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Murió Don Eugenio Espinosa


Ayer, día 24 de enero, curiosamente el día de la Virgen de la Paz, murió en Cádiz Eugenio Espinosa Martínez. Don Eugenio es el típico personaje que excede a la persona y que se convierte en testigo y referente de una época. Es el maestro del segundo franquismo en Benalup de Sidonia. No me gustan los habituales halagos a los que han muerto, pero siempre que en vida he hablado de Don Eugenio lo he hecho en forma positiva. Ahora no será una excepción.



En estos casos siempre escribe uno desde la relación que tuvo con la persona dada. Mantuve una muy buena relación en los 25 años que llevo en este pueblo con D. Eurgenio. Pero sobre todo me quedo con su disposición por ayudar, por colaborar, por aportar... con todo lo relacionado con el pueblo. Me pareció siempre un personaje público con una neta predisposición a lo positivo. Me lo dijo el primer día que lo conocí, estaba dispuesto a poner su grano de arena en todo lo que fuera por la difusión y conocimiento de este pueblo, no lo ví fallar nunca. No he conocido otra persona en el pueblo que se sintiera tan satisfecho por ser útil para la cultura y educación de este pueblo. Me dejó cientos de fotografías, decenas de documentos y periódicos, miles de datos y todo tipo de información, pero, sobre todo, la certeza de que la única manera que tenía Benalup-Casas Viejas de proseguir su camino era por la senda de la sociedad de la información y el conocimiento.


Eugenio Espinosa, escribía para una exposición del IES Casas Viejas en 1999 lo siguente:“Allá, por Septiembre de 1958, en unión de mi gran amigo y compañero inseparable ANGEL GUILLÉN BENITEZ, arribamos a este pueblo por el Concurso General de Traslados cuando aprobamos las Oposiciones a ingreso en el Magisterio Nacional. Benalup solo contaba entonces con cuatro escuelas, dos de niños y dos de niñas para una población de unos tres mil habitantes… Ángel fue destinado a la Escuela Nacional Unitaria de Niños Nº 2 ubicada en la Plaza del Socorro, donde vive hoy la familia de Nicolás Vela Barca (q.e.p.d.) y yo a la Unitaria de Niños Nº 1, situada donde hoy está la Caja de Ahorros San Fernando de Jerez-Sevilla en la calle San Juan(en la actualidad Pub el Xino). Las Maestras eran Dña. Mercedes Pérez-Blanco Jordán y Dña. Lucía Romero Armas, destinadas en las Escuelas de Niñas del Chorro Grande (fotografía 9) y la que estaba en el antiguo edificio del Ayuntamiento respectivamente. Las matrículas eran numerosas por razones obvias, aunque en determinadas épocas del año coincidentes con las labores agrícolas disminuía la asistencia porque los niños y niñas mayores iban a trabajar al campo con sus padres para incrementar el salario que entraba en la casa, de por sí muy precario y no siempre fijo....Con la construcción de las Escuelas en la Barriada de Corea pasaron allí la Escuela de Niños de Ángel y la del Ayuntamiento, permaneciendo la del Chorro y la mía en la misma ubicación; posteriormente se edificaron otras dos más y se dedicaron a la Campaña de Adultos aumentado también el número de Maestros... El material que cada alumno llevaba a la escuela en un bolso de tela confeccionado en casa por la familia era el siguiente: una pizarra con su correspondiente pizarrín, un cuaderno de una raya, un lápiz, un cuaderno de caligrafía, una caja de lápices de colores “Alpino” (cuando nos la traían los Reyes), el Catecismo, la tabla de multiplicar y la Enciclopedia, él que la podía comprar. Los libros de lectura eran comunes para todos (fotografía 10) y se compraban con cargo al exiguo presupuesto que para material nos daba el Ministerio. ¡Ah! la tinta se hacía en la escuela y se usaban las plumillas de “Corona”, como algunos recordarán. Pobre bagaje para tan compleja y delicada empresa. Todos los alumnos y también el Maestro usaban el clásico baby de crudillo como se puede comprobar en algunas fotos. Entonces en el pueblo solo podían estudiar los más pudientes y en Colegios internos, los que teníamos familiares en la capital o los que ingresaban en el Seminario, aunque muchos no terminaban de ser sacerdotes; la mayoría no terminaba el periodo de enseñanza obligatoria porque se incorporaban muy pronto al mundo del trabajo…”



Eugenio Espinosa junto a su inseparable y gran amigo Angelín marcharon a Cádiz en 1968. Estuvieron en Benalup diez años como maestros, pero dejaron un grato recuerdo y una gran huella. Después siguieron pendientes y viniendo por el pueblo.  En 1992 fue el primero pregonero de las fiestas de la Independencia de Benalup. En el diario de Cadiz de 21 de marzo de 1992 se puede leer con respecto al pregón de Eugenio Espinosa: " El pregonero, tras recordar "a nuestro querido amigo y mejor persona" que fue Ángel Guillén Benítez, dedicó especialemtne su pregón a la juventud. Recordó sus correrías juveniles por Benalup hasta el momento, muchos años después, en que "tuve el gran honor de ser maestro en la misma escuela donde me eduque de niño", la Escuela de arriba, de "don Manuel Sánchez". Eugenio Espinosa invitó a todos a un "paseo imaginario por nuestro pueblo y a perdernos por sus callejas", acudiendo al verso para referirse a rincones y fiestas. La parte final del pregón consitió en un repaso del proceso de segregación que culminó con la exclamación "¡Viva Benalup independiente!". 


Don Eugenio escribio una semblanza de Benalup para la página del IES Casas Viejas, que la terminaba con este acróstico. 
La B de "buena gente",
La E de especial y elegante,
La N de noble,
La A de alegre,
La L de liberal,
La U de único,
Y la P de pródigo que es sinónimo de generoso y de solidario.



Don Eugenio fue maestro, concejal, católico, filatélico y un montón de cosas más, pero sobre todo, fue y siempre ejerció de benalupense de pro. Se ha muerto una persona muy importante para este pueblo, y, como no podía ser de otra forma, le quiero brindar mi humilde y particular homenaje. Su legado no sólo lo componen los conocimientos extendidos por el pueblo a través de sus alumnos, sino un salto cualitativo profundo en la cultura y educación de esta su localidad.  Tenía claro que todo lo que sabemos, lo hacemos entre todos y a eso dedicó su vida. Parafraseando a Antonio Machado más que un hombre que sabe su doctrina, era en el buen sentido de la palabra, bueno. Descanse en paz, Don Eugenio Espinosa. Un maestro al que el don siempre le ha sentado perfectamente.

2 comentarios:

Brigadier Solsona dijo...

Hace unos días me enteré de la muerte de Don Eugenio Espinosa, y la verdad es que impactó bastante, ya no lo vería mas dando sus paseos por Cádiz, se me acabó el privilegio de saludarle y de cambiar unas palabras con él de vez en cuando.

Don Eugenio fue mi profesor de matemáticas y ciencias naturales en la segunda etapa de la antigua E.G.B. desde el curso 74/75 al 76/77 en el colegio de Fray Félix, en Cádiz. Lo recuerdo gratamente, era un hombre de una valía humana impresionante y que me ha marcado en mi vida para siempre.

Duro en el aula cuando tenía que serlo, exigente, disciplinado... pero una gran persona de excelente corazón. Él me inició, y a otros compañeros, en la filatelia (guardo como oro en paño los primeros sellos que me dio para iniciar la colección), con él aprendí álgebra, fracciones, raíces cuadradas, porcentajes, matrices, potencias, ecuaciones, geometría, la composición de una célula, a identificar minerales, la tabla periódica, fórmulas, fases de la reproducción de los ovíparos y vivíparos, constelaciones, las diferentes escalas de temperatura (y pasar de una a otra), calcular peso, masa, velocidad, aceleración, volumen, capacidad...

Lloré, lloramos, junto a él (literalmente) en el aula por la muerte de nuestro querido profesor don Ángel Guillén, de lengua española y ciencias sociales, artífice de mi ortografía, redacción y amor por la lectura hasta convertirla en vicio.

Tengo recuerdo imborrables de ambos, mi mujer dice que mi memoria da vértigo y muchas veces, hasta me lo creo, pero en el caso de don Eugenio y don Ángel, es para bien porque me marcaron en mi niñez y lo siguen haciendo a mis cincuenta y cuatro años.

Dios los tiene junto a Él, no me cabe duda.

Anónimo dijo...

Estos dîas me enteré del fallecimiento uno de los mejores profesores que he tenido. Me dió Naturales en Manuel de Falla en los 90. Siempre nos saludábamos cuando nos cruzábamos, él siempre con sus inconfundibles polos. Recordar que la última lo vi cruzando un semáforo y no me viera, sin saber que sería la última vez, me entristece mucho. Pero lo importante es el ejemplo como persona que nos ha dejado y que ahora que soy madre espero reciban mis hijas de sus profesores. "Sostener, dar forma, proteger, permitir los movimientos" nunca olvidé las funciones de los huesos. Alicia G.