Un siglo de iglesia en Benalup-Casas Viejas. Los sacerdotes. Los primeros curas. 26


La figura del cura en Casas Viejas ha sido siempre la de un personaje con mucha importancia. Es verdad que esa relevancia ha variado dependiendo del momento histórico, no es lo mismo el rol del Padre Muriel en el primer franquismo, que los que ejercieron en la Segunda República o en la actualidad. Gracias a Mintz y sus Anarquistas de Casas Viejas conocemos los curas que hubo en el pueblo en el primer tercio del siglo XX. 




Dice Mintz así: “La relación entre el cura de Casas Viejas y los aldeanos fue siempre amistosa y cordial. De 1897 a 1918, Don Diego Fuentes fue el cura de la aldea. Don Diego, que habÍa nacido en la localidad vecina de Conil, era un cura de campo que conocía perfectamente la vida del campesino. Disfrutaba cazando perdices y a menudo iba a cazar con el barbero del pueblo. Sigamos el relato de Mintz para conocer al cura que sucedió a Diego Fuentes. “Las relaciones entre el cura y la población continuaron siendo buenas después de que Don Diego se incorporó a otro destino. De 1918 a 1925, Don Manuel Barberá Zaborido fue el cura del pueblo. Como Isabel Vidal lo describió: “Todo le parecía bien. El segundo día de Carnaval solía decir: “hagamos un coro”. Cortabarra era el director. La música que tocaban era “La cucaracha”. Ellos cantaban y el cura los acompañaba. Cuando llegaban a un bar, cerraban la puerta y él se sacaba su sotana y bailaba. Acostumbraba a decir: “Muy bien hecho. Hemos estado ensayando durante el año entero”. De hecho, habían practicado un día. Solía ir a las montañas a bautizar a un niño. Puso una sotana a uno de sus amigos, Florito, y ambos fueron vestidos de cura al bautizo. Aquí no había ningún mal sacerdote”.



A Manuel Barberá lo sustituyó el padre Gallardo y a este Andrés Rivas. De ellos dice Mintz: “Don Gallardo había sido un personaje popular. Disfrutaba del tabaco, el vino y la caza. La gente que compartía sus gusto lo apreciaba. Incluso gozaba de amistades entre los que se oponían a la Iglesia. Después de que se descontaran los votos de los campesinos en las elecciones de 1931, Don Gallardo, que era apocado, había logrado detener el consiguiente enfrentamiento con la guardia civil. Habría sido beneficioso disponer de un hombre de su temperamento en el pueblo durante los difíciles meses siguientes. Tres semanas después de la partida de Don Gallardo llegó su sucesor, Don Andrés Vera, Don Andrés era un hombre callado y tímido que se sentía cómodo con los rituales eclesiásticos, pero incómodo con los trabajadores: “Cuando era joven vine de cura a Casas Viejas en mi segundo destino, procedente de una parroquia de la zona de Gibraltar. Allí es donde me crié. La diferencia era abismal. En Gibraltar había abundancia; en Casas Viejas, pobreza y miseria. Los sindicalistas no me molestaban, pero, cuando andaba por la calle de San Juan, me silbaban. Esa era la única calle y uno tenía que pasar por allí. Algunos de ellos no iban a la iglesia para enterrar a sus muertos, sino que los enterraban sin mí. Y no permitían que los inscribiera en los registros de la iglesia. Procuraban convencer a la gente de que no se acercara a la iglesia. No conocía a los sindicalistas. Vivían en un ambiente distinto, y sólo estuve allí brevemente. Yo me ceñía a asuntos espirituales”.



En la primera foto el huerto del cura donde araba D Diego Fuentes y dos fotografías de Andrés Vera repartiendo pan entre los huérfanos de las victimas de los sucesos de Casas Viejas.

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