headerphoto

25 ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA. Colaboraciones.Bifurcaciones. Ramón Pérez Montero. 5

Tanto Borges como las leyes de la evolución nos enseñan que la única certeza con que podemos caminar en esta vida, dejando a un lado la que al final a todos nos espera, es la de la elección permanente. Esta es la verdadera condena de Sísifo. No importa qué camino hayas tomado en la anterior encrucijada, más pronto que tarde la vida te pondrá de nuevo ante la siguiente bifurcación donde tendrás que elegir nuevamente. Nuestro sentido común nos asegura que avanzamos en dirección al futuro y, por lo general, como un vino aguado, nos mezcla esta idead de futuro con la de progreso. Avanzar, en este sentido, suele ser para nosotros sinónimo de progresar. Pero siempre nos quedará la duda de si puede considerarse también progreso cuando llevamos a cabo una elección errónea (en el sentido personal, social e incluso ético del término), o si sólo debería ser calificado como tal si acertamos con la vía más provechosa (¿pero provechosa con respecto a qué?).




Lo queramos o no, siempre estamos dentro de este laberinto biológico-filosófico del que no podemos escapar. Enfrentado a muchas de estas bifurcaciones debía de encontrarme en aquellos años finales de la década de los ochenta del pasado siglo cuando comenzaron los primeros movimientos políticos que terminaron con la segregación municipal del término de Benalup. 



Quizás porque ya en aquella lejana época los patrioterismos de bajo calado puestos al servicio del interés de unos pocos ya comenzaban a producirme cierta urticaria intelectual, viví aquella efervescencia con bastante desapasionamiento, por no decir indiferencia. Mis bifurcaciones me habían llevado hacia otros senderos muy distantes, a mi entender, de los de la Defensa del Término, cuya bandera sí que tomaron otros de mi misma generación.  No voy a negar que participara en la manifestación convocada en sostén de la integridad territorial de mi pueblo, pero lo hice de manera fría, sin estar del todo convencido de que el municipio hermano, dejando a un lado las motivaciones políticas, no tuviera el derecho de gestionar la parte administrativa de su vida con un ayuntamiento propio. No supuso, pues, para mí, un gran trauma cuando recién iniciados los noventa, Benalup culminó su objetivo de la segregación territorial con la fanfarria propia de toda declaración de independencia. 



Hoy en día continúo siendo un desapasionado de los nacionalismos. Me sigue repugnado el veneno que fermenta en quienes se entregan a esa lucha, independientemente de su bandera. En mi ingenuidad, que no presunción, me siento ciudadano del mundo y considero compatriota a todo ser humano de buena voluntad, a todo aquel con quien puede establecer comunicación sin la coraza de ningún credo ideológico. 



Como he comenzado diciendo no puedo estar seguro de que en aquellos días de mi juventud tomara la vereda acertada cuando no me impliqué en aquella lucha que, sin embargo, a otros los llevó por ese derrotero hacia el hasta entonces ignoto territorio de la actividad política donde acabaron encontrado sentido a sus vidas. La vida, nuestra vida, que brota del burbujeo de las fluctuaciones cuánticas, se sostiene sobre el azar, por más que lo que llamamos inteligencia se empeñe en convencernos del sentido lógico y del rigor de todas nuestras decisiones. Resulta, pues, vano tanto sentirse triunfador como culpable.



Dicho lo dicho, hoy en día no poseo ni un solo átomo de rencor con respecto a la gente de Benalup. Me parecen absurdas esas actitudes de rechazo tanto de uno como de otro lado, tanto más el aire revanchista de quienes no tratan de disimularlo, que continúan brotando de un sentimiento separatista nacido, curiosamente, en aquella misma época en que los alemanes estaban tratando, precisamente en sentido contrario, de derribar las fronteras artificiales que las bifurcaciones históricas habían levantado con la intención de apartar a los hermanos. 


Todas las fotos son de Mintz. De la década de los setenta. De Medina, claro.

0 comentarios: