XXV ANIVERSARIO DE LA SEGREGACIÓN DE BENALUP-CASAS VIEJAS.Precedentes. La creación del pueblo en 1821. 3

Desde 1821 hasta 1991 que se consigue la independencia de forma oficial transcurren 170 años marcados por el deseo de los casaviejeños de regirse de forma autónoma. Muchos años resultan estos si además tenemos en cuenta que se encontraban a 20 kilómetros del municipio matriz, que tuvo siempre un volumen de población que en otras partes del España y del mundo son municipios independientes y que su propia creación  y devenir histórico como pueblo lo individualizó como tal.




El pueblo se forma con la llegada del Nuevo Régimen. No hay un momento concreto que pueda ser considerado como el de la creación del pueblo. Este se va formando como población estable y poblamiento concentrado a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, pero el gobierno de la nación aprueba el 26 de agosto de 1821 (anotemos fecha) un proyecto para el establecimiento de una población en el sitio de Casas Viejas. Aunque resultó fallido, todos los historiadores lo consideran como el punto de inflexión, como el punto de partida de esta dificultosa y compleja consolidación como entidad urbana. El sitio de Casas Viejas era un pago alejado de Medina, a 20 kilómetros aproximadamente, compuestos por tierras de bienes propios, tratándose de terrenos destinados a pastos extensivos, arrendados a seis o siete particulares por el Ayuntamiento, el cual se había despreocupado tradicionalmente de estos parajes, porque como pasaba en la Edad Media o en la Moderna Casas Viejas estaba muy lejos de Medina, igual que le ocurre ahora al Monasterio del Cuervo, por ejemplo. 



En el proyecto se plasmaban los principios de la Ilustración promovidos por las sociedades económicas de Amigos del País los que favorecerán un mejor y más racional uso de la tierra, fomentando el asentamiento de nuevas poblaciones que pusieran en cultivo zonas hasta ahora no explotadas o dedicadas a la ganadería extensiva. El proyecto pretendía resolver la cuestión agraria mediante un reparto en pequeñas suertes de tierra y la construcción de un pueblo de nueva planta con todos los servicios necesarios y unos objetivos claros para el desarrollo de la zona. Se trataba de primar la agricultura ante la ganadería y los pequeños agricultores frente a los grandes propietarios para propiciar la modernización agraria y económica. El escritor francés M La-Chevardiexe  había ganado un concurso dotado por la Diputación con dos mil reales. Este cede el premio a la institución y esta a su vez los destina a cada uno de los cuatro primeros colonos que se estableciesen en la nueva población. Pero la oposición de Medina y los acontecimientos políticos nacionales que en 1823 con los Cien mil hijos de San Luis trajeron de nuevo el Antiguo Régimen abortaron el proyecto.



Desde un principio el proyecto cuenta con la oposición abierta del Ayuntamiento de Medina Sidonia. El cabildo, dirigido por la oligarquía ganadera, se opone ante la pérdida de  “nueve mil fanegas, las mejores tierras de todo el término, quedando con lo peor y menos a propósito”. Pero no solo serían los ganaderos los que se opondrían a la conversión de estas tierras despobladas en una nueva población, sino que el temor a perder parte de su término municipal hizo implicarse a la gran mayoría de la población. Lo cuenta Diego Caro “con el ambiente en el pueblo cada vez más enrarecido por el rechazo de los vecinos a la fundación de la colonia, a costa de las tierras municipales”. La Diputación por su parte insiste y solicita y exige al Ayuntamiento de Medina que "actúe con la más eficaz cooperación, demostrando su celo constitucional y estar destituido de los errores de algunos pueblos, que pretenden sostener la despoblación para gozar de grandes términos...". En este tira y afloja se retira parte del proyecto y se quedan solo los repartos. Pero estos tampoco se van a llegar a realizar pues el fin del trienio liberal y la vuelta del absolutismo es aprovechada por el Ayuntamiento de Medina para finiquitar todo el proyecto. El episodio recuerda a los conflictos por el término entre Medina y Benalup que desembocaron en el famoso secuestro del pleno en Agosto del 85 o eso de “errores de algunos pueblos, que pretenden sostener la despoblación para gozar de grandes términos…” es lo mismo que dijo Antonio Morillo en el pleno de la Diputación pero 170 años después. 



Tres son las consideraciones sobre este frustrado proyecto  que quiero realizar. La primera de orden político. El intento de darle forma administrativa a una población que ya vivía allí coincide con la creación de una propia conciencia e identidad como pueblo. Como escribió Antonio Morillo “NO nació, pero nació en la conciencia de sus moradores…no nació, pero nació”. Como escribe Agustín Coca: “Uno de los referentes de identidad más importante para las personas andaluzas es el local. Ser de nuestro pueblo nos identifica. La mayoría es aquí donde ejercemos nuestra sociabilidad, nuestra vida pública y privada, donde tejemos nuestras alianzas y mantenemos conjuntamente nuestras aspiraciones”. Este "preludio independentista" se va a encontrar con la oposición frontal del Ayuntamiento de Medina, que por un lado defiende los intereses de los grandes propietarios ganaderos que arrendaban las tierras de propios y por otro se opone a perder parte de su término municipal. El problema siempre fue el término, en 1821, en 1991 y ahora. 



La segunda consideración es de orden económico. El proyecto  se caracteriza por el intento de darle prioridad a la explotación agrícola sobre la ganadera favoreciendo el poblamiento humano del territorio. La tercera consideración es de orden jurídico, se refiere a la lucha por la tierra. El proyecto era crear una nueva población en base a una masa de pequeños y medianos campesinos, también en esto el pragmatismo de los hechos consumados se impuso al idealismo de ilustrados y liberales. En vez de una masa de pequeños y medianos campesinos, resultó una abundante mano de obra barata y que había perdido los bienes comunales; los jornaleros. Estas tres luchas, la de la independencia política de Medina, entre la agricultura y la ganadería (o un modelo agrario intensivo y moderno contra otro extensivo y tradicional) y la provocada por la tenencia de la tierra van a marcar la historia de Casas Viejas durante toda la historia contemporánea. En momentos progresistas de la historia de España la balanza se inclinaba hacia Casas Viejas, la agricultura y los pequeños propietarios y en momentos retrógrados hacia lo contrario.  Pero siempre será una constante las interrelaciones entre la política y la economía, la forma de apropiarse de los recursos y de organizarse. Por ello la dependencia política y económica de Casas Viejas siempre fue una de sus señas de identidad.

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