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LAS COLECTIVIDADES AGRARIAS ANARQUISTAS

Daya Vieja fue una colectividad alicantina donde varios casaviejeños pasaron la guerra civil

El anarquismo es una ideología obrera que ha tenido regularmente seguimiento minoritario y que salvo excepciones nunca se han llevado a la práctica sus postulados. En la Segunda República y la Guerra Civil el anarquismo se convierte en España en un sindicato de masas (la CNT tenía en 1936 1,5 millón de miembros) y cuando los rebeldes destruyen el poder de la Segunda República, los anarquistas, junto con el POUM, van a aprovechar ese golpe de estado fracasado pero no derrotado que fue el inicio de la Guerra civil para llevar a cabo una verdadera revolución social, que comenzaba por establecer un nuevo orden económico basado en el colectivismo agrario e industrial.
Las colectividades agrarias van a tener una gran significación pues fue un intento de instaurar, no sólo un nuevo sistema económico, sino uno político y social. Ellas eran el puente que conduciría a la sociedad libertaria.


Ya hemos visto otras veces como el anarquismo prendió especialmente por la Janda y la campiña de Jérez. Cuando estalló la guerra, el precedente de los Sucesos y el miedo consiguiente hizo que gran parte de los jornaleros anarquistas casaviejeños a través de la Sauceda y Málaga se pasaran a la zona republicana. No se trata de una incorporación voluntaria a la guerra en el bando republicano, sino que huyen por miedo. La mayoría de ellos no se van a enrolar en el ejército sino que trabajan en el campo, en una gran parte en estas colectividades anarquistas. 



En el libro de los anarquistas de Casas Viejas y en los audios tenemos suficientes prueba de ello. Dice Juan Sopas en los anarquistas: “Cuando estalló la guerra, me pasé al otro bando. Me pusieron a cargo de los hombres que trabajaban en varias colectividades. Entonces era delegado de agricultura en Málaga. Pepe Pareja estaba conmigo, así como una hija de Monroy. En Alicante abandone la guerra por la retaguardia. Necesitaban hombres para organizar sus asuntos, por lo que me escogieron a mí. Yo estaba en el pueblo de Almoradí, en Alicante. Era el delegado de alimentación y transporte para seis pueblo colectivizados (Catral, Dolores, Daya Nueva, Daya Vieja, Almoradí y San Fulgencio). Cada pueblo consumía lo que cosechaba y, luego, preguntaba al delegado que excedente se necesitaba”. Con Sopas trabajó Antonio Durán, Francisco Olivencia y Joaquín Gómez Clavijo en las de Alicante, en Málaga trabajaron con él Pepe Pareja y la hija de Monroy. Rocha Acebedo y Pepe Pareja lo hicieron en la de Huelma, Jaén y Miguel Pavón en Churra Murcia, donde estaba Curroestaca. Pepe Pareja además estuvo en Colectividades de Jaén, Almería y Granada. Parece que la más significativa para la gente de Casas Viejas fue Daya Vieja, incluso algunos, como Antonio Durán se quedó a vivir allí, tras su regreso a su pueblo y en vista de las dificultades de postguerra. De esta colectividad Manuel Francisco Pérez Pérez (que también me ha enviado el vale), cronista oficial de Daya Viejas me dice: "Sabemos que el  proceso de colectivización debió ser fácil. Hasta 1928 sólo tuvieron un dueño, en esa fecha se vendió la totalidad a los hermanos García-Palmer. Ninguno vivía en el pueblo, y los administradores y/o arrendadores, no opusieron demasiada resistencia... incluso parece que colaboraron. Hasta finalizada la guerra no se parceló y vendió casi la totalidad de las tierras del municipio".
Colectividad de Almoradí en la que Juan Sopas fue uno de sus máximos dirigentes



Se trataba de un régimen de trabajo colectivo en el que se expropiaban las tierras de los aristócratas y terratenientes, que se juntaban con las tierras de los colectivistas que poseían algo de terreno. También se juntaban animales, herramientas y sobre todo, el trabajo, que a partir de entonces ya se haría colectivamente, por turnos o bien controlado por el comité de la colectividad. Se realizaban asambleas periódicas para controlar lo que estaba haciendo la colectividad. Y de cara a afuera se negociaba con otras colectividades y se fomentaba el intercambio. Dice Juan Vega:” Cada organización tenía su propia sistema. Los comunistas los llamaron comunidades. Los anarquistas, colectividades. Eran sindicatos afiliados a la CNT. Producíamos trigo y aceite. Lo que se necesitaba para la colectividad se guardaba en el almacén. El exceso de producción se entregaba a la federación provincial. A cambio recibíamos las sobras que venían de otras colectividades… Había unos veinte trabajadores con sus familias allí en la colectividad”. Pelele: "En Huelma, en la provincia de Jaén, teníamos una federación de colectividades. Era administrada por los trabajadores según acuerdos tomados en reuniones que se celebraban cada quince días. No había ni jefe ni alcalde. Era federalismo auténtico.  Intercambiábamos artículos con Murcia, Valencia y Madrid. Producíamos cereales, patatas, trigo, garbanzos y lentejas".
Colectividad de Hortaleza



En la película de Kean Loach “Tierra y libertad” se trata el tema de estas colectividades. Para algunos significaron el culmen de la revolución que anarquistas y POUM intentaron llevar a cabo, ya que por primera vez se ponía en práctica las teorías anarquistas sobre la organización social y económica. Opinan que en parte se perdió la guerra porque no se dejó desarrollar este proyecto. Para otros, los comunistas, los socialistas y los nacionalistas periféricos, estos experimentos ayudaron a perder la guerra, era prioritario ganar esta y luego si procedía, se haría la revolución.




Pepe Pareja, lo tenía claro, la colectivización era la mejor forma de organizarse, se lo dice en 1965 a Mintz en un audio: “Un parcelista individual se lo come la miseria. Individual ni para comer. Ni pa comer en una mesa sólo sirve uno… Tratándose como hermanos, que no existe el egoísmo, sino todo con aquella fe y voluntad de hacer producir lo que necesitamos para la nutrición”

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