headerphoto

Las víctimas de París

Yo creo que soy uno de los muchos benalupenses que se encuentran en estado de shock tras los atentados de antes de ayer en París. Las nuevas tecnologías y la globalización permiten que podamos acceder a la información que queramos; el problema no es ahora que hay poca información o que esté sesgada, el problema es que hay demasiada. La verdad que estoy un poco aturdido y desorientado.



Leo en el Facebook de MJ Tirado: “Que paren el mundo que me bajo, ¿esta es la evolución? ¿A esto ha llegado el hombre, a asesinar a decenas personas que ni conoce ni le han hecho nada? ¿Por qué? No hay justificación que valga. Me quedo con los Australopithecus, que seguro que al menos ellos mataban por necesidad. Je suis Paris”. En momentos así uno necesita ideas claras para posicionarse, para no tambalearse, pero no las encuentro. Ya he dicho otras veces que me encanta Francia y su modelo de organización política. No sólo es que el jefe del estado sea votado por los ciudadanos, personas con derechos, sino que la República le da una importancia a las clases populares, a la educación y a la separación de la iglesia y el estado que no se hace en otros lugares. Me ha impresionado el vídeo de los franceses saliendo del estadio de París después de los atentados cantando la Marsellesa. ¡Lo mismo que aquí! 




Hablo por Skype con mi hija que también está muy impresionada por los atentados. Tiene dos grandes amigas allí de Erasmus, casaviejeñas ellas, y lo ha pasado muy mal. Pero me pregunta que si los franceses también matan a musulmanes en Siria. Le digo que sí, que creo que es una muestra más de lo pésimamente que funciona este mundo. Mi prioridad siempre ha sido hacer lo posible para que mis hijos vivieran en libertad y sin miedo, me temo que estoy ante otro desengaño y desencanto más. 




Aunque no me gustan mucho las modas, decido una vez que estoy en Facebook teñir mi perfil con los colores rojo, blanco y azul de la bandera francesa. Leo en el Facebook de Gemma Durán: “Me impactan los actos contra la vida sea donde sea. Pero esta vez no cambiaré mi perfil de facebook. Entiendo que hay sufrimiento en Francia, pero también en Siria, en Irak, en muchos más sitios donde se vulnera el derecho a vivir en paz”. Sé que tiene razón, pero a mí me apetecía hacerlo, considero a París y a Francia parte de mi entorno cultural. Leo en Público a Luis Matías López unos argumentos que me gustan bastante, pero aumentan mis sentimientos contradictorios ante el acto.  “Mientras actuemos como si la vida de un americano, un francés, un israelí o un español valiese cien veces más que la de un nigeriano, un congoleño, un libio, un palestino, un iraquí, un sirio, un afgano o un paquistaní, el peligro de un nuevo y catastrófico choque de civilizaciones no dejará de aumentar… Estamos ante el 11-S o el 11-M francés, pero no hay que olvidar que una vida es una vida, aquí, en Kandahar, en Damasco o en Mosul. 128 muertos —o los que finalmente sean— suponen una cifra aterradora, pero palidece ante el balance de las guerras en Siria —más de 250.000—, Irak y Afganistán, por no hablar de las de Gaza. Los muertos de París los sentimos como propios, pero gran parte del mundo árabe y musulmán (y por supuesto los asesinos de anoche) también sienten como propios los muertos de todos esos conflictos. Eso no justifica su salvajismo suicida, pero sí ayuda a entender cómo se ha llegado a esta situación trágica”. 




Y ante tanta perplejidad y argumentos contradictorios sigo buscando: Pérez Reverte tan ácido y duro como siempre tiene un punto de vista clarificador y claro como el agua: “Es una guerra, y no hay otra que afrontarla. Asumirla sin complejos. Porque el frente de combate no está sólo allí, al otro lado del televisor, sino también aquí. En el corazón mismo de Roma. Porque -creo que lo escribí hace tiempo, aunque igual no fui yo- es contradictorio, peligroso, y hasta imposible, disfrutar de las ventajas de ser romano y al mismo tiempo aplaudir a los bárbaros”.  Confieso que no suelo leer el periódico la Razón, pero hoy quería ver cuál era su punto de vista sobre estos hechos. La verdad es que no me he sorprendido. Escribe en su editorial:” La guerra que se está librando concierne a toda Europa y no sólo a quienes sufren directamente los zarpazos del terror. Nos asiste el derecho de la legítima defensa y nos reclama el deber de acabar con uno de los totalitarismos más crueles que ha dado el siglo XXI”



Pero no todo el mundo tiene las cosas tan claras como el editorialista de la Razón. Mi amiga y exalumna Natalia Moya dice en su Facebook: “Es evidente que en el mundo hay "muertos de primera y muertos de segunda", incluso más podría decirse. Y en gran medida debido a los medios de comunicación. Es un triste acontecimiento el ocurrido en París, pero señores, ¿sólo nos importa Occidente? Deberíamos ser solidarios siempre y no sólo cuando los medios de comunicación nos manipulan. En países como Siria o el Líbano a diario son bombardeados y, ¿qué pasan con esas víctimas ?, ¿ no son personas? ¿ no forman parte de la humanidad?. ¿No se merecen nuestras condolencias? . 
Todos somos personas, pero hay muchas clases de personas, con esto quiero decir que porque una persona sea islámica no significa que sea terrorista. No seamos juiciosos y demagogos, debemos ser realistas y tolerantes porque la violencia trae más violencia. 
Mis condolencias a todas la víctimas".



La verdad es que si lo que quiero es entender y no justificar la barbarie hay que contemplar todos los puntos de vista y en este caso, como en la mayoría, la verdad es poliédrica, tiene muchos lados y depende desde que lugar los veas para que te posiciones en uno u otro lugar. Pero el impacto ha sido tan fuerte que necesito posicionarme y estoy un poco aturdido y desorientado con tanta información y tantos puntos de vista. Y veo un poco de luz en la historia, ese instrumento que, quizás por deformación profesional siempre utilizo en situaciones como esta. Escucho a Ramón Lobo en A vivir que son dos días  decir que ante  todo este tipo de situaciones lo más importante de todo, lo primero que hay que considerar son las víctimas. Lo mismo que ocurrió con los sucesos de Casas Viejas que fueron muchos los puntos de vista desde los que se pueden observar y analizar pero el más humano, solidario y comprometido me parece que es colocar a las víctimas y a sus familias en el plano central del objetivo. Es verdad que Azaña y los suyos fueron vapuleados, que lo de tiros a la barriga era una horrible e interesada mentira… que la derecha, ayudada por la izquierda radical, montó una salvaje campaña contra él, pero para mí es más verdad que quien pasó al anonimato y los que más sufrieron fueron los 28 (incluidos los tres de las fuerzas del orden) que perdieron la vida, además de las familias y población en general que sufrió una represión posterior por unos hechos de los que ellos habían sido los verdaderos perdedores. Víctimas doblemente, sujetas a la curiosa justicia al revés que luego aplicó el franquismo. Y eso es lo que no debería volver a pasar nunca más y desgraciadamente pasa y pasará. 



Si los que sacan rédito político de esta situación son los seguidores de Le Pen apaga y vámonos en las elecciones regionales francesas, que tendrán lugar en apenas tres semanas, que fue lo que ocurrió en Casas Viejas en tiempos de la República. Pero escribir este artículo me ha servido para tener claro que los grandes perdedores en esta ocasión han sido las 127 personas, por ahora, que han perdido la vida, además de los heridos, la familia y la humanidad en general. Por eso cuando termine este artículo me voy a ir a la concentración que se ha convocado a las doce en la plaza del Ayuntamiento, porque las campanas, parafraseando a Hemingway, también están tocando por todos nosotros. Salud.


0 comentarios: