La blasfemia

Javier Krahe, recientemente fallecido,  es uno de mis cantantes favoritos. Me gusta su ironía y la forma de afrontar las canciones y la vida. Me he encontrado un documento en el archivo municipal de Medina que me ha recordado un problema reciente que ha tenido con la justicia. Con fecha de 4 de febrero de 1941 el subsecretario de la gobernación de Cádiz envía al alcalde de Medina la siguiente circular: “Excmo. SR: Para una punible laxitud en los resortes de la Autoridad paralela a un aflojamiento de los ideales religiosos, ha entrado en nuestras costumbres la licencia para la palabra soez y la murmuración, que corrompen la moral y la decencia pública, constituyendo, en

algunos casos, sólo una grave falta de educación, que tiene entonces su castigo en la vida de relación, pero que transciende, en los más, el orden jurídico cuando pretende robar la fama del Poder  público o morder en la honra de sus conciudadanos con la maledicencia, que es la lacra de las conversaciones de corro, café o tertulia, y más injusta y gravemente si se querella contra el Cielo profiriendo blasfemias de alevosa injuria para Dios o sus santos.- Para extirpar en su raíz estos sedimentos de ponzoña, reliquia de pasados achaques, los Gobernadores Civiles, con arreglo a la Orden de 11 de julio de 1937, desplegarán el mayor celo en la vigilancia y una acentuada severidad en el castigo de la difamación, cuando esta sea manifiesta, y de la blasfemia, aunque no produzca escándalo público, decretando arrestos e imponiendo multas con toda la amplitud que permiten sus facultades gubernativas. Lo que traslado a Vd. para su conocimiento y efectos. Por Dios, España y su Revolución Nacional Sindicalista".








La circular no tiene desperdicio, a principio del franquismo, recién terminada la Guerra Civil la Secretaría de Orden Público legisla en contra de la blasfemia y la difamación. No es la primera vez que los estado lo hacían, de hecho es propio de los regímenes teocráticos y absolutistas, lo impropio que se haga en pleno siglo XX. Pero si lo situamos dentro de los fundamentos ideológicos del franquismo tiene más lógica. Recordemos que de los tres Nacioanalismos, el patriotismo, el sindicalismo y el catolicismo, este último fue el más importante e impactante en la vida cotidiana. La relación simbiótica del catolicismo y el franquismo hace que se controle la vida diaria con la moral católica, apostólica y romana. Por ello la persecución de la difamación “al poder público” o la blasfemia religiosa consistente en la “alevosa injuria para Dios o sus santos”. Como mal menor se admiten “la palabra soez y la murmuración” pues en un caso es castigada por “la vida en relación” y la otra sirve para el autocontrol social, pero la difamación y la blasfemia corresponde al ámbito público, político y religioso y están penadas con “arrestos y multas”. Como es lógico, en la misma circular se establece claramente que es la Segunda República la culpable de estas lacras sociales, “ reliquia de pasados achaques”.  



En el siglo XVIII La Ilustración europea rechazó el concepto mismo de "blasfemia" y denunció que fuera considerada un delito. Durante el liberalismo de Isabel II se volvió a contemplar, pero quedó en desuso hasta que con el franquismo tomo nuevos bríos. En la actualidad la  blasfemia desapareció del ordenamiento jurídico español en 1988 bajo el gobierno del PSOE. Sin embargo en el artículo 525 del Código Penal actual, aprobado en 1995  contempla el delito de  escarnio  que en la práctica está teniendo aplicaciones cercanas al delito de blasfemia. A él se acogió el Centro Jurídico Tomás Moro para presentar una querella contra Javier Krahe al incluir en una entrevista emitida por Canal Plus un fragmento de una película privada donde se daba una receta para cocinar un crucijijo con mantequilla y sobre un lecho de patatas y cebollas, mostrando cómo se introduce el crucifijo en un horno y cómo éste se abre solo a los tres días, parodiando la resurección.  Después de ser archivada en dos ocasiones, la querella llegó al Juzgado de lo Penal número 8 de Madrid que el 28 de mayo de 2012 inició la vista oral contra Javier Krahe y contra Canal Plus, por un presunto delito de escarnio. Ambos resultaron absueltos de todos los cargos.  En la sentencia el juez subrayó que la película casera objeto de la demanda fue el resultado del legítimo ejercicio de una expresión artística que "con un componente burlesco, hizo una crítica del fenómeno religioso en nuestra sociedad". En el corto, según el juez, hay "un inequívoco sentido satírico, provocador y crítico, pero no el de ofender". En la magistratura hay de todo como en botica, pero sentencias de este tipo nos indican que los tiempos cambian.

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