Las mujeres de los sucesos. Derrotadas y olvidadas. Las mujeres aterradas. 2

El segundo grupo de mujeres de los sucesos, las aterradas, lo constituyen aquellas que se quedaron a vivir en Casas Viejas después de los sucesos y no sólo soportaron la muerte de sus familiares, sino también la represión brutal sufrida sobre todo lo relacionado con los sucesos. Me voy a servir de tres fotografías.




En la primera aparecen la familia de Quijada y Andrés Montiano. En la fotografía, la primera a la izquierda es Encarnación Barberán Madueño, esposa de Manuel Quijada y embarazada de siete meses cuando murió su marido. Al lado la madre de este Isabel Pino Rodríguez. A la derecha está María Cruz que tiene en sus brazos a una niña llamada María Montiano, hermana  de Andrés Montiano Cruz.  María también había perdido en los Sucesos a su hijo Andrés. El muchacho de atrás a  la izquierda es Manuel Prieto Cruz. Manuel era yerno de Seisdedos y marido de Sebastiana, la única hija de Seisdedos que se va a quedar en Casas Viejas después de los Sucesos, como veremos posteriormente.    La composición se cierra con el periodista que toma notas a la derecha. La foto es de Serrano, del 19 de febrero de 1933 que acompaña a los miembros de la comisión parlamentaria no oficial y significó un punto de inflexión en la percepción nacional de lo que había ocurrido verdaderamente en los sucesos. Sin duda la postura de estas mujeres diciendo y manteniendo la verdad resultó trascendental. 



Lo mismo ocurre con la segunda foto. Primero a la izquierda aparece Juana Galindo (hermana del asesinado Juan Galindo González y cuñada de los Silva), Catalina  Silva Cruz con la niña María Montiano Cruz (hermana de Andrés), María Cruz Jiménez (la madre de Catalina y María, la mujer de Juan Silva), Sebastiana Cruz Jiménez, con Sebastiana Silva Cruz (esposa de Jerónimo Silva), María Cruz García (madre de Andrés Montiano), la primera por la derecha es Encarnación Barberán. La fotografía de Leonardo apareció en el Diario de Cádiz el 13 de febrero. Se trata de la primera vez que aparecen los familiares de las víctimas públicamente,  empezando a difundirse públicamente la versión real de los Sucesos. De ellas Juana Galindo, María Montiano, María Cruz y Encarnación Barberán se quedarán a vivir, y sufrir las consecuencias de la represión, en Casas Viejas. 
Mercedes Cruz Jiménez. Foto Antonio Ramos Espejo



Como veremos posteriormente la familia de Seisdedos, los Cruz Jiménez emigraron todos de Casas Viejas al no poder soportar la presión que suponía la represión sufridas sobre ellos, salvo el caso de Mercedes Cruz Jiménez. Mercedes Cruz Jiménez era una de los cinco hijos de Francisco Cruz Gutiérrez y Catalina Jiménez Esquivel. Mercedes, que nunca se sacó el carné de identidad, trabajó con los Sánchez Moya, por la mañana en la casa y por la noche en la panadería. La familia de Seisdedos por el número de muertos y por la acción mediática se convirtió en la referencia de los Sucesos de Casas Viejas. Mercedes, al contrario que sus dos hermanas Sebastiana y María, se quedó a vivir con Manuel Prieto en Benalup, primero en el rancho de Ana Tineo y después en el Tajo. Finalmente termino viviendo en Cantarranas. Y aquí vivieron hasta que murieron. A las otras dos hermanas, María y Sebastiana, le habían matado el marido, a Mercedes no, y la familia Prieto Cruz se quedó a vivir en Benalup. Tuvieron que soportar el estigma de los Sucesos, en forma del periodista o investigador insensato que cree que ha encontrado una mina en la hija de Seisdedos, a través del desalmado de turno que quiere aprovechar el tirón mediático del drama familiar o en forma de represión, olvido y silencio…mucho silencio. Decía Manuel Prieto” Hemos vivido en Casas Viejas como presos…”. 
Antonio Durán Fernández y esposa.



Fueron muchas las mujeres que tuvieron que soportar aterradas la tremenda represión que se vivió en Casas Viejas después de los sucesos, valga como ejemplo, el caso de Catalina, la madre de los Duran. Catalina Fernández Rodríguez había nacido en Júzcar el 22-11-1876, casó con Juan Durán Rodríguez, también nacido en Júzcar. Ambos venían a la temporada de la siega como sopacas, estableciéndose en un primer momento en Alcalá donde nacen los dos hijos mayores, Francisco y Antonio, y luego se vienen a Casas Viejas donde nacen los otros tres (Juan, José y Ana). Sus hombres, jornaleros, trabajadores del campo, siempre se relacionaron con la ideología que imperaba en aquella época; el anarquismo. Así, un cuñado suyo, José Durán, fue el vicepresidente de aquel primer sindicato de inspiración anarquista que se formó en Casas Viejas el 1-7-1914. Después del affaire de Gaspar Zumaquero desapereció para volver a la escena pública en 1932, esta vez el presidente era José Monroy y Antonio Duran Fernández, hijo de Catalina, miembro del comité de defensa. En 1933, Antonio y José Durán, como casi todos los jornaleros afiliados al sindicato anarquista participaron, en los sucesos, a los dos los metieron en la cárcel, con el consiguiente padecimiento para Catalina Fenández. El encarcelamiento y procesamiento de sus hijos tuvo que afrontarlo Catalina sola, pues su marido había muerto, dejándola viuda con cuatro hijos. Cuando llegó la guerra, Francisco se queda en el pueblo pues su enfermedad de asma le impedía libertad de movimientos. De Antonio sabemos que estaba en Espartinas, tierras pertenecientes al marqués de Negrón cortando leña en julio del 36. El 31 de agosto, con otros benalupenses, desde Casas Viejas se dirigieron a la boca de las puercas, de ahí al Picacho y a la Sauceda. Después a Jimena y Estepona donde estuvo varios días trabajando en las faenas agrícolas. Cuando cayó Málaga en febrero del 37 desistió en volver a Casas Viejas, pues pensaba que por haber pertenecido al sindicato y ser juzgado por los Sucesos, tendría muchos problemas. Así que por la caravana de la muerte llegó a Almería, donde se dedicó a hacer carbón de eucalipto durante seis meses y luego se va la colectividad de Daya Vieja, donde su compañero de comité de defensa; Juan Sopas tenía un cargo relevante. Estuvo allí veintitrés meses, trabajando y echando raíces en aquella tierra. Cuando terminó la guerra volvió a Casas Viejas, donde lo encarcelaron de nuevo. Pero sólo está en la cárcel de Medina siete meses, pues en el juicio los absuelven por aplicarle la eximente de miedo. Cuando sale de la cárcel no se van acabar los sufrimientos de Catalina con su hijo, pues Antonio ante las dificultades de encontrar trabajo y el ambiente represivo de la postguerra  decide volver a Daya Vieja, donde tenía otra familia. La guerra había sido muy dura y sus consecuencias perduraron en el tiempo, no solo separaron familias durante su transcurso sino después de ella. 



El otro hijo, José,  que participó en la guerra lo hizo en un principio en su reemplazo dentro del ejército nacional, el 25 de mayo en las avanzadas de Villaharta de Córdoba se pasa al lado republicano, estableciéndose en Pozoblanco. El mecanismo nacionalista para estos casos se pone en marcha y en enero del 38 encarcelan a Catalina y su hijo menor Juan, porque su otro hijo Antonio estaba en zona republicana. Después cuando terminó la guerra, José Durán siguió huyendo de los nacionales y terminó en el campo de concentración de Septfonds (en la región de Mediodía-Pirineos, departamento de Tarn y Garona, en el distrito de Montauban muy cerca donde Catalina Silva Cruz y su familia se establecieron). Pero de allí pasó a la resistencia francesa para luchar contra los alemanes, estos lo apresaron y se lo llevaron a Mauthausen, donde murió en el subcampo de Gusen en 1941. Catalina Fernández no sólo había perdido un hijo, sino que además la familia de este, su mujer Trinidad Moya Moreno tenía dos hijos que sacar hacia adelante. Las condiciones son tan duras que cuando en 1940 muere el marido de su hija Ana, Antonio García Estudillo “Antonio Alegría” Trinidad y sus dos hijos se van a vivir con Ana Durán, su cuñada. La historia de España fue muy dura con los españoles, sobre todo con aquellas mujeres madres  de jornaleros.

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