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Un siglo de iglesia en Benalup-Casas Viejas. Ritos religiosos, culturales y sociales. El traje blanco. 21

“Mi abuela era miembro de una familia de ocho hermanos y hermanas. Ninguno de ellos podía ponerse un traje blanco para el día de su comunión. Pero mi abuela tenía tanta ilusión en ello que lloró mucho y le pedía a su madre que la dejara hacer la comunión con un vestido blanco. La madre le dijo que no podía comprarle el traje por la situación económica que atravesaban y al seguir insistiendo mi abuela, su madre le dijo que si quería que iba a hablar con Don Manuel Sánchez, el maestro y alcalde del pueblo.


Entonces éste al ver las lágrimas de mi abuela por la ilusión de hacer la comunión con un traje blanco, le ofreció un “vale” para que comprara tela para poder hacerse un vestido. Fue a la tienda de telas de Pepe Rey, un hombre muy conocido en el pueblo, bastante bueno y humilde, donde compró la tela blanca para hacerse su traje, aunque este fue corto y no largo, pero ella se conformó y se sentía feliz. Una mujer le hizo el traje y pudo hacer la comunión con su “traje blanco”.




En el momento que acabó la misa, se iban a la sacristía a desayunar, donde le daban un bollito de pan, chocolate caliente y un dulce. Ella me contó un pequeño detalle que explica un poco el hambre de entonces. Se comió el bollito y el chocolate caliente, pero al llegar al dulce pensó en sus hermanos que entonces se encontraban en la Alameda jugando y no pudo comerse el dulce al pensar en sus hermanos. Estas son pequeñas anécdotas que ella me cuenta pero que sirven para observar el hambre de entonces, la pobreza… Era mayo de 1953” Del Trabajo de Naomi Sánchez Moya




En primer lugar la fotografía de Manuela Delgado Romero, la protagonista de la cartela. Luego tres fotografías de comuniones de finales de los treinta. La quinta es la comunión de Isabel Guillén Fernández. En último lugar la típica merienda en la sacristía de la que habla en el trabajo de Naomi Sánchez. 




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