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Francisco Franco y Benalup de Sidonia. Los sucesos. 2


Francisco Franco Bahamonte es hoy para la mayoría de los historiadores un personaje mediocre, de perfil bajo tanto en sus defectos como en sus virtudes. Medía 1,62, delgado, enclenque,  con poco bagaje cultural, con voz de pito… no puede considerarse grande ni en lo malo, ni en lo bueno. Su régimen fue una improvisación, un rebujo, una mezcla de distintas familias políticas interesadas (carlistas, falangistas, católicos, militares…) e ideologías que a modo de repertorio iba utilizando según le interesaba cual clínex o pañuelo de papel.



Estas familias e ideologías eran lo más retrogrado y anacrónico que había en aquella época en España, pero era la cera que ardía en ese momento. Las otras se habían eliminado a base de expulsión, represión o enterramiento. Franco no tenía un plan económico, no era falangista, no era fascista, no era nacionalsocialista, no era político ( a Julio Rodríguez le dijo que hiciera como él que no se metiera en política), solo era un militar y como tal actuó. 



“Su única convicción firme era la disciplina castrense que ejecutaba de forma casi autómata. Es por ello que la sanguilocuente represión fue vislumbrada por el caudillo desde un  punto de vista militar, no desde uno político –lo cual no le exime, ni por asomo, de sus crímenes–, simplemente significa que, mientras Hitler, desde su inabarcable demencia,  visionaba la solución final como una extensión natural de su ideología,  a Franco lo que le obsesionaba era ganar definitivamente la contienda y para ello no dudó en recurrir a la represión como una asumible práctica militar. Todo siempre desde su minúscula percepción  de la vida, la propia de un oficial de la vieja escuela, apolillado y acartonado,  dichoso y nostálgico del  único lugar que consideraba afín: el Ejército”. (Cesar Cervera). 



 Los admiradores dicen que fue un santo, el “falo de Europa” que  “A pesar de todo sacó adelante el país y lo llevo a un periodo de prosperidad económica en los años 60”. Los detractores lo tildan de sanguinario, lo califican como demonio y lo dibujan como el personaje más nefasto de la historia de España.  A mí me parece un personaje mediano, común, regular,  gris, anodino…Y si escribo esto más que una crítica al personaje, lo es al conjunto de los ciudadanos españoles que fuimos manejados y conducidos por un personaje de tal calaña, poniendo las bases de la actual España. 


Es normal pensar que el hombre que cambió la historia de España, que la sumió en un periodo represivo como no ha habido otro fuera excesivo en todo, en lo malo y en lo bueno, pero Franco no era así. Era mediocre, tímido, timorato, recatado, enjuto... Y  si como dice el refrán  “en el reino de los ciegos el  tuerto es el rey”, que cabe de esperar de un pueblo que fuimos gobernados por un mediocre, que no sobresalía en nada y cuyas secuelas de gobierno y manejo nos han llegado hasta la actualidad. De todas las frases que he leído sobre él la que más creo que se acerca a la realidad del personaje es la de Sanjurjo, aquel militar que si no hubiera muerto en un accidente de aviación hubiera liderado “el movimiento”. Decía que "Franquito es un cuquito que va a lo suyito".



Cuquito que va lo suyito fue la actitud que tomó Franco con los sucesos. Al principio participó  en la utilización de estos para derrocar al gobierno legítimo republicano. En el discurso del 18 de julio de 1936 Franco declaró que la nación estaba siendo destruida por la anarquía, en clara alusión histórica a los sucesos de Casas Viejas. Años más tarde, el mismo Franco reconoció en el documental de J. Luis Sáenz de Heredia, Franco, ese hombre, que los sucesos de Casas Viejas le hicieron pensar en la necesidad de intervenir en contra de la Républica. Pero una vez conseguido el poder, estos había que borrarlos del mapa, como si nunca hubieran ocurrido. En este contexto, los sucesos fueron unos hechos desgraciados, fruto de “ideas disolventes” que había que esconder, olvidar y superar. Como escribió  José Carlos Luna:“¡Pobre Benalup de Sidonia! Escenario ayer de la farsa más inicua que soñara la humanidad y tan risueño hoy con sus adobes relumbrantes de cal y su cielo azul un poco velado por el humo de las tahonas y el de las humildes chimeneítas caseras pregonando que se guisa para comer y que se come porque se trabaja en paz y en gracia de Dios”.



Antonio Burgos, nada sospechoso de izquierdismo, por cierto, en su famoso artículo Casas Viejas es Casas Viejas habla de esta manipulación que hizo el “cuquito” con los sucesos. “El franquismo había ocultado el nombre de Casas Viejas como la amante sorprendida que esconde al maromo dentro del ropero. Franco, que era lo menos concupiscente que ha despachado la Historia de España, hizo el salto del ropero con Casas Viejas y luego la guardó dentro del armario...   A Casas Viejas le pusieron Benalup como los travestís operados que se llaman Manolo se ponen de nombre Bibi, y si se llaman Paco pasan a ser Verónica o Amanda. Como queriendo que nadie le preguntara por su vida anterior, cual los que llegaban al banderín de enganche de la Legión. Por mucho que le cambiaran el nombre, Casas Viejas está en la conciencia de la Historia de España, como está el Barranco de Viznar, como está el kilómetro 4 de la carretera de Carmona, como está la plaza de toros de Cádiz, o como está Paracuellos , que todo hay que decirlo, no vamos a recordar sólo la parte de la Historia que interesa a unos y no el resto”. 

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