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Francisco Franco y Benalup de Sidonia. Conclusiones. Y 9

Después de transcurridos cuarenta años de la muerte de Francisco Franco la pregunta es recurrente, transcendente y polémica. ¿Qué queda del franquismo en Benalup-Casas Viejas? Evidentemente las transformaciones económicas, sociales, culturales, urbanísticas, políticas… ocurridas han sido tan importantes y bastas en estos cuarenta años que resulta impepinable afirmar que el proceso de transformación iniciado en los sesenta con la desecación de la Laguna de la Janda y consolidado a partir de los ochenta ha sido descomunal.




El rol de la mujer ha mejorado sensiblemente, aunque todavía hay señales de la sociedad paternalista en temas como las tareas domésticas, los equipos directivos de empresas e instituciones, las diferencias salariales u otros tipos de discriminaciones por cuestión de género. Demográficamente hemos abandonado las altas tasas de natalidad y las hemos sustituido por un crecimiento vegetativo muy bajo, con una natalidad y mortalidad en tasas cercanas a un dígito. Urbanísticamente se ha multiplicado por tres el casco urbano, perdiendo centralidad el casco antiguo y ganándolo el sector meridional de la mesa. Los equipamientos y las infraestructuras urbanas también han crecido exponencialmente. El acceso al ocio, la diversión, la cultura y el conocimiento se ha democratizado aunque todavía existen diferencias sociales evidentes, sobre todo en cuanto al mundo de la educación se refiere. La dualidad de la sociedad franquista en cuanto al acceso a la educación se ha rebajado, pero todavía hay huellas si seguimos la evolución por apellido. La religión no tiene el peso que poseía en el franquismo y los derechos individuales están claramente protegidos; en campos como la libertad de expresión o  la igualdad ante la ley, aunque se podría matizar mucho, hemos avanzado vertiginosamente. 



No obstante, la huella del franquismo persiste en temas como la escasa participación ciudadana en  política, la desmovilización o la extensión del fatalismo. En cuestiones sociales y económicas, también ha habido cambios significativos. Los jornaleros pasaron masivamente a albañiles y estos con la crisis que se inició en el 2007 al sector servicios, mayoritariamente. Pero las tasas de paro son muy elevadas, la cualificación de la mano de obra es escasa, los recursos endógenos no son suficientemente explotados y la riqueza sigue muy desigualmente repartida. En cuestiones de infraestructuras viarias hemos mejorado, pero el ferrocarril sigue estando a más de cincuenta kilómetros a la redonda y las carreteras que nos unen a los pueblos vecinos presentan un estado lamentable, con especial incidencia en la de los Barrios y Vejer, ambas de gran trascendencia. 



He dejado para el final el tema de la percepción de la historia, que como ya sabéis me interesa especialmente. Paul Prestón dice sobre Franco: "Realiza una inversión del terror, establece su visión del pasado y la necesidad de una dictadura. ¿Cómo? Controlando los medios, pero sobre todo la educación. Lleva a cabo una operación de lavado de cerebro nacional que desemboca en lo que conocemos como franquismo sociológico. Algo que todavía, en muchos aspectos, funciona". Es verdad que los sucesos ya no son tema tabú, que hay un espacio conmemorativo dedicado a la memoria de las víctimas, aunque inaugurado en una fecha tan tardía como el 11 de enero de 2014, también hay otro centro de interpretación, en este caso dedicado a la prehistoria y un interés creciente sobre temas históricos, culturales, antropológicos y naturales locales, como lo demuestra el interés por la obra de Mintz o las recientes jornadas micológicas. Pero también es cierto, que la huella del franquismo queda patente en el poco interés demostrado hacia recursos como la Morita, los pergaminos miniados, el legado agrario e hidráulico árabe, el Monasterio del Cuervo, el Tajo de las Figuras o todo ese patrimonio cultural inmaterial relacionado con la cultura del jornalero del que somos tan ricos y tampoco conocemos. 


Prueba de que no tenemos aprobada completamente esta asignatura es que el monolito de los sucesos, que inauguro el movimiento memorialístico a nivel estatal, no ha vuelto a la Alameda o que no termina de solucionarse el tema de los sitios o lugares BIC de los sucesos de Casas Viejas o que no termina de consolidarse la conmemoración de ellos todos los 11 de enero. Me parece sintómático que el pueblo se llame Benalup-Casas Viejas. Ni Benalup de Sidonia, ni Casas Viejas, como tradicionalemente se ha denominado salvo en las dos dictaduras. 



He contado otras veces que en la sede de Delegación de Educación y Ciencia de la plaza Mina, el inspector Antonio Torralba me pregunto  a finales de los noventa por el desarrollo de Benalup, le dije que desde que en el 91 había conseguido la independencia el pueblo había crecido mucho. Me contestó que mucho más importante que la segregación era la creación del instituto y el desarrollo de los colegios. La verdad es que no compartí esa idea con él, pues no la entendía. Ahora creo que la gran revolución en este pueblo empezó en los sesenta, con la desecación de la laguna de la Janda y la llegada al poder económico y político de unas nuevas élites. También la llegada de Mintz iba a transformar muchas cosas en el ámbito cultural. La transición y la segregación consiguieron modificar algo, pero la verdadera transformación tiene que venir de la sociedad del conocimiento, de la cultura, de la razón, de la educación… términos todo ellos ligados a la verdadera libertad y a la verdadera democracia. 



Es a través de esta sociedad del conocimiento como podremos enfrentarnos a los retos que nos presenta el futuro de una forma adecuada. Jean Monnet, uno de los padres de la Unión Europea, dejo dicho: “Europa se forjara en crisis y será la suma de las soluciones adoptada para esas crisis.”. Creo que también es válido para Casas Viejas. El franquismo alteró la sociedad tradicional a partir de los sesenta, pero dejo intactos, o casi,  los fundamentos económicos y sociales profundos. Es la nueva sociedad del conocimiento que asoma la que deberá responsabilizarse de la siguiente fase de modernización. No es, parafraseando la frase medioambiental, la historia una herencia de nuestros padres, sino un préstamo de nuestros hijos.

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