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Las mujeres, esas grandes olvidadas. La lara larita, barro mi casita. 5

Juana Sánchez barre la puerta de su casa en la calle San Elías. La casa de teja forma parte del patrimonio de Pepito Fernández, en ella vivió mucho tiempo la familia Reyes Sánchez. Esta era otra tarea típicamente femenina. Además, al barrendero municipal ni se le esperaba. Llama la atención el estado de la calle, sin asfaltar, en el
mismo centro del pueblo, junto a la Iglesia y la Alameda y con vecinos de alcurnia. Las relaciones de género estaban perfectamente marcadas en la sociedad franquista. El hombre en el ámbito público, el trabajo, la calle. La mujer en el ámbito privado, la casa. 




Las tareas domésticas que tiene que realizar la mujer son una lista inacabable de pequeñas tareas no especializadas, pero que suplen infinidad de trabajos externos como el de limpiadora, enfermera, cocinera, planchadora, pedagoga, etc. Obviamente subyace una ideología que va a condicionar la conciencia femenina de subordinación y sumisión hacia el hombre. Estas tareas si bien son esenciales no son consideradas como trabajo y no pueden ser remuneradas. Por ello muchas mujeres españolas a finales del franquismo abanderaron la lucha contra la liberalización del trabajo doméstico, considerado como una imposición social, económica y cultural. Desde entonces y hasta ahora consideran que socializando las tareas que el ama de casa tiene que asumir individualmente, será posible conseguir una autonomía auténtica de la mujer. 



En la sociedad franquista, se considera el trabajo del ama de casa como improductivo, ahora también. El camino recorrido ha sido amplio, pero no menos que el que resta. La tarea cotidiana de barrer la puerta de la casa estaba asignada con exclusividad a la mujer, constituyéndose en una escena cotidiana de todas las mañanas. Esta hermosa fotografía nos sirve además para contemplar el estado a finales de los sesenta de la calle San Elías, la cual ha sido testigo mudo de una buena parte del devenir histórico benalupense. 



La fotografía está realizada desde la Alameda. Un poco más abajo vivía Mintz de alquiler. La estampa es un bodegón de la cotidianidad. La puerta llena de flores, con sus correspondientes tiestos reciclados y la bicicleta, acompañan a la mujer que barre, la calle polvorienta y el paisaje de la vega al fondo. Es la cotidianidad, por eso resulta tan bonita y emocionante la foto.


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