Exceso de celo. Y 2


La tercera parte de la noticia la escribe la redacción del periódico la voz del campesino en 1932: “Hasta aquí muy compendiadas las dos notas que de Casas Viejas y de actos realizados por el sargento de la Guardia civil del aquel puesto se nos envían. Lo que no se nos dice es si este señor hace lo mismo cuando a un cadáver se le pone un ataúd negro con una cruz, y si cuando una señora pasea llevando al cuello un crucifijo se lo arranca violentamente también. Dos preguntas, para concluir: ¿Son los individuos de la Guardia civil, por muy elevada que sea su jerarquía, quienes para mostrarse árbitros en materia social y religiosa?

¿Pues no habíamos quedado en que en esta República española, liberal y democrática, de trabajadores de todas clases, habría libertad de cultos?
Porque la realidad enseña que aquí no se tolera más signo ostensible que el de la religión católica. Y es que en España no nos curamos de la sarna católica mientras no desaparezcan las Iglesias y sotanas.
Estos actos se nos antojan un exceso de celo del referido sargento, que exponemos públicamente para que si hay motivo para ello sea llamado al orden por quien corresponda”
Foto Mintz



Estamos ante una de las ocasiones que aunque parezca que se trata de una anécdota sin importancia el hecho en sí refleja una problemática más general. En este caso los anarquistas de Casas Viejas denuncian en un periódico afín, hoy se haría en Facebook ¿?, la connivencia de un sistema que reprime a los más débiles y protege a los más fuertes. 82 años después seguimos estando en un país donde la constitución establece claramente que estamos en un estado aconfesional, laico, donde existe la separación legal de la iglesia y el estado. Pero antes como ahora la diferencia de la España oficial a la real es un abismo. Seguimos sin resolver el problema de organizar un estado donde el asunto religioso sea una cuestión personal, individual, alejada de lo público. Pedro Sánchez, el candidato del PSOE, llevaba en su programa electoral una serie de medidas que demuestran que tal separación en la práctica no existe. “Así  propone el cambio de la Constitución en el apartado 3 del artículo 16, denunciará los acuerdos con el Vaticano que datan de 1979, exigirá que la Iglesia pague impuestos por aquellas propiedades que no están destinadas al culto y que cambie la asignatura Religión en la educación. Según sus propias palabras, “avanzar hacia un Estado laico”. Para Pedro Sánchez, el modelo a seguir es la República francesa”. Tengo mis dudas sobre si se llevaría el programa a efecto alcanzado el poder, o haría como sus predecesores, guardarlo en el cajón esperando otros tiempos. El miedo guarda la viña, y existe el convencimiento generalizado de que el problema religioso fue uno de los mayores culpables de la radicalización e inestabilidad que llevó a la República a la Guerra Civil. 
Foto Mintz



En Benalup-Casas Viejas también hay muchos síntomas de que esa separación de poderes no existe, aunque estamos en un pueblo, que por su idiosincracia propia a nivel popular el hecho religioso se vive de distinta forma que los pueblos vecinos.  Si en Sevilla "la bulla" se forma en torno a las procesiones, aquí se traslada a las segundas residencias que hay en la Yeguada. Pero el cementerio de la localidad que responde a una necesidad pública pertenece a la iglesia católica. En las procesiones de Semana Santa  asisten a ella guardias civiles, municipales  y concejales, no como personas individuales, que por supuesto están en su pleno derecho, sino como funcionarios públicos y como representantes locales. Este hecho recuerda la escena que describía Mintz para el Benalup de Sidonia de los años sesenta: “Durante la Semana Santa, el cura andaba en la procesión bajo un toldo que era llevado por un guardia civil y un concejal o funcionario del Ayuntamiento, uno a cada lado. La ceremonia era tanto una manifestación de los tres poderes temporales como una fiesta religiosa. Mientras pasaba la procesión, la mayoría de los campesinos observaban en silencio en las aceras o permanecían en los cafés”




Quiero dejar claro mi más absoluto respeto a los católicos. También por la Semana Santa que la considero un "hecho social total", abarcando aspectos religiosos, jurídicos, morales, políticos, familiares, económicos, artísticos... Además opino que los verdaderamente creyentes son los auténticos perdedores de la manipulación que hacen unos y otros de la religión, los que van falsamente detrás del cura con el cirio o los que iban con el garrote, parafraseando a Agustín de Foxa. El antropólogo Isidoro Moreno refiriéndose especialmente a la Semana Santa sevillana, afirma que, entre los cargos públicos, se ha dejado atrás el “nacionalcatolicismo” para abrazar el “municipal-cofradierismo”. Me da la impresión que la política se está profesionalizando tanto, que de tanto comulgar con ruedas de molino corremos el riesgo de perder por el camino lo más bonito de ella; La búsqueda de la utopía, la integridad,  del auténtico bien colectivo, de la coherencia... Escrito todo esto, respetando las opiniones de todo el mundo y sin querer pontificar en nada, solo expresar mi opinión personal sobre este asunto. La verdad  que la mezcla de los institucional con lo religioso me parece que sigue siendo un exceso de celo y más si lo que se buscan son réditos políticos. 

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