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El contrabando


Las prácticas comerciales que han indo en contra de la ley, del bando, que se saltaban los controles y los impuestos en frontera han sido habituales en la zona desde la conquista de Gibraltar por los ingleses en 1713. Pero en la postguerra, las malas condiciones de vida, las pésimas relaciones entre los dos gobiernos y el boicot de Franco a Gibraltar hicieron aumentar el contrabando.
En los años cuarenta muchos hombres de Benalup intentaron escapar de la miseria imperante a través de esta práctica. Cuenta Mintz en Coplas de carnaval:  "Dos de las mayores preocupaciones de la Guardia Civil eran proteger las fincas de la caza furtiva y controlar el contrabando, ambas ilegales, pero a veces un medio importante de supervivencia para la gente del campo. Después de la Guerra Civil, cuando las condiciones en el pueblo y en el campo estaban en su peor momento, campesinos desesperados se arriesgaban a emprender una larga y difícil caminata a través de las montañas hacia Gibraltar y a un regreso aún más peligroso con productos que vender: tabaco, café, harina, pan, medicina, telas e incluso hilo. Si les detenían, podían esperar un severo castigo mientras los guardias les exigían una confesión y la localización de su almacén de bienes. El rápido fin a las infracciones en las montañas podía ser la aplicación de la ley de fugas, seguida del transporte del cuerpo sobre el lomo de una mula. Los relatos de los brutales tratamientos afligidos por los guardias dejaron una memoria de dolor y sufrimiento en muchas familias de campesinos 

María: 
"Mi padre era un contrabandista. Alguien se chivó. Todavía recuerdo cómo vinieron a la puerta y se lo llevaron con su hermano. No murió de un tiro, pero los carabineros querían que les dijera dónde tenía escondido su tabaco. Mi tío era soltero y no estaba preocupado, pero mi padre no podía ir a la cárcel. Tenía cinco hijos que alimentar y estaba pensando en ellos. Lo llevaron por todo el campo, a través de los ríos, para que él les enseñara sus bienes de contrabando. No murió de un tiro, sino que lo mataron de otra manera. Cuando volvió, fue al hospital y murió allí. Mi tío también murió. Mi madre se quedó con cinco hijos, incluyendo un bebé de once meses de edad."



En una época donde la autoarquía provocaba escasez e insuficiencia los productos  que se sometían al contrabando eran muy variados, pero como siempre el protagonismo recaía en el tabaco. Los hombres benalupenses utilizaban caballos o a veces lo hacían andando. Era una época muy difícil pues la sierra estaba poblada de prácticas alegales como el furtivismo, el estraperlo, los maquis y los mismos contrabandistas. En ese contexto la función de la guardia civil era que imperara el orden y la ley. Hubo, según cuenta el informante, varios muertos debido al contrabando.



Por razones que me parecen obvias no voy a reproducir el audio, pero si la transcripción: "Allí compraba un cuarterón de tabaco  en 6 pesetas y aquí lo vendía en 8…Yo iba allí andando. Me iba a Alcalá y allí cogía el correo hasta Algeciras.  Para acá, andandito, ya podía llover, no había más remedio que andar. No por las vereas buenas, porque allí estaban los civiles. Por el convento del Cuervo he bajado yo, por las gargantas aquellas muchas veces . Compraba una arroba y pico, 35 o 36 libras. Compraba tabaco Montecarlo y Cervantes. A mí me dejaban las 1000 pesestas, 500 o 600 pesetas. En cuatro o cinco días que echaba, dos paca y dos para lla, en el mes podía dar cuatro viajes. Ahora bien en una hora se podía perder  todo. Cuando me pillaron en Palmones perdí 7000 reales. Se lo vendía a uno que venía de Vejer, que me estaba esperando para comprarme la carga. Él se dedicaba luego a venderlo en el campo. Cuando ya entraron los rojos me quite de contrabandista. Cuando saltaron los rojos yo dije pues yo no me meto en los líos de estos. La familia tenía mucho miedo porque estábamos expuestos a que lo hubieran matado a uno, como han matado a varios. Ahí mismo en el Aguijón de Mora mataron a un muchacho. Porque llevaba tabaco. Y otro muchacho que está ahí arriba, ahí esta la mujer, en Algeciras, al salir del pueblo le pegaron un tiro y lo mataron. Venían dos en el Aguijón y le pegaron un tiro y que cayó enseguida. Y al otro también lo pillaron. Se trajeron al muerto y al que no estaba muerto. Se trajeron las maletas de tabaco. Y uno lo enteraron aquí y al otro lo dejaron de ir. Por eso tenían miedo las mujeres. Iba a hacer uno un trabajo que es de uno, se gasta uno el dinero y encima está expuesto a que lo maten".



El audio es una canción sobre el contrabando que le grabó Mintz al cataor alcalaíno “Maera”. Decía así: 
"Noche tranquila y serena y a mi amor yo fui a buscar por medio de la serranía y no la puedo encontrar. Y atravesar una montaña, comprendiendo el animal la traición que me seguía y entre peñas y barrancos que a mí me estaban esperando mataron la jaca mía la mejor del contrabando. Y ahora me encuentro sin la pobre jaca mía, cargado de contrabando me llevan al tribunal y yo le canto un fandango y el fisco pensó donar y el juez terminó perdonando".

CONTRABANDOa.mp3

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