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Las mujeres de los sucesos. Derrotadas y olvidadas. Catalina Silva Cruz. Y 4

La derrota de los sucesos y la Guerra civil, el segundo acto, afectaron especialmente a las mujeres. Además de la cárcel y sumisión política que sufrieron todos los derrotados, el género femenino se vio especialmente afectado por dos cuestiones. En un contexto de pobreza y represión, la muer que era la dominadora absoluta del ámbito privado lo pasó especialemnte mal, por ella y por su familia. Es decir, no sólo pago la derrota como persona, también como madre y esposa. En segundo lugar, el concepto de mujer como persona activa, independiente y dueña de su propia vica con la victoria de los postulados dictatoriales se tornó en algo negativo, y fue sustituida por un modelo de mujer sumisa, esposa y madre, hogareña y religiosa.



La comparación de la foto de las tres mujeres leyendo entro de la choza y la de las mujeres como madres, esposas e hijas de las víctimas mortales de los suceos es muy significtiva. En esa foto de las mujeres hay dos que todavía viven. Sebastiana y Catalina Silva Cruz, dos primas hermanas al cuadrado. La primera, con menos de un año, la segunda adolescente de 16 años. Las dos no solo perdieron a su abuelo, a su padre respectivo, Jerónimo y Juan, a sus dos tíos, Francisco y Pedro, a su tiastra, Josefa Franco, a su primo Francisco García, sino que tuvieron que aguanatar a partir de ese momento un clima de represión, miedo y silencio que le acompañaría hasta la actualidad.



El cuarto caso y último es el de Catalina Silva Cruz. Catalina nació en Casas Viejas un 6 de enero de 1917. Era costumbre que las mujeres que vivían en el campo viniesen a parir a Casas Viejas, así lo hizo su madre (María Cruz Jiménez) desde las Algámitas. Los primeros años de su vida los pasó en este pago donde la familia hacía carbón. Cuando murió Catalina Jiménez Esquivel (su abuela), la familia se trasladó a la calle Nueva a principios de la década de los veinte. Criada en una familia de adscripción libertaria, fue creciendo en el mundo social e ideológico de los anarquistas de Casas Viejas.




Entró a formar parte del grupo joven libertario “Amor y Armonía”. Estuvo presente en el famoso incidente de su hermana María y el guardia García a cerca del pañuelo que llevaba en el cuello y a raíz del cual, parece que se le puso el mote de Libertaria. En enero del 33 participó con su hermana en la manifestación de la madrugada del 11 y en las labores de abastecimiento y enlace de los distintos puntos donde los anarquistas tenían puestos de vigilancia. Vivía justo enfrente de su abuelo Seisdedos, en la calle Nueva, al otro lado del callejón de la Rica. Desde allí presenció el asedio del casarón de su abuelo, incluso llegó a hacerles una corta visita a los familiares que estaban dentro. Cuando lo quemaron, se fueron a la casa de su abuela paterna, la familia Silva González con sus padres y tíos. De madrugada presenció cómo se llevaron a su padre Juan Silva, al tío Juan Galindo González y al vecino Cristóbal Fernández para asesinarlos en la corraleta. En total murieron 8 familiares suyos (abuelo, padre, cinco tíos y un primo). La familia, aterrada por lo ocurrido, se marchó a la torre de la Morita. 



Cuenta Gutiérrez Molina: “El día 13 Catalina y Mariana, fueron a Casas Viejas en busca de alimentos. Eran muchos los refugiados en la torre y tenían hambre. Todavía hoy recuerda como la mujer de la tienda de comestibles les llenó el cesto, sin cobrarles nada, y les dijo que se fueran rápido porque había rumores de que iban a bombardear el pueblo. También en una panadería les entregaron unas barras. Transcurridos los primeros meses después de los sucesos, la estancia en Casas Viejas se hizo imposible y se trasladó con su familia a Cádiz donde vivirían de la solidaridad cenetista. Pero pasado un tiempo ello no fue suficiente para la supervivencia de toda la familia y a instancia de su cuñado Miguel Pérez Cordón partieron hacia Paterna en 1934. En Paterna les sorprendió la Guerra Civil. Su hermana fue secuestrada y después asesinada por los sublevados y ella decidió marcharse. Caminando de noche y escondiéndose de día, a través de Alcalá consiguió llegar tras tres días de dura caminata a la Sauceda de Cortes. Allí recibió el mensaje de su cuñado Miguel para que se fuera a Ronda donde se reuniría con él. El resto de la guerra se convirtió en una huida hacia adelante. De Ronda a Málaga, de ahí a Cartagena, después Barcelona, Gerona y por último Figueras. En la ciudad condal conocería a una persona muy importante en su vida, Agustín Buján Vilas, un anarquista de Lugo, que luego tendría que cambiar su nombre por el de José Insua en la resistencia francesa. Con él permanecería el resto de su vida, hasta que murió en 1994". 



Tras la caída de Barcelona, Agustín y Catalina atravesaron la frontera para adentrarse en territorio francés. La acogida gala no fue buena, separando a la pareja. Catalina fue ingresada en un castillo junto a otras exiliadas españolas. Tras diversas peripecias consigue establecerse con su compañero en Montauban, era febrero de 1940. La guerra fue dura, la presencia alemana amenazaba deportarlos a campos de concentración. Varias veces los soldados alemanes registraron su casa en busca de judíos. En 1943 los bombardeos alemanes se intensificaron en la zona. Catalina con su familia se refugió en el campo hasta que los alemanes se retiraron definitivamente. En los años sesenta su madre María Cruz, sus hermanos Juan y Curro y algunos otros familiares más se marcharon de España y se reunieron con ellos en Montauban. Progresivamente se convirtieron en una de las muchas familias exiliadas españolas que no volverían a su patria hasta la muerte del dictador. La vida cotidiana estaba marcada por el trabajo diario y esa mitad de camino en el que viven los exiliados entre el país que residen y el país en el que nacieron. En Montauban participan en todos los actos que organizaban los exiliados republicanos españoles. Sus visitas a España fueron escasas y cortas una vez muerto Franco. La última a mediados de los ochenta. 



Miguel Sen noveló la vida de Catalina Silva sin conocer al personaje real. Es de esos casos en los que la realidad supera a la ficción. Sobre esta novela escribió Sen: “Para hacer una novela necesitaba un personaje conductor, alguien que hubiera visto lo que pasó y que, dada su inocencia, quedara arrasado por una realidad a la que cada personaje da una lectura diferente. Apareció así la figura de la muda, contrastada con la de un joven intelectual que no quiere darse cuenta de la infinita capacidad de engaño que muchas veces tenemos los mayores. Como la protagonista estaba espiritualmente exiliada, la exilie del todo, llevándomela a las Landas francesas, en una época en que también allí se vivía una dura situación”. Años más tarde, en noviembre del 2008, en el programa Andaluzas de Canal Sur dirigido por Antonio Ramos Espejo, en el documental sobre su hermana, Catalina fue la otra gran protagonista. Las cámaras se desplazaron a Montauban y allí, por primera y única vez, habló públicamente sobre todo lo que le preguntaron referente a los Sucesos. La protagonista de La memoria muda, Isabel, dice al empezar la novela: "Siempre han creído que era idiota porque dejé de hablar cuando niña”. De alguna manera con estas declaraciones se acaba con el silencio impuesto y se avanzaba otro peldaño más en la recuperación de la memoria de los sucesos. 



Catalina es la única de los protagonistas de los sucesos de Casas Viejas que sigue viva. Es simbólico que lo haga exiliada en Francia, a muchos kilómetros de su Casas Viejas natal rodeada de animales y de la familia que la cuida con cariño. No pierde el contacto con España, a través de la televisión (Canal Sur) y del teléfono con llamadas casi diarias a sus familiares españoles. Cuenta a todo el que le pregunta que se acuerda todos los días de lo que ocurrió aquella noche del 11 al 12 de febrero. Me gustaría que alguien que tuviera acceso directo a ella, le contará que en el día de la mujer trabajadora en el blog desde la historia de Casas Viejas nos hemos acordado de ella y le brindamos este humilde homenaje. Ojalá en la conversación telefónica de esta tarde de Catalina y Chana, que vive en Jerez,  charlen sobre esto. En la fotografía de Leonardo Catalina aparece la segunda por la izquierda y su prima Chana en el centro de blanco, en brazos de su madre Sebastiana Cruz.


Es el mejor homenaje que se le puede hacer a las dos mujeres de los sucesos que han vencido al silencio, a la derrota, a la muerte, al miedo y al destierro. Catalina y Chana, va por vosotras. Evidentemente era cierto eso de que resistir es vencer. También, decía mi abuela, que "lo que hacía falta, era que Dios no nos mandara lo que somos capaces de aguantar". Salud.

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