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Patrimonio municipal. Agua, vías pecuarias y dehesas. Las dehesas. 11

Dehesa
Superficie en hectáreas
Produce  renta en escudos
Paga en contribución en escudos
Propietario actual
Los Tejones
258
639
106
Las Lomas
El Alisoso
268
232
39
Jan Pieer Budka
El Carrizuelo
536
211
35
Las Lomas
La Culebra
160
184
24

Peña Arroyo
53
88
14
Las Lomas
La Albaida
107
100
16
 Dentro de las Gargantillas
La Hoya
74
53
8
Juan Manuel Sánchez Del Pozo
Los Hoyuelos de Palmita
166
214
35

Dehesa de las Algámitas
168
83
14
Jose Torrent
La Cañada de la Cebada y Alcaparroso
532


Mario Porras













Es curiosa la toponimia, como se refiere o a animales de la zona (Tejones, la Culebra), la vegetación típica de la zona ( los alisos, el carrizuelo o la palmita), formas de relieve (peña arroyo, hoya, algamitas (peña), albaida (tierras blancas)  o vías pecuarias (cañada de la cebada). La más extensa de las diez dehesas que aparecen en el catastro de 1865 pertenecientes a los propios de Medina Sidonia era la Cañada de la Cebada y Alcaparroso y la que más renta producía eran los Tejones y también esta era la que más contribución pagaba. 
Destaca la presencia en las referencias de las dehesas de términos como mojoneras, coladas, suertes, caudal de propios. Las mojoneras son los límites entre municipio, así aparecen las de Alcalá o la de los barrios. Las coladas son vías pecuarias de la época de la mesta que tienen una presencia muy significativa en la sierra. Las suertes son las distintas partes resultantes de los diversos sorteos que se hicieron entre los campesinos. Los más significativos fueron los de 1822, 1841 y 1855. Estas suertes por distintos procedimientos terminaron en manos de los grandes propietarios. En cuanto al caudal de propios ya hemos dicho que son los fondos de los que se nutren los ayuntamientos para sufragar sus gastos (educación, sanidad, obras...) ya que el estado no colaboraba en ello.



Estas diez dehesas fueron vendidas por el Ayuntamiento a los largo del siglo XIX y pasaron a manos privadas. A las subastas solo acudieron los grandes propietarios pues eran los únicos que podían afrontar los gastos que ello conllevaban. Las suertes también pasaron a estos propietarios porque los pequeños y medianos campesinos no tenían capacidad productiva. Este proceso de concentración de la propiedad que se produce en el siglo XIX, se consolida en la década de los sesenta del siglo XX, dentro de los cambios producidos por la crisis de la agricultura tradicional. 


En 1938 en un oficio del Ayuntamiento de Medina observamos que La Cañada de la Higuera y la Arenosa son de Juana Mª Montes de Oca, El Alisoso de los herederos de Josefa Pardo Figueroa, Peñarroya y Cañada del Valle de Matias Ribot, Zapatero de José Gallego Herrera, Rehuelga y Picasso de Petra de la Riva González, El Carrizuelo de los herederos de Teresa Chacón, Las Algamitas de Jorge VEra Camacho, El Cuervo de Andrés Pérez, Picasillo de Juan Vela Morales, El Cinchado de Domingo Delgado de Mendoza, el Zapatero de Antonio Lozano Díaz..




Todavía en los cincuenta y sesenta alternan grandes propietarios como la familia Mora Figueroa, Vela, Espina, Gallego, Petra de la Riva, Belmonte, Álvaro Domecq, Vicente Ruiz… con pequeños y medianos propietarios, cuyas familias habían sido agraciados con alguna suerte en los sucesivos repartos que ha hecho el Ayuntamiento de Medina. En la actualidad, como grandes propietarios de tierras siguen apareciendo algunas familias de los sesenta (Mora Figueroa, Espina, Familia  Quesada "El Canito"…) han desaparecido otras y aparecen nuevos grandes propietarios como Torrent, Martel, Crespo, Corrales, Barberá, Romero, la sociedad malagueña que ha adquirido el Cuervo o fortunas extranjeras como el caso de Jan Pieer Budka (Alisoso, Porretal, Escudetes…)



La tendencia a la concentración de la propiedad, al absentismo y al carácter foráneo está también relacionada con los cambios en los aprovechamientos. Al hilo de la desaparición del bosque humanizado desaparecieron el carbón, las pequeñas huertas, la explotación ganadera del cerdo, la oveja, la cabra, los pavos y otros animales domésticos. Se ha mantenido la corcha y ha ganado enteros el toro bravo y la vaca retinta (que necesitan poca mano de obra) y en especial, el animal protagonista de estos últimos años; el venado. Los grandes propietarios dedican progresivamente sus fincas al aprovechamiento cinegético introduciendo de forma extensiva el venado. La presencia mayoritaria de la vaca y el venado ha significado la consiguiente aparición a partir de los años sesenta de los cercamientos con mallas y alambres, el vaciamiento humano del campo y otra tuerca en la concentración de la propiedad, al mismo tiempo que aparecen problemas medioambientales como la seca, las mismas mallas o la matorralización.



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