerarias que hacen culto al mundo de los muertos, pero que obliga a que el mundo de los vivos se encuentre con un grado de organización y jerarquización tal que permita la construcción de estos dólmenes.


Sobre el esfuerzo constructivo necesario para realizarlos dice María Lazarich: “Las tumbas son testimonio de un esfuerzo constructivo que tiene que estar organizado y dirigido por un poder centralizado. Aunque las fuentes de aprovisionamiento de los materiales constructivos no estaban muy alejadas, ya que las obtuvieron de los afloramientos cercanos ubicados en los cerros donde se localizan los abrigos con pinturas, la complejidad técnica que requiere su traslado, la organización y cantidad de mano de obra necesaria para la construcción, así lo requerían.
Las construcciones funerarias megalíticas son el reflejo de una sociedad en la que la muerte tiene una importancia crucial en la vida, por lo que las tumbas serán depositarias de la identidad del grupo que se aloje en ellas. La idea de perpetuidad queda patente en los materiales constructivos utilizados, pero también la propia visibilidad de las tumbas aporta un carácter monumental a la necrópolis, que se expande al paisaje. La idea de que estas estructuras se construyen para ser vistas en el espacio y perdurar en el tiempo, obliga a los que viven con ellas a no olvidarse de aquellos que las erigieron…
Las estructuras funerarias se construyen para ser vistas en el espacio y perdurar en el tiempo. Ello conduce a que no se olvide en la memoria colectiva a los que las erigieron. De esta forma la monumentalización del paisaje sirve como elemento de legitimación de un territorio”.
En la foto de Mergelina, en primer plano el dolmen número VI, en segundo plano el número IV. Las grandes piedras empleadas nos plantean la necesidad de una sociedad suficientemente organizada y jerarquizada.



Por su parte Brevil describió al dolmen número 6 de la siguiente forma: “Es de una longitud actual de 5m aproximadamente.
Dibujo de Brevil del dolmen número VI
 Su cámara es bien visible, pero quizá hundida bajo el peso de la gran losa de 2 m 35 por 1 m 59 y 29 cm de espesor que la recubre; en efecto,, “la cabecera” parece una losa plana, ajustándose bajo la gran losa precedente; su longitud visible es de 1m, sobre un 1 m 70 visible en la otra dimensión. Un montante grueso de 9 cm 88 cm de largo delimita la cámara al este; no se ve más que la cima; otros dos bloques aparecen al sur de la gran losa. Del resto del monumento no se ve más que dos piedras a ras de suelo, se alinean hacia el sudoeste; una es un pilar, visible en 1 m 42 de largo y 25 cm de espesor; el otro es una losa rectangular de 87 cm por 1 m”.


III.6.- El número VII. Construidos en el tercer milenio
Dolmen número VI
En cuanto a la fecha de su construcción se cuenta con datos para localizarlos en el tiempo. Dice María Lazarich: “El esfuerzo empleado en la construcción de estas sepulturas, la complejidad de los rituales aplicados a los cuerpos y la presencia de determinados productos de “prestigio” y/o “exóticos” en los ajuares señalan un paso de las comunidades comunitarias tribales a las primeras sociedades jerarquizadas en la comarca .
Contamos con fechas absolutas para dos de las cuatro estructuras funerarias excavadas, obtenidas mediante C-14 AMS cal., que señalan un uso en un periodo entre fines del IV milenio e inicios del III a.C., en la primera, y en las dos primeras centurias del III milenio a.C, para la segunda”. Por su parte Brevil lo describe así: “Sin túmulo, está a 20 pasos al oeste del precedente. No se ve claramente más que su “cabecera”, pero la galería se alinea siempre del nordeste al sudoeste; se la sigue sobre cinco metros aproximadamente, con una interrupción de alrededor de 2 m. Del lado este, cuatro montantes son visibles, de 70, 76, 78, 87 cm de largo; la otra fila no comprende más que tres piedras de dimensiones análogas; el espacio  entre las dos líneas de pilares es de 88 cm”. 

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