headerphoto

Halloween en Benalup-Casas Viejas

"Pues sí, eran los días de abrir los tarros de meloja y hacer el primer piñonate, de llevarse unas nueces al colegio en el bolsillo del pantalón de pana recién sacado del armario, de merendar un par de higos secos después del pan con chocolate, de atragantarse tras morder una zamboa que habías comprado a medias con un compañero de juegos en la calle, de endulzarse con la compota de membrillos y el almíbar de las castañas, de castañas asadas en torno a la mesa camilla frente al viejo de Wald. Si, eran esos días...""Bodegón de Tosantos", óleo sobre lienzo (92 x 72), J. Romero (1997). Del facebook de Jesús Romero Valiente.
Anoche el pueblo parecía febrero, aunque era 31 de octubre. En esta tierra que gusta tanto un disfraz, el Halloween americano se ha extendido como una mancha de aceite. Pero el cachondeo americano  en torno a la muerte no sólo se celebró anoche en Benalup, sino que ya lleva unos años haciéndose en España. La cultura americana, con el cine de Holywood a la cabeza se ha impuesto a la tristeza y sobriedad que en la España tradicional se celebraba el día de los muertos.
El enorme despliegue comercial y publicitario con que el cine americano nos ha invadido, ha hecho que la escena de los niños que  disfrazados de duendes, fantasmas o demonios correteando anoche por las calles benalupenses pidiendo dulces o golosinas con la famosa frase truco o trato parece repetida a la que tenemos grabada en nuestras mentes vistas en tantas películas americanas. 



Vía Facebook, otra cosa muy del momento, pregunto a mis amigos por sus recuerdos sobre el día de todos los santos. El hilo conductor que enmarca todos los recuerdos es la palabra tristeza. Tanto en la misa mañanera, como en la visita obligada al cementerio.” Yo lo recuerdo como algo muy serio. Acompañaba a mi tía Maria a limpiar la tumba de su marido. En el cementerio antiguo. Los sentimientos eran de respeto, mezclado con miedo, misterio.... Me llamaba mucho la atención las tumbas en la tierra, decían los mayores que eran de personas que se habían suicidado, y los enterraban de en el suelo ( como si hubieran "ofendido a Dios" al quitarse la vida). Se visitaban las tumbas de familiares y conocidos. Y allí estábamos los niños; aprendiendo de la vida y de la muerte. El silencio del cementerio, el frío. Íbamos arreglados, al cementerio”.  



También se le asocian otros recuerdos como el de Pilar Reyes “Mi madre nos compraba ropita de invierno y si hacia el día bueno nos íbamos a pasar por el Tajo hasta el llano Orero y se acercaban los pretendientes y las muchachas y los muchachos lo pasábamos bien”. Lugar especial ocupa la gastronomía que acompaña a todas las fiestas estacionales como esta. Las granadas, los membrillos, los boniatos (de los que Benalup de Sidonia era una potencia provincial en su producción)… y sobre todo las castañas pilongas. En el imaginario colectivo ha quedado grabada la imagen de Balbino Montiano deambulando por las calles y posándose en las esquinas para vender castañas, con una olla colorada y hornilla de carbón. Junto a ella su famosa frase: “No empujar, no empujar… que hay para todos”, cuando en realidad no había nadie comprando. Y aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid reflejo otra anécdota suya que cuenta "el Santo": Después de que le extirparon un riñón alguien le pregunto que como estaba, a lo que él respondió que muy bien y que en el momento que el otro riñón le diera problemas también iba para afuera".



Son ya varios los años en los que la polémica está en su punto álgido. Hay quienes ven en Halloween un reflejo del imperialismo americano, otra forma más de neocolonialismo yanqui perverso y malvado, un contrapunto a nuestro Don Juan Tenorio de Zorrilla y nuestro hondo penar. La verdad, no me parece para tanto, no creo que haya que rasgarse las vestiduras. Son nuevos tiempos, tiempos de redes sociales, de globalización, de internet y de fiestas mercantilizadas. En el fondo Hallowen (literalmente significa la víspera de todos los santos) y el día de todos los santos provienen de una fiesta pagana celta, que fue sincretizada por el cristianismo y convertida en una celebración más de nuestro santoral. 



Los que somos mayores nos acordamos de aquello que se decía por estas fechas: “El día de los finaos, trompos y guitas a los tejaos”. Es otra fiesta estacional, que marca el fin de un tiempo y el comienzo de otro. Es una fiesta que se da en todas las culturas. Se acaban las cosechas y viene la siembra. Terminan los días largos del verano y comienzan los días cortos del invierno. Es el fin del calor, de la alegría, de la vida… y la llegada del frio y la tristeza que se asemeja a la muerte. El día de los finaos, el día de los muertos, el día de todos los santos… se acaban los trompos y las guitas, se daba por finiquitado la época del juego en la calle, el frío empujaba a resguardarse en las casas donde en las cenizas de la chimenea se empezaban a asar las castañas, previamente rajadas. También se comían otro tipo de frutos secos, como las nueces o las almendras.  Los padres y las madres tenían esta frase para que sus hijos no salieran a la calle a jugar en la época que venía el frío. Ahora no hace falta, los vídeos juegos y demás hacen ese trabajo. Entonces, la calle olía a castañas asadas y el boniato se incluía en la dieta. Los toques de ánimas se escuchaban al oscurecer, y nuestros hombres mayores los acompañaban con algunos golpes de anís, para pasar las castañas, claro. 



La visita al cementerio era de obligado cumplimiento. Eran días tristes, pero de fiesta, pues lo atestiguaba la magia de la cal en los muros y del estropajo y el jabón en las lápidas. La estancia en el cementerio era un viaje por el túnel del tiempo, a fechas, rostros, incidentes, desgracias, injusticias, siniestros, accidentes e incompresiones antiguas y remotas. Lo de que la muerte nos iguala se demostraba que también era mentira, solo hacía falta deambular por las distintas tumbas y nichos, en un viaje fantasmagórico por el laberinto del cementerio. Mi padre se murió un 11 del 11 de 1971. Nunca lo digerí bien. Después de la visita pertinente al cementerio tal día como hoy me lleva unos día durmiendo mal. Miedo, mucho miedo en el cuerpo. 


Era y lo sigue siendo,una fiesta estacional, en este caso otoñal. La tierra, símbolo femenino, aparece árida en esta época del año, pero después de recibir la semilla, símbolo masculino, esta tierra se vuelve esperanza. Estas fiestas representan un reencuentro entre el mundo de los muertos (tierra árida) y el mundo de los vivos (la vida). Se trata de una cristianización de celebraciones paganas tan antiguas como la propia humanidad, que marcaban el final del verano y de la luz,  para dar paso al otoño, cuyos días poco a poco van menguando para ceder el protagonismo a la oscuridad y la dureza del invierno, que se identifican con el mundo de lo oculto: con el mundo de los muertos.



La Iglesia cristiana convirtió en el siglo VIII el día 1 de noviembre en el día de Todos los Santos para homenajear a todos los santos que no tuvieran un día particular de celebración. En EEUU las comunidades de emigrantes irlandeses comenzaron en el siglo XIX a celebrar más la víspera que el día de los santos. Había nacido Halloween, que bien entrado el siglo XX, el siglo de la comercialización y globalización, se extendería por todo el orbe mundial. No hay más cera que la que arde, decía Sabina. Halloween es tan nuestro como la Coca Cola o los vaqueros. La celebración del Día de Difuntos ha sido tradicionalmente una fiesta exclusivamente religiosa e íntima en la que se recuerda a los seres queridos que han muerto. Una ceremonia solemne que incluye pocos detalles lúdicos. La fiesta de Halloween un cachondeo carnavalesco, comercial, consumista y global. Son las dos caras de una misma moneda, la fiesta por excelencia del otoño. 



Cuando estoy terminando este artículo, recibo de una de las fuentes, que he utilizado para hacer este post, el siguiente mensaje: “ Lo último de la fiesta en 2015, cuando hemos vuelto de cenar... Hemos encontrado huevos estrujados en una ventana y en la pared!!! Los protegemos de la realidad de la vida , de la muerte.... Pero no enseñamos civismo”. Si Don Juan Tenorio levantara la cabeza…

0 comentarios: