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Difunciones sexuales en el centro cultural Jerome Mintz

Dice el artículo 43 de nuestra tan denostada Constitución que los poderes públicos fomentarán la educación sanitaria. El Ayuntamiento de Benalup-Casas Viejas, a través de la Concejalía de Salud  ha puesto en funcionamiento la escuela de salud municipal. He asistido a las tres sesiones que ha habido y aunque las tres me han parecido muy interesantes y una iniciativa digna de alabar, la tercera en la que participo el doctor Miguel Efrén Jiménez, urólogo del Hospital de Puerto Real, sobre los problemas de próstata y las disfunciones sexuales, es la que más me ha gustado.




Tanto el tema de las vacunas, la diabetes, como el Alzheimer me interesan, pero el asunto de las difunciones sexuales es una materia que tiene un cariz político, que lo hace especialmente atractivo para mí. 



Históricamente, y sobre todo en la dictadura pasada, el sexo fue utilizado para controlar a la gente. El nacional catolicismo imperante presenta un discurso en el que el sexo se centra exclusivamente en el matrimonio y con la función reproductora como única finalidad legítima.  A través de la propaganda y la represión se regulan unas relaciones sexuales que se basan en un exagerado paternalismo y machismo, además con un objetivo declarado al dejar muy claro que la regulación favorece a las personas, lo mismo que la libertad que había en época republicana las perjudicaba. Y la mejor manera, como siempre, de dominar y reprimir es convirtiendo al sexo en un tema tabú, donde la ignorancia era transversal al tema. Lo que se transmitía se hacía en la calle, rodeado de misterio y miedo, con exageraciones y mutilaciones y muy lejos de la concepción científica y racional que exigen todas las cuestiones relacionadas con la salud humana. 



Y el sexo es un elemento importante en el bienestar, y por tanto, en la salud humana. Isabel Mintz ha repetido varias veces que una de las cosas que más le indignaba era la ignorancia sexual que tenían las mujeres de sus edad en los años sesenta y setenta en el pueblo y como nadie conocía cuestiones tan necesarias como la píldora anticonceptiva. Ignorancia a la que eran sometidas como una estrategia más de dominio y control. El doctor Miguel Efrén se refirió en la charla a lo frecuente que era antiguamente que las mujeres después de la menopausia se alejaran del sexo, abocando y empujando a sus maridos a otro tipo de prácticas secuales. Eran en definitivo tiempos de ignorancia e hipocrecía.



Por eso me gustó tanto que el jueves 26 de noviembre, en el centro cultural Jerome Mintz Miguel Efrén hablará de las difunsiones sexuales desde una perspectiva científica, centrada y nada pasional. A finales del franquismo y principio de la transición hablar de sexo era otro acto revolucionario más, hoy en día resulta un caso nada extraordinario y entra dentro de la cotidianidad necesaria. Escuchando la normalidad con las que planteaba las cuestiones, las enfermedades y los remedios, las comparaciones con el pasado y el mensaje positivo de su discurso me acordaba de otros tiempos no muy lejanos donde este tipo de temas tenía un planteamiento totalmente distinto. Y además no era un revolucionario, ni un político quien lo hacía, era un doctor, un científico. Que el salón de actos del centro cultural estuviera lleno de gente, fundamentalmente bien entrada de años, hablando y escuchando sobre temas que les interesan y necesitan me parece una prueba más de la normalidad democrática  y de que todo lo conseguido por esta transición nuestra no ha sido negativo. 



Pero a nivel local, este tipo de iniciativas, junto con otras como las charlas de carnaval en la radio municipal me hacen que me planteé algunas cuestiones anexas que creo interesantes. En primer lugar, este tipo de iniciativas demuestran que a veces la cuestión económica y la manida crisis es una excusa más para esconder la pasividad, la falta de iniciativa y las pocas ganas de crear. Son actividades que resultan muy interesantes y con gran acogida por el público, que aunque requieren grandes dosis de organización, trabajo e implicación, no necesitan la asignación de grandes presupuestos. Parece claro que lo mismo que se ha utilizado la crisis para recortar salarios y derechos sociales, también se ha utilizado para esconder la incompetencia o las prioridades de un sector de la clase política española. 



La segunda reflexión viene motivada por el tipo de gente que ha intervenido en estas charlas. Se trata de amigos y compañeros del médico José Mártínez Gracia, concejal del ramo, y de muchas cosas más,  que vienen gratuitamente a compartir unos conocimientos que a la gente le son muy útiles. Siempre he pensado que si cada uno aportará una mínima parte de lo que sabe o conoce a la sociedad civil, esta saldría enormemente beneficiada. Y por supuesto que creo que no hace falta tener licenciatura o ser concejal para aportar algo al resto de la sociedad. En la legislatura anterior la concejalía de Juventud organizó unas actividades denominadas cadenas de favores que tuvieron un gran éxito de resultado y público. Esto se podría aplicar por ejemplo al patrimonio cultural local, tanto al material como al inmaterial, del que tanto hay y tampoco se conoce. Se podría trabajar en el geriátrico (idea de un amigo mío), en los centros de enseñanza, en los barrios…. es cuestión de organización y voluntad política de la buena. 



Termino felicitando por esta iniciativa comentada a la concejalía de Salud, al concejal y a su equipo y acordándome que Carmen Alcántara siempre decía que: “escobita nueva, barre mejor”. 

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