El carbón a través de la historia de Benalup-Casas Viejas. Aspectos positivos de su explotación. 6

Foto Manuel Cepero Casas
El carboneo hay que entenderlo como una actividad propia de la economía tradicional. Con sus ventajas e inconvenientes, pero siempre dentro de ese contexto específico. Si queremos destacar sus aspectos positivos nos tenemos que fijar en la vertiente económica y medioambiental de este tipo de explotación de los recursos naturales.




De las distintas actividades que generaba el bosque; silvícolas (descorche, entresacas, repoblación y plantación forestal, rozas, etc.); recolectivas (palma, cepas y tarama de brezo, setas, etc.); ganaderas (cabras, vacas y cerdos, principalmente) agrícolas (huertos principalmente) y cinegéticas (ciervo y corzo, fundamentalmente), es la que más riqueza y empleo generaba. Junto con la siega es la actividad que más empleo generaba en la economía tradicional a nivel general. 



Tiene un carácter complementario con la campiña, pues se desarrolla de octubre a marzo, cuando las labores de recolección escasean y cuando el peligro de incendio disminuye. Aprovecha los recursos endógenos del entorno. Eduardo de Guzman escribía en el periódico La Tierra, el 2 de febrero de 1933, lo siguiente : "Varias veces al año familias enteras se lanzan a la serranía vecina para carbonear. Durante días y días arrancan trocos y cepas y las queman para transformarlos en carbón. Es un trabajo pesadísimo. Luego hay que transportar el producto hasta Casas Viejas, Medina o Alcalá, hasta Algeciras en ocasiones. Como compensación obtendrán unas pocas monedas; las necesarias para no morirse de hambre durante unos días".
Foto Manuel Cepero Casas



Pero si importante era desde el punto de vista del empleo y la riqueza que generaba, sobre todo como he visto en los años cuarenta y cincuenta, el aspecto medioambiental no se quedaba a la zaga, pues los beneficios eran muy amplios dentro de una economía sostenible.  El carboneo suponía mejoras significativas para el alcornocal ya que bien realizado permite aumentar la producción de bellota y mejorar la forma del árbol, incrementando con ello la producción de corcho y mejorando la superficie y formas de las panas obtenidas.  Es una práctica sostenible, totalmente ecológica como el producto resultante. Y es que al reutilizarse la madera muerta, trozos de árboles enfermos, estos hornos hacen que el campo de mantenga limpio, porque esta “basura” natural se retira de los bosques y por tanto, se evita que puedan servir para propagar cualquier incendio con el que pudiera sorprendernos el bosque. 




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