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El documental ruso e inglés sobre los sucesos de Casas Viejas

Veíamos el otro día como la foto central que elige Manuel Fornet para su cuadro de Casas Viejas es falsa. La imagen es sobre el asalto al casarón de Seisdedos, pero ni es de 1933, ni está realizada en Casas Viejas. Supuestamente es parte de un documental ruso que filmaron los soviéticos, pero en realidad se trata de una película para Canal Sur hecha por Basilio Martín Patino y cuyas escenas principales están rodadas en Cazalla de la Sierra y el Pedroso.

Joseph Camerón en el cuartel, supuestamente, de la guardia civil de Casas Viejas. No es cierto.



Campesinos, guardias civiles y guardias de asalto de Casas Viejas 1933.
 En realidad son actores y la escena está grabada en los años noventa

Va a ser este engaño que hace Martín Patino al espectador con dos documentales falsos el núcleo de la película. El Grito del Sur tiene una parte de documental verdadero (las intervenciones de afamados historiadores y el anarquista García Rúa y de vecinos del pueblo que reconocen fotos, siendo la única parte donde aparece ciertamente Benalup-Casas Viejas) y otra parte de documental falso, compuesto por dos documentales supuestamente reales. El primero se trata de una película muda soviética de los años 30 que refleja la ideología revolucionaria y comunista de los rusos de aquella etapa. Supuestamente filmado por Shumiatski, Arvatov y Peruchov El segundo de la escuela documentalista británica, realizado por un cameraman inglés, curiosamente llamado Joseph Cameron, que incluso aparece de mayor en la película contando su experiencia. Pero los dos son falsos, los dos son creados por Martin Patino y rodados en Cazalla y en el Pedroso. 
Asalto al casarón de Seisdedos, grabado supuestamente por un equipo ruso. 



Con el primero se vale para contar los hechos desde la declaración del comunismo libertario hasta la quema del casarón y con el documental inglés cuenta la razzia, la represión posterior y la declaración de las familias de las víctimas. Todas las escenas que componen estos dos documentales son rodadas por Patino, logrando recrearlos convincentemente para lo que utilizó actores poco conocidos para darle más credibilidad. Es decir, lo que hace Patino es utilizar diversos documentos, adaptándolos al lenguaje cinematográficos, para sacar a escena el debate sobre la falsificación y los engaños que utilizan los medios de comunicación a través del cine, los periódicos, la prensa para contar lo que les interesa, amparados en la supuesta objetiva de estos instrumentos y engañando a los espectadores. La verdad que no podía haber elegido un tema más apropiado que el de Casas Viejas para tratar el asunto de la leyenda, la tergiversación y la mentira. 
Después de la razia. Escena grabada de la película



El caso de que sus mismas fotografías, que son reconstrucciones actuales, hayan quedado para una gran cantidad de gente que acude a internet como si fueran reales de la época demuestra lo acertado de la crítica. Por otra parte, la película invita a la reflexión sobre la necesidad de rebelarse ante el pensamiento único. Por eso recoge la instrumentalización que sobre el caso hicieron las distintas posiciones ideológicas, desde los anarquistas hasta la extrema derecha, pasando por los rusos, los ingleses o la coalición socialista republicana. Como dice María Losada: “Le sirve al director de apoyo para sus preocupaciones de fondo: la lucha entre lo falso y lo verdadero y la ruptura del pensamiento único y la hegemonía de los valores del régimen”. 
Reunión en el sindicato. Escena grabada de la película



Toda creación es subjetiva. La realización de este documental también. Patino lo asume. No nos enseña los sucesos desde el punto de vista de la Guardia Civil, de los ricos o pobres del pueblo o de una determinada opción política. Para  contrarresta la parcialidad ofrece distintos puntos de vista; el de los historiadores, el del anarquista García Rúa, el de los vecinos del pueblo (la parte más floja para mi entender) y el de dos escuelas de cine tan distintas como la rusa, revolucionaria y propagandística y la inglesa, realista y pulcra. La misma María Losada dice: “Basilio Martín Patino reflexiona acerca del valor del lenguaje fílmico documental y la capacidad de éste para convencer al espectador de cuestiones ciertas, falsas o que caminan entre estas dos aguas. Lo mismo a partir de documentos ficticios –como los que presenta en esta obra, creados por él mismo ad hoc- que a partir de documentos u opiniones auténticas. Quiere decir esto que los ya consabidos «lo he visto por la tele» o «salía en un documental» no deberían constituir en sí mismos base de un criterio de autoridad moral como virtualmente hacen en la sociedad actual. Un documento –también un documento audiovisual- está dotado de una importante carga de subjetividad, sea éste o no de procedencia auténtica”
Llegada de la guardia de asalto a la Alameda. En realidad a la plaza de Cazalla de la Sierra



Por tanto el hecho de que haya gente que haya caído en la trampa y se crea que el documental ruso e inglés son verdaderos y fueron grabados al mismo tiempo que ocurrían los hechos no demuestra más que ha conseguido su objetivo de mandar el mensaje de que hay que enfrentarse con mirada crítica a todas las fuentes o documentos, ya sean una fotografía, un libro, una obra de teatro o una película, como es este caso. Que más prueba de que todo es manipulable que se haya extendido por internet escena filmadas en la década de los noventa como si hubieran ocurrido en enero de 1933. Por ello no creo que al engañarnos Martín Patino sea un impostor, más bien lo contrario utiliza el cine para luchar contra la impostura, la mentira, el engaño, la tergiversación… temas tan cercanos a Casas Viejas, al hombre como animal político, que vive en comunidad. El antídoto ante tanta mentira y falsedad, como siempre, la cultura, el conocimiento, la libertad...
El documental ruso

El documental inglés

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