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Los vallados de tunas y Casas Viejas. Usos y aprovechamientos.Y 5

En las anteriores entradas de esta serie vimos como en julio del 2015 el Ayuntamiento de Benalup-Casas Viejas había publicado un comunicado para que los propietarios de vallados afectados por la plaga en terreno urbano los destruyeran y los enterraran. Este intento de erradicación de las tunas del terreno urbano de B-CV no es nuevo, sino que aparece desde la creación del pueblo, pero al igual que las chozas  las chumberas crecieron, “ilegalmente” con la consolidación del pueblo, hasta tal punto que en el 33 se convirtieron en otro icono de la marginación y la pobreza de la zona.

Foto Mintz


En la penúltima entrada de esta serie me centré en el origen de esta planta. Como procedía de México y fue introducida tras el “descubrimiento” de América , en el intento de colonización de nuevas plantas. Su extensión coincidió con la introducción de proyectos ilustrados y liberales, que curiosamente también coinciden con la aparición del pueblo. También es curioso que sea la cochinilla, para la obtención de tinte natural, el motivo originario de la extensión de estos tunares la que este en la base de la actual plaga que asola a los tunares andaluces. En un principio el insecto se criaba en esa planta y con ello se obtenía el colorante. En la anterior entrada me centraba en la plaga que asola a estas chumberas y no se sabe ni cómo afrontarla, ni cuáles serán sus consecuencias finales. Decía que me parecía normal y lógica la desaparición de estos vallados dentro del casco urbano, pero no así en nuestro espacio rural, ya que forman parte de nuestro paisaje tradicional, pues aunque procedan de América llevan ya cientos de años con nosotros y se han adaptado perfectamente a nuestro entorno. 


Precisamente esa capacidad de adaptarse a nuestro clima y nuestros suelos es la que explica su rápida extensión. Pues si bien fueron traídos para la obtención de la cochinilla, pronto se abandonó este uso y fueron sustituidos por otro tipo de aprovechamientos. Basicamente los tunares se integraron dentro del complejo sistema tradicional del mundo rural, convirtiéndose en un elemento más de él. Los aprovechamientos tradicionales de los tunares han sido de dos tipos fundamentalmente. Como vallados, como elemento de separación de fincas urbanas y rústicas y como frutos silvestres dentro de la economía depredadora dedicados a la alimentación humana o animal. 



Formaban parte de una economía sostenible, sin ningún impacto negativo, ya que no contaminaban, se alimentaban del agua natural de la lluvia, servían de refugio para la abundante fauna del entorno, en el que, en definitiva, se integraban perfectamente. En efecto, estos vallados servían para delimitar las chozas y casarones, viviendas tradicionales de este pueblo, pero además cumplían otras funciones dentro del complejo sistema de ese modo de vida antiguo, ya que además de para separarlas de otros ranchos o defenderlos de animales y otros elementos foráneos servían como alimento para las gallinas, los cochinos y, por supuesto, como veremos, para las personas. En  el campo, para las fincas rústicas tenían parecidas funciones. Estamos en una zona tradicionalmente ganadera, por lo que el bocage o las parcelas cerradas ha sido la forma de estas dominantes. Pues bien, la manera más tradicional, natural y antigua de cercar y delimitar las parcelas de propiedad privada han sido estas “tunas pullosas”. Sus espinas afiladísimas le hacen ser una verdadera valla para intrusos de dos patas, de ahí que antiguamente se utilizasen para separar lindes. Muy utilizada para la formación de vallados naturales, la chumbera proporcionó también un complemento a las débiles economías rurales ya que sus palas o raquetas han sido también empleadas como alimentación del ganado y en sus formaciones han encontrado refugio no pocos animales del campo y sobre todo han servido y sirven como fruto para la alimentación humana. 



Además de alimento natural para ganado y animales del entorno, el hombre utilizaba estos vallados para alimentar el ganado cuando escaseaba el forraje. Se cortaban varias tunas y se las tostaba para eliminar las pullas; luego se molían y se rebujaban con afrecho. Pero el principal aprovechamiento tradicional ha sido y es el destinado a la alimentación humana. Se trataba de aprovechar los productos de temporada que daba la naturaleza, como se hacía con los espárragos, las cabrillas, los conejos o los caracoles. Dice Mintz: ” De verano a otoño, los cactus dispensaban higos chumbos que podían comerse en la mesa o molerse con cáscaras de grano y utilizarlo para cebar a los cerdos”.



Se cogen los higos chumbos con una caña que adaptaban para no pincharse con las púas. Una vez en la caña se soltaban en un cubo de lata y después se cribaban o se barrían con escobas de palmas para quitarles las púas y luego se pelan. La acción se realizaba por la mañana ya que es el momento más adecuado para coger higos chumbos, debido a que al estar mojados del rocío de la noche las púas no vuelan. También se hacía en contra del viento predominante, para evitar llenarse de púas. Era una tarea dura e incómoda por el trabajo de cogerlos, barrerlos... por las puyas, por la carga. 



El higo chumbo es un fruto dulce y sabroso que asociamos en nuestra campiña a los sabores de finales del verano y comienzos de otoño. Ricos en principio activos, están siendo “redescubiertos” para la medicina natural y para la nueva cocina, y ya son consumidos en elaboraciones muy diversas: pulpa, zumos, gelatinas, aguardientes preparados por fermentación de su pulpa…



En la memoria colectiva del pueblo se asocia el higo chumbo con las épocas de penuria y como ha servido para combatir las penurias. Los viejos del lugar hablan de el hambre que quitaron los higos en los años cuarenta y como algunos murieron al abusar de su consumo. Ya que aunque son verdaderamente deliciosos al tener gran cantidad de semillas (pepitas) son peligrosamente astringentes. En el discurso de Martínez Becerra con motivo de su jubilación el 1 de noviembre de 1981: “si recuerdo que algunos que padecían la hinchazón del hambre al llegar el verano y disponer de la cosecha abundante de los higos chumbos se mejoraban notablemente; esto tenía la contrapartida que como se comían varias docenas diariamente venían después al médico porque se “apretaban”, y el practicante y el médico les teníamos que resolver el problema, en verdad poco agradable de resolver". 
Foto Mintz



Estos usos y aprovechamientos tradicionales han ido desapareciendo. La función delimitadora en el mundo urbano ha sido prácticamente erradicada y los que quedan tienen carácter marginal con tendencia a desaparecer a corto o medio plazo. En el campo los vallados naturales están siendo sustituidas por las vallas metálicas. Los usos para el consumo humano y animal también han disminuido. En este contexto se corre el serio peligro que la plaga actual que estamos comentando se convierta en la excusa para su erradicación definitiva del mundo rural andaluz. 



Opino que las tunas pullosas y los higos chumbos forman parte de nuestra cultura, de nuestro patrimonio, de nuestra idiosincrasia y no se pueden convertir en otro elemento más del mundo rural condenado a desaparecer. Insistiendo en que hay que diferenciar el espacio urbano, donde es lógica su erradicación, y el rural me parece que el deseado desarrollo sostenible incluye utilizar la famosa capacidad tecnológica que atesoramos para afrontar esta plaga y que no sirva de excusa para terminar definitivamente con estos vallados en el mundo rural, pues forman parte de nuestro paisaje y de nosotros mismos. El espectáculo tan triste que representan los vallados enfermos con la plaga de la cochinilla nos debería convencer de que es necesario protegerlos, pero para ello hace falta valorarlos y conocerlos. Ese es el último objetivo de esta serie sobre los vallados de tunas.
Foto Campua

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